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Ecuador

Entre la espada y la espada

Nueve millones de ecuatorianos están convocados a unas elecciones en las que el candidato antisistema, Rafael Correa, lidera las encuestas.

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Si como indican los sondeos, el izquierdista radical Rafael Correa Delgado vence en las elecciones de Ecuador el próximo domingo, el país andino ingresará irremediablemente en la carrera de "refundación" y aniquilación de las instituciones, el último grito de la moda regional.

Todo apunta a que Correa, un economista de 43 años, podría instalarse en la presidencia mediante un sistema que él mismo aborrece. Odia los partidos políticos, no quiere oír hablar de la palabra reforma, exalta lo que denomina "revolución constitucional", afirma que los miembros de las FARC no son terroristas y juega a explicar que democracia es "otra cosa". Su plataforma (Alianza Patria Altiva y Soberana, [PAIS]) encarna justamente el resumen de sus propósitos. No es un partido, sino un heterodoxo movimiento de intereses dispuesto a cortar de raíz todo vestigio de ayer.

La victoria de sus más cercanos rivales tampoco supondría necesariamente una época de relativa estabilidad para Ecuador. El triunfo del "socialista moderado" León Roldós, de la socialcristiana Cinthya Viteri o del magnate Álvaro Noboa podría sumar a alguno de estos aspirantes a la triste nómina de seis presidentes que ha tenido Ecuador en los últimos diez años. Porque a pesar de que Correa tiene un perfil sobradamente más intelectual que el ex candidato peruano Ollanta Humala —e incluso que Hugo Chávez—, no dudaría en poner en práctica un programa de oposición que justifica "la salida por vía violenta de presidentes que no cumplan lo prometido al pueblo" (La democracia según Rafael Correa). Dicha amenaza no es una simple soflama, si se analiza la historia reciente del país.

La estrategia de Chávez

Por otra parte, el silencio de Hugo Chávez sobre "su candidato", es sintomático. Después del varapalo de los peruanos a Humala, Caracas ha rediseñado su intervención en las campañas electorales de la región. Del verbo encendido a favor de uno de los contendientes, Chávez ha pasado a otro tipo de apoyo.

Por ejemplo, el primer barco venezolano de petróleo, vendido en condiciones muy favorables, acaba de irrumpir en la campaña electoral nicaragüense. El anuncio no lo hizo el presidente de la República, sino el candidato sandinista Daniel Ortega.

A Rafael Correa se le piden cuentas en Ecuador por la supuesta financiación chavista de su campaña. Aunque, de momento, lo único probado es que el muy izquierdista candidato no ha escatimado recursos financieros para desplegar sus ideas: es uno de los aspirantes que más dinero ha invertido en la campaña; tanto como la derecha tradicional.

De Correa pueden esperarse varios extremos, aunque la mayor connotación de su hipotética victoria radicaría, fundamentalmente, puertas adentro. Ecuador no ha aspirado hasta ahora a liderazgos continentales. Sus problemas económicos y sociales son tantos, que sería demencial dedicarse a otros asuntos. Sin embargo, no hay nada escrito en un contexto en el que algunos líderes naturales del continente —como Brasil, Argentina y Colombia— se han inhibido y no parecen dispuestos a dar la batalla frente a Venezuela.


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