Actualizado: 20/01/2022 14:54
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Conflicto en Sudamérica

Escándalo en pijama

Colombia cierra filas con Álvaro Uribe y las FARC buscan retrasar su derrota al amparo de los gobiernos vecinos.

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José Rodríguez Elizondo, catedrático de la Universidad de Chile, cree que sin la amenaza militar de Venezuela contra Colombia, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, no hubiera aparecido como débil para defender su propia soberanía, y esto fue —añadió el también ex diplomático— lo que desató el clima bélico que hoy vive la región.

Analistas y políticos como el mandatario de Perú, Alan García, insistieron en que Caracas debía apartarse de un conflicto que directamente no le concierne: "limitarse y no añadir incandescencia ni palabras ni hechos", precisó García.

Pero habría sin duda que preguntarse si al aprovechar la coyuntura se adelantó Chávez a acusaciones que volverían a sacar a la luz, ahora con mayor fuerza, los lazos entre su régimen y la guerrilla narcoterrorista de las FARC.

No por gusto fue con el ex golpista venezolano con quien el grupo armado montó el vasto plan propagandístico de entrega, a cuentagotas, de algunos secuestrados.

A esta razón puede añadirse otra, bien enclavada en la circunstancia política venezolana: "Chávez cada día está más aislado, e incluso en su país se le reclama no haber hecho ningún minuto de silencio por las calamidades internas, pero sí por un jefe guerrillero extranjero".

El diario colombiano El Tiempo aludía así al minuto de silencio que en honor del segundo hombre de las FARC, 'Raúl Reyes', solicitó el mandatario frente a las cámaras de televisión. Calificado de "salvaje criminal" por el Correo del Caroní —diario venezolano—, Reyes murió como resultado del ataque contra el campamento en territorio ecuatoriano, junto a cerca de veinte de sus subordinados.

Las computadoras delatan

Pero si las dudas eran profundas con respecto a los vínculos entre el régimen venezolano y la guerrilla, los documentos encontrados en las computadoras de Reyes reinstalaron la sospecha de tales relaciones y, de paso, involucraron también a Ecuador.

En gobiernos anteriores se tomaron en este país medidas contra las FARC, como la detención en Quito hace cuatro años de alias Simón Trinidad, jefe de las abundantes finanzas de una organización con más de cuatro décadas de actividad. Poco, sin embargo, puede decirse en igual sentido de la gestión de Correa.

En una entrevista con ENCUENTRO EN LA RED en 2006, cuando todavía era candidato a la presidencia de Ecuador, Rafael Correa afirmó sobre el conflicto colombiano: "Si Uribe ha decidido la vía militar, allá él. [Si Uribe escogiera] la vía política (…) tendría la cooperación de todo el resto de América Latina, para servir de interlocutores con las FARC. Si decidió la vía militar, allá él".

Aunque son fronteras extensas y porosas las que dividen a Ecuador y Colombia, para Rodríguez Elizondo existen tipos básicos de santuarios guerrilleros: "los que son imposibles de detectar", "y los que son protegidos logística o financieramente por el país que los recibe".

Subraya el analista que los documentos en las computadoras parecen indicar que las FARC tenían santuarios en Ecuador, "de algún modo tolerados".

Por supuesto que la libertad para opinar de este catedrático no es la misma de la que goza la presidenta chilena Michelle Bachelet, quien apoyó sin matices a Ecuador, país que, a su vez, la apoya en el diferendo marítimo con Perú, ya en el Tribunal de La Haya.

El conato de guerra le ha ofrecido a Correa la oportunidad de competir con Chávez en el uso de epítetos contra Uribe, pero difícilmente las palabras puedan ocultar hechos que apuntan, al menos, hacia una actitud permisiva con respecto a los campamentos subversivos. Que un guerrillero se ponga pijama para dormir indica, mejor que cualquier documento, confianza absoluta en el medio en que desarrolla sus actividades.

Muy pocos creen, sin embargo, que la sangre llegue al río, pues ya Quito y Bogotá se han puesto de acuerdo en puntos fundamentales sobre la OEA. Los acuerdos se vinculan con la violación del territorio ecuatoriano, la reunión de consulta de cancilleres y la creación de una comisión exploratoria —y no investigadora, como solicitó Quito— del campo de combate contra las FARC. La diplomacia bogotana se felicita porque la resolución no tendrá carácter condenatorio.

Estados Unidos al ruedo

Las declaraciones del senador colombiano Juan Vélez a Radio Agricultura permiten quizá, por primera vez, armar un cuadro geoestratégico que un enfrentamiento pudiera dejar al descubierto. Probablemente lo dicho por el senador había adquirido forma en el pensamiento de Chávez y funcionó como elemento disuasivo.

"Si el señor Chávez toca a Colombia, tenga la seguridad de que va a haber una respuesta bélica de Estados Unidos de inmensas proporciones", dijo Vélez. Y recordó no sólo el apoyo a su país de George W. Bush, sino el de los precandidatos a la presidencia de Estados Unidos.

De acuerdo con el senador, las fuerzas armadas colombianas están equipadas con armamento en lo fundamental contrainsurgente, en tanto Caracas ha gastado en años recientes 4.200 millones de dólares en aviones, submarinos, fragatas y helicópteros de última tecnología.

La estrategia de un gobierno, ya sea fina o descabellada, debe contar con el respaldo popular, sobre todo si puede desembocar en conflicto armado. Y la diferencia entre Uribe y Chávez no deja de ser reveladora. Mientras el 92% de la población dijo estar con el mandatario colombiano en una encuesta realizada el martes pasado, sólo el 32% de los venezolanos simpatizan hoy con el alumno de Fidel Castro.

Cierto es que parece dominar en el pueblo colombiano la decisión de acabar con el narcoterrorismo, y tal decisión se ha mostrado en la incapacidad estratégica y merma generalizada que enseñan las FARC. La única forma de retrasar su derrota definitiva parece estar no ya en las selvas colombianas, sino al amparo de los gobiernos vecinos.

Resulta curioso que los políticos de izquierda no se percaten de un hecho evidente. Las FARC han generado tanto odio, que mientras existan habrá en Colombia gobiernos de derecha que buscarán lazos sólidos con Estados Unidos. La izquierda política tendrá la oportunidad de acceder al poder cuando el narcoterrorismo sea historia.


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