Actualizado: 05/08/2021 10:23
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Conflicto en Sudamérica

Una visión neocolonial

El gobierno francés se ha tapado los ojos ante la crisis Quito-Bogotá-Caracas: Colombia se reduce al caso de Ingrid Betancourt.

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El estallido de la crisis que, a raíz del operativo militar del ejército de Colombia contra un campamento de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en territorio ecuatoriano causó la muerte de Raúl Reyes, ha servido de revelador de la imagen de América Latina que se tiene en Francia. Percepción muy cercana a una visión neocolonial. En particular, por parte de voceros identificados con la izquierda, que se hacen pasar por "especialistas", pero en realidad se escudan tras ese comodín para imponer una matriz de opinión que concuerde con sus intereses políticos.

Ha sido en el diario conservador Le Figaro, afín al presidente francés Nicolás Sarkozy, donde ha encontrado eco la postura de mayor autoridad en relación con la crisis, por provenir de un vocero latinoamericano. Se trata nada menos que del consejero especial del presidente brasileño, Marco Aurelio García, por lo que sus palabras aparecen como sagradas.

En su entrevista con el diario francés, García pone el acento en la violación por parte de Colombia del territorio ecuatoriano, sin mencionar ni una vez el agravio que significa para Bogotá que Ecuador dé cobijo a un grupo insurgente que hace la guerra al Estado.

El funcionario brasileño solicita la intervención de una comisión de encuesta en el seno de la OEA (Organización de Estados Americanos) para deslindar la verdad: si se trata de una operación defensiva por parte de Colombia, o si el grupo insurgente fue sorprendido mientras dormía, como declaró primero el presidente ecuatoriano Rafael Correa, después el teniente coronel Hugo Chávez y luego Fidel Castro.

Caso aparte es el de Castro, cuya queja demuestra el patetismo de su nuevo personaje. No puede ser más ridícula en boca de quien fue el máximo exponente de las normas que rigen la guerra de guerrillas, que no contempla el uso de pijamas, pero sí dormir con el uniforme y las botas puestas, como disciplina elemental de sobrevivencia

El consejero especial del presidente Lula expresa al rotativo que considera "lógica" la movilización de tropas venezolanas a la frontera, porque "hubo violación militar por parte de Colombia". Pero este hecho no tiene justificación: Venezuela no está concernida directamente en el asunto. Para el "consejero especial", parece que la existencia del eje bolivariano-andino, bajo la jefatura del "comandante en jefe" Chávez, es un hecho consumado como figura jurídica internacional.

Según sus palabras, la postura de Brasil es "neutra", pues no considera a las FARC un grupo terrorista, aunque tampoco una fuerza beligerante. Cuando la posición es neutral, siempre la balanza se inclina hacia un lado, y García, al minimizar las informaciones contenidas en la computadora de Reyes, que involucran gravemente a Chávez y Correa, se pregunta "la razón de sacarlas hoy". En su opinión, si Colombia las posee "no es porque las encontró todas en la computadora de Raúl Reyes", sino "porque las poseía ya". Aseveraciones estas que ponen en duda la absoluta neutralidad del funcionario brasileño.

Poderes paralelos

Para la opinión pública francesa y para el propio gobierno francés, Colombia se reduce al caso de Ingrid Betancourt. Que este país enfrente una guerra interna, en la que los métodos empleados por los grupos insurgentes sean de una rara crueldad y constituyan crímenes contra la humanidad, les tiene sin cuidado. Tampoco se reconoce que el repulsivo mercadeo de rehenes practicado por las FARC, en complicidad con Hugo Chávez, obedezca a un proyecto estratégico global para instaurar un sistema pretoriano reñido con la modernidad, por ahora en la zona andina, cuyo obstáculo es la democracia colombiana. Y la financiación de las FARC, que proviene del comercio ilícito de la droga, no parece molestarles demasiado.

La opinión que se ha impuesto en los medios, y a ello ha contribuido activamente la familia de Betancourt, es que el culpable de su cautiverio es el presidente colombiano Álvaro Uribe y no las FARC. Por ello, el presidente de Ecuador, al sentirse acorralado ante la evidencia de sus relaciones con las FARC, dijo que lo había hecho en aras de la inminente liberación de los rehenes que serían entregados a Ecuador, entre los cuales estaría Ingrid Betancourt. Ni los medios ni el gobierno francés se detuvieron un instante a reflexionar sobre el hecho de que Chávez jamás dejaría la primicia de semejante hit periodístico a Correa, y tampoco a Sarkozy.

La cancillería francesa confirmó rápidamente la versión, alegando que se habían establecido contactos con vistas a celebrar una entrevista entre Reyes y Sarkozy. El operativo militar colombiano en Ecuador no aparecía como un episodio —legal o no, ese es otro tema— en el contexto de una guerra, sino como un propósito de Uribe de impedir la liberación de Ingrid Betancourt. Al pensamiento neocolonial no se le ocurre que un gobierno de un país considerado periférico, está animado, como cualquier otro Estado, por un proyecto político, y defienda sus intereses.

Cuando se empezó a divulgar parte del material incautado por las autoridades colombianas, en particular los contenidos del disco duro de la computadora de Reyes, el gobierno francés se percató de que debía retroceder. Por boca del portavoz de la presidencia, hizo saber que, en efecto, existieron contactos, pero en el pasado, al igual que lo hicieron España y Suiza, y otros países involucrados en las negociaciones por la liberación de los rehenes.

El material incautado arroja la existencia de un poder paralelo militar y clandestino que los gobiernos de Venezuela y Ecuador estaban poniendo en marcha con ayuda de las FARC. La creación en Venezuela de las famosas milicias civiles, que dependen del presidente de la República, es parte de ese plan estratégico, cuyo objetivo es constituir el ejército revolucionario bolivariano, del que las FARC formarán parte y que deberá reemplazar las actuales Fuerzas Armadas. Un proyecto que ha animado desde siempre al teniente coronel.

La teoría del 'buen salvaje'

Álvaro Uribe acudió a las instancias internacionales y evitó no prestarse a la provocación de su homólogo venezolano, movilizando tropas en la frontera. Hecho que debería tomarse en cuenta cuando se califica al presidente colombiano de amante de la violencia y la guerra. Dudo que el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, permita que se expulse a Venezuela. Aunque si sucediera, Chávez habría alcanzado el súmmun de la felicidad.

Su relación mimética con Castro lo conduce a querer repetir los grandes momentos de la épica castrista. Su ego patológico se sentirá colmado, en el papel de víctima arrogante, excluido que puede permitirse toda clase de infracciones a las normas. Persistirá, alimentando su resentimiento hacia el mundo, y los aquejados de la culpa de colonizadores encontrarán circunstancias atenuantes, como la del "buen salvaje".

La misma lógica que se aplica al gobierno de Uribe por haber vulnerado la soberanía ecuatoriana, se le niega al comportamiento de Ecuador y Venezuela, los primeros en vulnerar la soberanía de Colombia al servir de santuario y proveedor de armas y medios económicos a los grupos que asesinan, capturan e impiden que los colombianos puedan desplazarse libremente por su territorio.

Es urgente que las instancias internacionales legislen sobre este tipo de infracciones de la soberanía de los países. No sólo se vulnera la soberanía al penetrar en el territorio de un país, también actuando desde afuera, y Colombia es víctima de ello. Los acuerdos de cooperación que existen entre Francia y España relativos a ETA, podrían servir de ejemplo para el tipo de cooperación que debería establecerse en estos casos.

Por supuesto, no podía faltar la reflexión sobre la crisis de Fidel Castro, que hace poco declaró que La Habana deseaba mantener buenas relaciones con todos los gobiernos de América Latina, sean estos de "derecha o de izquierda". Fiel a su lógica de adjudicar las faltas a un culpable exterior y, de paso, evitar roces con Colombia, tomó el partido de Correa, pero obviando el papel de Bogotá en el asunto, acusó al imperialismo yanqui de haber detectado y lanzado las bombas que mataron a los guerrilleros.

Para concluir, recuerdo la exclamación del representante de Colombia ante la OEA: "¡Qué valor han mostrado los presidentes de Ecuador y Venezuela para expulsar a nuestros embajadores, dignos representantes de una democracia legítima! Ojalá mostraran similar valor para expulsar a los terroristas de su territorio".


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