Actualizado: 22/03/2019 14:06
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Georgia

Las rosas marchitas

El país caucásico se lanza a las calles contra la gestión autoritaria del presidente Saakashvili, quien en 2003 había depuesto al ex comunista Shevardnadze.

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Precaria democracia, conflictos interétnicos, descontento popular y corrupción rampante son los factores que precipitaron en días recientes una nueva revuelta política en Georgia, esa ex república soviética donde nació Stalin y que ahora es codiciada, tanto por Washington como por Moscú, por su estratégica posición en el Cáucaso.

Los dramáticos hechos se desencadenaron a mediados de noviembre, cuando fuerzas de la oposición se lanzaron a las calles de Tbilisi (la capital) reclamando la renuncia del prooccidental presidente Mikhail Saakashvili, quien lanzó la policía contra los manifestantes de manera sangrienta, al tiempo que decretaba el Estado de sitio y clausuraba la prensa opositora.

Esta reacción autoritaria y desmedida, que arrojó un saldo de cientos de heridos, dejó asombrada a la prensa y a los analistas internacionales, así como a los gobiernos democráticos de Occidente, quienes enseguida tomaron distancia del presidente Saakashvili, quien había llegado a su posición tras encabezar en 2003 la llamada "revolución de las rosas" y presentarse como el demócrata por excelencia.

En aquella ocasión, hace exactamente cuatro años, Saakashvili depuso al ex comunista Eduard Shevardnadze, quien enfrentaba a su vez una situación parecida a la actual: ambiente de inestabilidad política, económica y territorial de un país que incluye a Abjasia (independiente de facto) y a Osetia del Sur (que pretende la soberanía). Pero, el joven demócrata no pudo realizar la difícil misión apaciguadora que heredó de su antecesor.

En estos momentos, Georgia cruza los dedos y las distintas fuerzas políticas se preparan para los comicios anticipados que se celebrarán el próximo 5 de enero. Ya se ha iniciado una campaña electoral donde ambos bandos, gobierno y oposición, se acusan mutuamente de ser pagados, unos por Moscú y otros por Occidente.

¿Moscú detrás de la revuelta?

El prooccidental Mikhail Saakashvili ha acusado en repetidas ocasiones a los servicios de inteligencia de Rusia de haber orquestado las demostraciones de noviembre en Tbilisi y empujado a los manifestantes a la violencia. Justifica de esta manera que la policía haya tenido que utilizar bombas lacrimógenas, cañones de agua y balas de goma para dispersar a la gente, entre los que se contaron cientos de heridos.

No es la primera vez que el gobierno de Tbilisi utiliza la retórica contra el Kremlin para explicar los problemas internos en el país. Mantiene que Moscú apoya a los separatistas en Abjasia y Osetia del Sur y viola la integridad territorial de Georgia.

De inmediato, Moscú calificó las palabras de Saakashvili de "histéricas" y describió la paliza dada a los "pacíficos manifestantes" como un ejemplo de "democracia estilo Georgia", en alusión a la inclinación prooccidental del gobierno de esa antigua república soviética que los rusos consideran como "su traspatio".

El agrio intercambio entre Moscú y Tbilisi llevó al ministro de Guerra de Georgia, David Bakradze, a decir que Rusia utiliza a Abjasia para elevar su presencia militar en ese trozo de territorio georgiano separatista, donde también ha estacionado tropas chechenias rusas. Esto es, a su juicio, "una profunda traición a la unidad caucásica". Estas palabras fueron consideradas por la cancillería rusa como una mera "provocación".

Y para mostrar que es "un vecino amistoso", Rusia anunció el pasado 13 de noviembre la retirada de sus tropas de Georgia. También cerró la Base Militar de Batumi, en la ciudad portuaria de ese nombre en el Mar Negro, donde los rusos mantenían un fuerte desde hace siglos.

¿Qué dice la oposición?

El jefe del opositor Partido Popular, Koba Davitashvili, considera que la libertad de prensa y opinión en la república caucásica sigue estando limitada tras el levantamiento del Estado de excepción. Dice que el medio más perjudicado ha sido el canal Imedi TV, cercano a la oposición y que continúa fuera del aire.

"Los tribunales, complacientes con el presidente Saakashvili, han acusado a los productores de hacer un llamamiento al derrocamiento del gobierno durante los días de más manifestaciones", denunció Davitashvili, a quien el presidente considera "aliado de Moscú", aunque en el programa del Partido Popular se dice lo contrario y en su política hacia Rusia coincide con las declaraciones del gobierno.


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