Actualizado: 07/12/2022 17:02
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Bin Laden, Terrorismo

¿Qué viene después de la muerte de Osama bin Laden?

La verdadera noticia sería que nos enteráramos de que los fundamentalistas pakistaníes han comenzado a quemar billetes de veinte dólares o visas para venir a residir a EEUU

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Si algo debe criticarse a Estados Unidos en la muerte de Osama bin Laden es lo que demoró en materializarse. Con un enfoque más realista de las misiones militares no debió haber salido vivo del complejo de Tora Bora, en Afganistán, a finales del 2001, poco después del genocidio en el World Trade Center de New York en septiembre del 2001. Pero ya eso es historia antigua.

En el artículo anterior sobre el tema en Cubaencuentro, señalé que “los enemigos de Estados Unidos comienzan apresuradamente con sus pataleos de ahorcado, que es lo único que tienen disponible en estos momentos, hasta que reciban orientaciones más precisas”. Resistí la tentación de mantener en el texto original una oración que decía: “Fidel Castro y sus acólitos se encargarán muy pronto de lanzar fuegos contra Estados Unidos, ante la imposibilidad moral de defender al terrorista genocida”. Pero eso también ya sería historia antigua.

Lo siento por los “progres”, tan apegados al Estado de derecho y los juicios justos cuando se trata de simpatizantes suyos, y a la vez tan desaprensivos si los fallecidos son Orlando Zapata Tamayo en una huelga de hambre en una prisión cubana o, ahora mismo, Juan Wilfredo Soto, disidente asesinado a puros golpes por el equivalente de la policía cubana al “Navy SEALS Team 6” (pero, naturalmente, mucho menos profesional) en plena calle y a la luz del día en Santa Clara.

La Brigada de Respuesta Rápida Digital creada contra Cubaencuentro puede comenzar a disparar cuando le parezca, que para eso existe, pero eso no resucitará a su cadáver-héroe del fondo del Mar Arábigo con medio cerebro —la otra mitad voló en pedazos bajo el plomo justiciero “made in USA”— ni podrá justificar el brutal genocidio del salvaje que necesitan como héroe a falta de resultados concretos en la construcción de la famosa “nueva sociedad”, que resulta estar a nivel de la Edad Media.

Si los “progres” pretenden que Estados Unidos pida excusas por haber ajusticiado —o si prefieren el lenguaje cubano, por haberse “echado al pico”— a un hijo de puta de marca mayor, morirán de desencanto.

Aunque Fidel Castro ha calificado la acción justiciera norteamericana de “asesinato” y “hecho aborrecible”, ni siquiera el Gobierno cubano —más apegado a la realidad que el alienado de Punto Cero— ha hecho declaración alguna: la gerontocracia en el poder en Cuba sabe perfectamente que Osama bin Laden estaba inevitablemente condenado a muerte desde el mismo día del genocidio. Nada personal, “asunto de negocios”.

Si la progresía pretende que la presión sobre Estados Unidos podrá ejercerse basada en un supuesto “enfado” de Pakistán porque Estados Unidos no le avisó anticipadamente de la operación, violó su soberanía o sus tradiciones religiosas, sigue despistada.

Estados Unidos no tiene un problema con Pakistán, es Pakistán quien tiene un problema muy serio con Estados Unidos: o sus servicios de inteligencia están a nivel de boy scouts, si el terrorista más buscado del mundo puede mantenerse por más de cinco años como vecino de una academia militar con más de diez mil efectivos, o son cómplices de haber ocultado y protegido al personaje que hoy merecería, si se tratara de novela negra, que se enviara su chaleco con un pescado dentro a la jefatura de los servicios de inteligencia pakistaníes.

El pataleo “progre” es permitido, al fin y al cabo en una democracia todos tienen derecho a expresar libremente su opinión, lo que no significa que puedan imponerle al mundo su muy peculiar sentido de la justicia. Pero sería bueno que se fueran preparando ya para los inminentes próximos capítulos de esta historia, que no ha terminado ni mucho menos.

Porque Estados Unidos acaba de comunicar a la Inter-Services-Intelligence agency (ISI) pakistaní que saben a ciencia cierta que el segundo de Osama bin Laden en Al Qaeda, el médico egipcio Ayman al Zawahiri, así como el Mullah Omar, cabecilla afgano del Talibán, y el jefe de operaciones de Al Qaeda, Seif al Adal, están en Pakistán.

Y le han informado muy seriamente a los pakistaníes, tanto al Gobierno como a los muy corruptos servicios de inteligencia —¡ay, estas cosas del imperio!— que si no cooperan para capturarlos las fuerzas especiales de Estados Unidos no tendrán más opción que llevar a cabo la tarea de llegar hasta ellos y tal vez enviarlos a hacerle compañía a Osama bin Laden en las profundidades del mar. ¡Cosas del imperialismo!

Naturalmente, es de esperar que los ilustres “líderes” del siglo XXI sigan pataleando y “denunciando” todo esto, así como que los fundamentalistas pakistaníes sigan quemando banderas norteamericanas y fotografías del Presidente. Nada nuevo bajo el sol.

La verdadera noticia sería que nos enteráramos que han comenzado a quemar billetes de veinte dólares, o visas para venir a residir a Estados Unidos.

Mientras tanto, no importa que los perros le ladren a la Luna. Lo han hecho siempre, y la luna sigue ahí.


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