Actualizado: 18/10/2017 20:02
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Alemania

¿Quién le teme a Angie? (I)

El incontenible ascenso de la 'dama de hierro' alemana.

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Angela Merkel es ya la octava jefa de gobierno de la República Federal de Alemania. El 22 de noviembre de 2005, Angie, como la llaman sus leales, saltó la última valla en su abrupta carrera por la conquista de la cancillería federal. El recién estrenado presidente del Bundestag (Cámara Baja) dio a conocer puntualmente los resultados del escrutinio en el hemiciclo parlamentario del antiguo Reichstag: 397 votos a favor, 202 en contra, 12 abstenciones y una boleta anulada.

Además de las falanges opositoras, un total de 51 diputados de la coalición gubernamental rojinegra (SPD-CDU/CSU) inclinaron el pulgar hacia abajo. Se esperaba que lo hicieran a lo sumo entre diez y veinte. El inútil gesto, no por serlo, deja de presagiar discordias futuras susceptibles de romper la actual armonía entre los aliados.

Como era de esperar, los tres partidos minoritarios de la oposición, que veían esfumarse como por encanto sus halagüeños resultados en los comicios, hicieron uso de su legítimo derecho al pataleo frente a una correlación de fuerzas tan abrumadora que, ni siquiera aunando fuerzas, les permitirá jugar un papel efectivo durante la próxima legislatura.

Y es que, entre Alianza 90/Los Verdes (ya sin el carismático ex ministro del Exterior Joschka Fischer, una de las tantas cabezas que rodaron en el proceso), los liberales del FDP y el nuevo partido La Izquierda-PDS, capitaneado al alimón por el renegado Oskar Lafontaine y el socialista democrático Georg Gysi, controlan apenas 164 escaños, más que insuficientes para frenar al gobierno o imponer sus iniciativas, aunque lograran poner a un lado sus enormes discrepancias ideológicas y recibieran algún refuerzo de los diputados democristianos y socialdemócratas inconformes con la gestión de Angela Merkel.

Sin embargo, no hay que engañarse. Gobernar con una mayoría tan aplastante como la lograda por la Merkel tiene —sobre todo cuando hay que hacer recortes que afectan sensiblemente el nivel de vida de una población mimada por las bondades de la sociedad de consumo— el inconveniente de canalizar forzosamente la protesta ciudadana hacia los partidos minoritarios y, a la larga, erosionar la base popular de los dos grandes partidos gobernantes, comprometiendo el futuro. Igual pudiera ocurrir lo contrario. Todo dependerá, por tanto, del éxito o el fracaso de esta gran coalición rojinegra, con la cual Alemania se desintoxica al fin, ideológicamente, tras dos siglos de enconada, a ratos cruenta, lucha de clases, y dos totalitarismos de la peor especie.

Pero, para hacernos una idea documentada de si Angela Merkel es capaz de dar la talla al frente de la cancillería federal en esta desbocada era de la globalización, veamos primero quién es en realidad esta mujer.

Breve biografía de Angela Merkel

Angela Dorotea Kasner nació el 17 de julio de 1954 en el seno de una familia de clase media profesional oriunda de Hamburgo. Sin ser lo que se dice un fanático religioso, su padre, el pastor evangélico Horst Kasner, debe de haber sido un protestante de ley, pues semanas después del nacimiento de la Merkel hizo lo que apenas unos pocos comunistas convencidos y un par de despistados: por consejo de sus superiores evangélicos, abandonó la pujante RFA del Milagro Económico para sentar sus reales junto a su fiel media naranja en Templin, una mísera aldea brandeburguesa de 15 mil almas en Alemania Oriental.

La vida en la RDA era dura en aquellos años de posguerra. Ángela: "Mi padre tuvo que aprender a ordeñar chivas, y a mi madre una anciana la enseñó a hacer espinaca de ortigas. Nuestros medios de locomoción eran una estrafalaria vespa y una bicicleta". Sobre su educación puritana comenta: "Como niño uno no lo tiene nada fácil cuando ha de hacerlo todo en forma ordenada e impecable". Para completar el rigor puritano en el hogar de los Kasner, la madre, Herlind Jentzsch, era pedagoga.


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