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Rusia

Un muerto muy vivo (I)

¿Desapareció la KGB en 1991? ¿Mantienen los actuales servicios de seguridad los mismos poderes que el antiguo organismo?

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Sólo unos días después de haber reemplazado a Yeltsin en el Kremlin, Putin nombró a los generales del FSB Viktor Ivanov y Alexander Strelkov en cargos importantes de la administración presidencial. Paralelamente, docenas de oficiales del FSB fueron llamados por Putin desde su natal San Petersburgo para ocupar cargos dentro de la Lubyanka en Moscú. Boris Gryzlov, jefe del grupo parlamentario que apoya a Putin, es otro ex oficial de los servicios secretos de la antigua capital imperial rusa.

"Putin no quiere equivocarse y tampoco caer bajo la dependencia de los clanes políticos existentes", declaró en aquel momento Boris Makarenko, vicedirector del Centro Político Tecnológico de Moscú. Sostuvo que el auge de Putin se debió a que los rusos creen que un Estado fuerte, el control económico, unas fuerzas militares poderosas y una férrea disciplina, son la solución de sus problemas.

Se materializaban así los temores de un comisario de la época bolchevique que, en julio de 1918, preocupado por la falta de control del Partido sobre los órganos de seguridad (Cheka), advirtió: "si esto sigue así, tendremos a un Estado dentro de otro Estado". Setenta y cuatro años después, Vadim Bakatin, el hombre que estuvo encargado de desmantelar la KGB cuando la URSS desapareció, dijo: "es imposible, para acabar con la Cheka (nombre antiguo de la KGB), habría que desmantelar toda la Rusia".

¿Qué fue la KGB?

Su nombre ha cambiado ocho veces. Comenzó siendo la Cheka (Comité Extraordinario contra sabotajes y contrarrevolución) en 1917 y fue rebautizada como Servicio de Seguridad Federal (FSB) después que se acabó la URSS, en 1991. Pero todos los occidentales la conocen mejor por KGB.

Estas siglas surgieron cuando en 1954 los servicios secretos soviéticos se convirtieron en Comité para la Seguridad del Estado (KGB, Komitet Gosudarstvennoi Bezopasnosti). De la KGB se cuentan atrocidades y sus actividades despertaron miedo y fascinación en los rusos y los extranjeros. Pero, ¿todavía existe en la actualidad? ¿Cuál es su verdadera historia? Buscando testigos y relatos, esto es lo que Encuentro en la Red pudo descubrir.

En el otoño de 1991, muchos colegas de Natalia Geborkian, que trabajaba en la Academia de Ciencias Atómicas de Rusia, incluidos americanos, la felicitaron por la abolición de la KGB. "Ellos creían honestamente que el monstruo podía ser eliminado como se cancelan las clases escolares un día de tormenta", dijo Geborkian a Encuentro en la Red.

Hoy en día esta científica rusa recuerda aquellas ingenuas conversaciones y afirma: "La KGB está más viva que nunca y esta paradoja tiene una explicación: no es fácil matar a la policía secreta". Geborkian estima que la KGB "murió oficialmente" para enseguida "renacer con mayor fuerza". ¿Cómo fueron las cosas? Hay muchas versiones, pero todas coinciden con las palabras de Natalia.

Según esta mujer, hoy en día el servicio de seguridad tiene los mismos poderes que la vieja KGB y opera de acuerdo con los mismos métodos y formas de trabajo, y además, "mantiene el control sobre los archivos y documentos, lo que le permite no sólo manipular la opinión pública, sino controlar el destino de las personas, incluidos los políticos. Y esto funciona tanto para los servicios de inteligencia domésticos como exteriores".

Es que al final la KGB ha logrado mantenerse fiel a sí misma y en el lugar donde siempre estuvo. ¿Por qué? Geborkian cuenta que un veterano de la KGB le preguntó: "¿has pensado alguna vez por qué todos nosotros existimos? Quizás porque alguien todavía nos necesita".

En su opinión, los sucesos de agosto de 1991 dieron una magnífica oportunidad para destruir la odiada agencia y crear un nuevo servicio nacional de seguridad. Esta oportunidad no sólo ya pasó, sino que la única persona que pudo haber destruido el monstruo, Vadim Bakatin, quien estuvo en el cargo sólo cuatro meses, fue destituido en el momento exacto en que las autoridades se dieron cuenta de que podía desmantelar todo el aparato.