México
¿Continuismo o ruptura?
Más de 71 millones de mexicanos están convocados a las elecciones más reñidas de la historia del país.
El domingo 2 de julio serán las elecciones para escoger nuevo presidente en México, cuyo pronóstico es incierto.
Dos candidatos —Andrés Manuel López Obrador [AMLO] (33%), de la centroizquierdista Coalición por el Bien de Todos, y Felipe Calderón Hinojosa, del derechista Partido Acción Nacional (31%)— iban al frente de las preferencias en las últimas encuestas permitidas que se levantaron a mediados de junio. Empero, las diferencias ente ambos eran de un 2%, cifra que cabe dentro del margen de error de las consultas, lo que equivale a un empate técnico en el primer lugar. Roberto Madrazo Pintado, candidato de la centrista Alianza por el Bien de México, parecía remontar levemente su tercera posición con el 29% de las opiniones.
De los tres partidos, la Alianza (PRI) es la que tiene una estructura electoral mejor implantada en la mayor parte del país, lo que le puede dar una ventaja no reflejada en las encuestas previas. Téngase en cuenta, además, que los sondeos se suspendieron medio mes antes de los comicios, lo cual los hace vulnerables ante un electorado con un alto nivel de abstencionismo y una enorme franja de indecisos que han estado cambiando de opinión a lo largo del proceso electoral.
Una característica singular de las actuales campañas es que los medios electrónicos, como nunca antes, han cobrado un inusitado protagonismo. Los tres partidos difunden en ellos innumerables spots a toda hora y se ha percibido que son eficaces para modificar las tendencias del voto en la población.
Ahora se hacen más spots que discursos. Este voluble electorado cambia al influjo de mensajes negativos, de las descalificaciones que uno y otro candidato se hacen, más que movidos por las propuestas que enarbolan. Antes del último debate televisado del 6 de junio, Calderón Hinojosa llevaba la ventaja, pero en ese evento López Obrador dio a conocer negocios millonarios que Hildebrando Zavala, cuñado de aquel, hizo al amparo del poder y la influencia del panista cuando fue secretario de Energía.
La denuncia de AMLO y las pruebas que se fueron difundiendo, hicieron que Felipe Calderón perdiera la ventaja que había conservado por semanas.
Votos repartidos
Los análisis preliminares sugieren que ninguno de los candidatos domina abiertamente en algún segmento de edades o de género. Los votos de los jóvenes, las mujeres, los ricos y los pobres se reparten entre todos. Cuando más, se advierten preferencias estatales o regionales y habría que descender al microanálisis para tener una certera radiografía de la geografía electoral.
En el norte, el PAN y la Alianza (PRI) se reparten las zonas de influencia, en el centro las simpatías estarían entre la Alianza (PRI) y el PAN, y en el sureste la pelea se daría entre la Coalición (PRD) y la Alianza (PRI).
Cualquiera que sea el triunfador en la contienda presidencial tendrá que enfrentarse a un previsible reparto equitativo de los escaños y curules del Congreso General entre los tres partidos, con la desventaja para el PRI, que cedió una parte de sus posiciones a candidatos del Partido Ecologista, que se ligó con él en la Alianza.
En muchos estados se presentará el voto cruzado, esto es, que la gente podrá votar por un partido en los distritos o en elecciones estatales para gobernador, pero escogerá al abanderado de otra formación para presidente de la República.
Es muy difícil calcular, por otra parte, las conductas de voto útil que abarcan a las personas que, simpatizando con la Alianza (PRI), que va en tercer lugar, no quieran desperdiciar su voto y opten por otorgárselo a algún candidato potencialmente triunfador, ya sea del PAN o de la Coalición por el Bien de Todos (PRD).
El legado de Fox
El presidente Fox, a merced de un abultado gasto en spots difundidos por radio y televisión durante todo su gobierno, disfruta de amplias simpatías entre la población, por lo que no es rentable agredirlo frente al electorado; pero todos los candidatos se esfuerzan en hacer ofrecimientos de corte populista: bajar los precios de la luz y el agua, crear empleos, pagar el seguro social de los nuevos trabajadores, no subir los impuestos, construir viviendas, pagar subsidios a las personas de la tercera edad, etcétera, en un palmario reconocimiento de la ruina económica y social que heredarán del foxismo.
Ningún presidente se había beneficiado con los altos precios del petróleo, el incremento en las remesas de los emigrantes y los flujos turísticos. Son miles de millones de dólares anuales recibidos que, sin embargo, no han servido para alentar la economía ni mejorar la distribución del ingreso.
Por el contrario, creció la emigración hacia Estados Unidos y se amplificaron las zonas de miseria, al tiempo que el narcotráfico y el crimen organizado desbarataron los hilos legales del tejido social. La piratería y el 'narcomenudeo' han invadido las zonas populares de prácticamente todas las ciudades del país.
Vicente Fox se empeñó en subordinar unilateralmente su política exterior hacia Estados Unidos, sin obtener nada a cambio, y por dinamitar la rectoría del Estado otorgando privilegios a poderosos intereses empresariales, como los deudores de los bancos, los vendedores de grandes corporaciones sin el pago de impuestos, la entrega de permisos para operar casas de apuestas a las televisoras y la cesión a estas mismas de una legislación que estorba cualquier amago de competencia por parte de otros inversionistas.
Entre las aportaciones positivas del actual gobierno del PAN, están su compromiso con los derechos humanos en el mundo, que lo llevó a convocar la instalación de una oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas en México, el rechazo a la guerra de Irak por la coalición encabezada por Estados Unidos y, en lo interno, su respeto a las libertades de expresión y manifestación de las ideas.
México y el mundo
Los tres candidatos o sus asociados están cruzados por la corrupción, un fenómeno que se ha enquistado en la sociedad mexicana. Igualmente, los tres han eludido fijar una postura en materia de política internacional.
Por los antecedentes, podríamos colegir que Felipe Calderón estaría ante la perspectiva de continuar con la subordinación a Washington, Roberto Madrazo privilegiaría la no intervención en asuntos de otros países por encima del respeto a los derechos humanos y Andrés Manuel López Obrador tendría a la mano la tentación de aliarse con sus parientes ideológicos: Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales, o propiciar un acercamiento con el socialismo democrático al estilo de Michelle Bachelet o Néstor Kirchner.
Fox dejará tras de sí un panorama de instituciones y sectores sociales lastimados que ninguno de los candidatos podrá dejar de reparar. El problema es que cualquiera que resulte ganador se verá ante un esquema en el que no dispondrá de una mayoría congresional suficiente para gobernar. El que gane, necesariamente tendrá que dedicarse a negociar, buscar acuerdos, cohabitar con la oposición, si es que quiere que el país no se siga rezagando en el boom de la globalización.
En resumen, cualquiera de los tres principales candidatos puede triunfar en la elección presidencial, y quien lo haga tendrá que trabajar para construir un clima de amistad y de concordia que aproveche la fortaleza histórica y los enormes recursos que México recibe. Reimpulsar el crecimiento, combatir la miseria, la corrupción, el crimen organizado y el narcotráfico, son tareas colosales que exigen esfuerzos casi sobrehumanos.
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