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Principio del fin del terror

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Hay que ser valiente para habitar el terror, para describirlo como lo hace Claudia Cadelo en Octavo Cerco:

“A mi derecha hay una pared humana y una mujer gesticula, el horizonte no existe. Lo sé, en instantes nos caen arriba, son como cuatrocientos y estoy aterrorizada. Camino para atrás, no puedo evitarlo. La prensa se concentra alrededor de Reinaldo, el aire ya no es respirable. Una de mis compañeras de clase me dice -vamos para allá, están las cámaras –no vayas, le digo, nos van a arrasar. Creo que por segundos corro y llego al Riviera, tengo la cabeza a millón…he huido, qué horror. Vuelvo sobre mis pasos, no puedo ni sacar el móvil, la avalancha me pasa por delante gritando ¡Fidel, Fidel! y se los lleva arrastrados a todos. De pronto tengo unos tipos detrás, uno grita con lascivia -¡Esto está bueno hoy!

“En una esquina Lía, Vallín e Iván han sobrevivido a La Ola. Ella se aferra a su laptop mientras los otros dos están en una especie de calma reveladora -¡no tienen miedo!- pienso. Más tarde me dijeron que sí estaban asustados, espero algún un día lograr dominarme como ellos”.

Esto es lo que hace la diferencia. En medio siglo de dictadura se han sucedido innumerables actos de repudio, golpizas, abusos, linchamientos, pero ahora Internet –Youtube, Twitter, Facebook, la blogosfera…— y ese tramo creativo de la sociedad civil cubana que se conoce como “blogueros”, están haciendo su trabajo. Las imágenes, estáticas y en movimiento, la prosa ágil y eficaz de jóvenes como Claudia Cadelo, le dan la vuelta al mundo. Es el principio del fin de la vieja guardia reaccionaria. De las viejas ideas.

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