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Una entrevista con Lincoln Díaz-Balart

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La siguiente entrevista fue concedida por el congresista Lincoln Díaz-Balart, representante por el Distrito número 21 de la Florida, al periodista de TV Martí Alfredo Jacomino. Con la batalla por el asiento que Lincoln ocupa en el Congreso entrando paulatinamente en su recta final –se lo

disputa el ex alcalde de Hialeah Raúl Martínez-, este es un trabajo de actualidad.

Un aforismo de Emenegildo Evans: “Cuando las cosas no están de moda, es cuando más lo están”. Agradecemos a Jacomino. Que lo disfruten.

Una entrevista con Lincoln Díaz-Balart

Hay políticos que piden por adelantado las preguntas de una entrevista. ¿Ha puesto usted, o pondría, esas condiciones alguna vez?

No, la libertad de prensa incluye la libertad para el periodista de preguntar lo que desee y yo creo en la libertad de prensa.

¿Qué diferencias hay entre el representante federal frente a los micrófonos y la atención del público, y el Lincoln Díaz-Balart en la vida privada, en la intimidad de familiares y amigos?

Creo que hay mucha consistencia y similitud. Porque sobre lo que me motiva, o sea, sobre las cuestiones fundamentales, hablo en público y también en privado. Así que creo que las similitudes son más que las diferencias.

¿Cuáles fueron sus sueños de niño que no pudo realizar de adulto?

Siempre quise… bueno… yo siempre quise ver a Cuba libre y esa no es una realización que hemos visto todavía, pero no quiere decir que no la vayamos a ver. En el aspecto personal, me interesó la música siempre. No la estudié, pero tocaba batería. Nunca pensé realmente que haría de la música una profesión, pensé más bien que si tenía la oportunidad estudiaría para convertirme en abogado, y es lo que en definitiva hice. Aunque me sigue gustando la música, incluyendo el jazz. Soy un gran admirador de Sandoval, de Paquito de Rivera y otros genios del jazz, y no quiere decir que he dejado de tener interés en eso, porque creo que la música es bella. Pero quería ser abogado desde niño.

¿Qué cosas sencillas de la vida cotidiana le duele perderse con regularidad?

Estar con la familia y el que mis hijos hasta cierto punto hayan crecido sin mi presencia física. Eso ha sido lo más difícil de servir en el Congreso de Estados Unidos durante 16 años.

¿Cuáles son sus héroes de ficción y sus héroes de la vida real?

Biscet y Antúnez son héroes míos. El sufrimiento de ellos y la causa de ellos es algo que siempre está en mi mente, y tengo fotografías en mi oficina en Washington de Biscet y de Antúnez. Tengo otros héroes, mi padre fue un gran héroe para mí.

¿Cuando usted le da gracias a Dios y le pide perdón, fundamentalmente por qué lo hace?

Bueno, le doy las gracias a Dios por su misericordia ilimitada, porque creo que Dios es misericordia, amor y perdón. Sobre todas las cosas le doy las gracias por eso y hasta por darme la oportunidad, como decía Rabindranath Tagore... la libertad de públicamente decir cualquier cosa que quisiera decir de El.

¿Le ha dado alguna vez, o ha querido darle, un abrazo a su primo Fidel Castro Díaz –Balart?

¡No!

¿Existe algo que le haya provocado deseos de renunciar a su puesto y dedicarse a otra cosa?

Yo tengo que admitir que siento atracción por la profesión de abogado. Siempre quise ser abogado y extraño el poder ejercer, pero reconozco que tiene lógica y sentido la regulación que fue aprobada en 1989 -tres años antes de que yo fuera electo-, que prohibió a los miembros del Congreso ejercer como abogados. Entiendo la lógica por el posible conflicto de intereses; pero sin dudas el ejercicio de la profesión es algo que uno extraña.

¿Qué actriz o cantante de Hollywood le resulta más atractiva por su belleza?

Mmm… Yo creo que aunque ya no está físicamente con nosotros está en una categoría muy especial Marilyn Monroe.

En una escala del uno al diez, siendo el diez la puntuación más alta, ¿cómo se evaluaría usted jugando dominó, bailando salsa, diciendo piropos, contando chistes y jugando pelota?

Jugando dominó, 3. Bailando salsa, 0. Diciendo piropos, 2. Contando chistes, 1. Y jugando pelota… bueno, hombre, eh… cuando lo hacía llegué a ser no un 8, pero sí un 6.

Se le atribuye al cómico Groucho Marx la siguiente frase: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. ¿Qué le parece esa afirmación?

No, no, Groucho Marx tenía mucho talento, pero no creo que sobre la política. La política es hacer posible lo difícil para ayudar a la comunidad y requiere mucho trabajo, persuasión, perseverancia, tolerancia e integridad, respeto por los colegas y por el pueblo que uno representa. Es un gran honor poder ser político y representar en una sociedad democrática a un pueblo noble y trabajador como el que yo he tenido el honor de representar durante 16 años en el congreso de Estados Unidos, y anteriormente por seis años en la legislatura de la Florida.

Un extranjero puede alistarse en el ejército de Estados Unidos y arriesgar su vida por la misma nación que luego no le permite ser presidente. ¿Le parece absurdo?

No… los fundadores de esta nación fueron hombres verdaderamente sabios, debatieron ese tema. Creo que llegaron a una posición razonable. En Estados Unidos un inmigrante tiene más oportunidades que en ningún otro país del mundo, puede llegar a ser senador federal como Mel Martínez, puede llegar a ser secretario de Estado como Madeleine Albright o Henry Kissinger. Lo único que no se puede aspirar es a la presidencia, y por ende a la vicepresidencia. Y creo que esa fue una decisión con mucho sentido común. Cuando uno estudia Estados Unidos en comparación con otras democracias representativas en el mundo, casi sin excepción hay muchísimas más oportunidades para el inmigrante en Estados Unidos que en cualquier otro país.

Se dice que en la política no se hacen amigos ni enemigos, sino aliados y adversarios. ¿Así funciona?

No, no, sí se hacen amigos, y la realidad es que en la vida también se hacen adversarios. Martí decía que era más importante conocer los enemigos de alguien que los amigos para conocer a esa persona. Pero la realidad es que sí se hacen amigos en la política, porque la política es una forma muy intensa de vivir la vida. Se hacen amistades y se hacen grandes amigos.

A su juicio, ¿cuál es la virtud más escasa en la política?

Igual que en el resto de la vida, la palabra. O sea, que es una parte fundamental del carácter. Una de las cosas que yo más admiro es la palabra, cuando uno puede confiar en la palabra de alguien. Eso es para mí absolutamente sagrado.

¿Qué es peor para un político, no tener gracia, no tener suficiente dinero o no tener un buen jefe de campaña?

Creo que el primer problema es uno de los más serios porque hay que tener algo de sentido del humor ante la vida en general, no sólo en la política. El sentido del humor lo ayuda a uno mucho en la vida.

Hace más de cien años se fabricaban en Estados Unidos autos eléctricos. Luego de tantos años de avance tecnológico, ¿por qué no se elimina con mayor rapidez la dependencia del petróleo?

Ese es un tema muy serio sobre el que estamos trabajando. En definitiva, hasta ahora no ha sido verdaderamente costeable y competitivo reemplazar el petróleo. El petróleo ha sido y continúa siendo muy competitivo, pero con la subida del precio por la demanda extraordinaria en nuevos mercados ahora por fin se está dando cuenta el mundo que hay que lograr sustituirlo. Hasta que no logremos desarrollar otras formas de energía para competir eficazmente con el petróleo, no va a bajar el precio. Cuando lo logremos, vamos a ver una fuerte rebaja. En eso estamos trabajando, y vamos a continuar trabajando sobre otras fuentes de energía importantes que tienen que incluir la nuclear, la solar, la del viento.

Según el libro La terrible impostura del autor francés Thierry Meyssan, ningún avión se estrelló contra el Pentágono. Entre otras cosas, ahí se afirma que el daño en la pared fue menor que el diámetro de las alas del avión, y también se habla de la inexistencia, en un edificio tan vigilado, de un video que muestre el impacto con claridad. ¿Qué considera de esa teoría?

Bueno, habría que preguntarle a Ted Olson, que perdió a su señora, dónde él cree que murió ella. La realidad es que el avión chocó y los radares que estaban siguiendo la trayectoria del avión vieron que fue hacia Washington y desapareció instantáneamente, y debido a la extraordinaria velocidad con la que impactó, se desintegró. O sea, yo creo que es bastante obvio cuál fue el trágico desenlace de ese vuelo.

En el caso del asesinato del presidente John F. Kennedy, ¿cree que Larry Oswald actuó solo, o prefiere aceptar la teoría de la conspiración?

Creo que lo que se le informó al pueblo de Estados Unidos por la Comisión Warren no es, eh… demasiado serio… y creo que de la misma forma que todavía existen grandes preguntas sobre el asesinato de Lincoln en 1865, vamos a ver preguntas muy serias sobre esto, sin contestar, probablemente por siglos.

¿Cómo evalúa el crítico documental Sicko de Michael Moore, sobre los seguros de salud en Estados Unidos?

Ese señor tiene una agenda ideológica fundamentalmente antiamericana. El antiamericanismo es la gran batalla ideológica de nuestra época… pro americano… antiamericano… Así se divide el mundo ideológicamente hoy en día. Los que creen que Estados Unidos es una fuerza para el bien y los que creen que los Estados Unidos es una fuerza para el mal. Michael Moore es intrínsecamente, digamos sociológicamente, antiamericano, y entonces siempre está tratando de denigrar a Estados Unidos, incluyendo películas como esa. La realidad es que Estados Unidos tiene un sistema que cuando alguien en cualquier parte del mundo se enferma, si puede, viene a Estados Unidos. De que tenemos que trabajar para hacerlo más accesible y costeable a todos, es obvio, pero debía también admitirse que es el mejor sistema del mundo.

¿Quién es Lincoln Díaz-Balart en pocas palabras?

Alguien que siempre ha tratado de cumplir su responsabilidad con integridad y con respeto. Alguien que ama la libertad y se siente honrado de haber tenido la confianza durante todos estos años, manifestada en las urnas reiteradas veces, de mi comunidad. Siempre voy a trabajar para continuar mereciendo ese respeto y siempre voy a estar reciprocándolo con respeto y con integridad. Y alguien también, pues, que cree en Dios y sobre todo en su misericordia.



Una entrevista con Hubert Matos

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El comandante Hubert Matos cumplió noventa años apenas el mes pasado, veinte de los cuales transcurrieron en las prisiones castristas (fue liberado, luego de cumplir íntegramente su condena, en 1979). Su encarcelamiento ha sido, desde que tengo uso de razón, un símbolo de la esencia miserable del castrismo, de lo inhumano que puede llegar a ser el castrismo. Matos fue uno de esos hombres que luchó por los supuestos ideales de la “primera revolución”, hasta que, tras perseguir inútilmente la utopía de un fidelismo “con todos y para el bien de todos”, dio con sus huesos en la cárcel. Uno de los que nunca descubrió que la revolución era cosa de gángsteres.

Un fragmento de su carta de renuncia, que enviara a Fidel Castro en 1959, resulta particularmente revelador:

“Si se quiere que la revolución triunfe, dígase a dónde vamos y cómo vamos, óiganse menos los chismes y las intrigas, y no se tache de reaccionario ni de conjurado al que con criterio honrado plantee estas cosas. Por otro lado, recurrir a la insinuación para dejar en entredicho a figuras limpias y desinteresadas que no aparecieron en escena el primero de enero, sino que estuvieron presentes en la hora del sacrificio y están responsabilizados en esta obra por puro idealismo, es además una deslealtad, una injusticia, y es bueno recordar que los grandes hombres comienzan a declinar cuando dejan de ser justos”.

Castro, que nunca fue grande ni justo, lo metió en la cárcel nada más leer aquello.

Una vez más, Cuba Inglesa agradece la gentileza del periodista de TV Martí Alfredo Jacomino, quien nos cedió la siguiente entrevista. Seguramente, los lectores la disfrutarán con el ardor de su primera entrega:

Una entrevista con Hubert Matos

¿Le hubiese gustado vivir otra vida, sin veinte años de prisión, sin grados de comandante, sin llamarse Hubert Matos?

Es posible que sí, pero el hombre es el hombre y sus circunstancias. Me tocó vivir ésta, y he tratado de hacerlo de acuerdo a mis convicciones, formadas en la niñez y en la juventud.

¿Qué encuentra cuando se mira al espejo?

A un hombre que quiso ser maestro toda su vida. A alguien que ha tenido un montón de experiencias muy complejas, pero que ha tratado de ser siempre fiel a sus principios.

Nombre algunos buenos amigos.

Tengo muchísimos buenos. En mi juventud había uno en mi pueblo, Raúl Milán, hace casi sesenta años que no sé de él, pero lo recuerdo como uno de mis buenos amigos. Y después sería injusto si me pongo a señalar porque tengo muchos amigos de la mejor calidad.

Y algunos enemigos.

Los dos hermanos Castro están indudablemente entre los enemigos que más se han ensañado conmigo. A esta altura veo que van en decaída y me río de ellos, pero no me río de la obra que dejan.

De sus ex colegas de armas que aún están en Cuba, ¿quién considera que tiene mejores condiciones humanas?

No lo puedo decir porque estaría comprometiendo a una gente en la que tengo esperanzas todavía.

¿Su mayor error?

Quizás fue no tener la visión de lo que venía después, es decir, no saber descubrir toda la entraña perversa que había en Fidel Castro. Pero para eso hubiera necesitado ser algo más que una persona humana.

¿Su mayor acierto?

Haber escogido la profesión de maestro, porque creo que nací para maestro. Los años más felices de mi vida los emplee en la educación, tanto enseñando a niños en la escuela rural como formando maestros en la escuela normal de Manzanillo.

¿Guarda muchos secretos?

No creo que guarde muchos secretos. No creo.

¿Cuál es la mayor lección que ha aprendido de la vida?

Que por muy cruel y muy recia que sea la adversidad uno tiene que crecerse interiormente y abrazarse a los principios, y resistir. Hay que ser leal a esas cosas.

Si pudiera volver atrás cincuenta años, ¿qué cosas cambiaría?

No creo que cambiaría muchas cosas. He tratado de vivir de acuerdo a mis convicciones y las cosas tristes y difíciles que he tenido que encarar las he tenido que encarar por no desteñirme.

A cualquier cubano le hubiese gustado ser presidente, ¿a usted también?

Yo lo que he querido ser toda mi vida es maestro. Desde joven soñé que en la vejez tendría un colegio con todos los niveles de la enseñanza.

El peor defecto de los cubanos es…

Quizás tener demasiado personalismo, el creer que uno es un fenómeno y el no ser objetivo para medir las consecuencias de los pasos que se dan.

Cuando se es joven se puede hasta matar por un ideal. ¿Hasta qué edad eso ocurre?

Más que matar por un ideal, creo en matar por razones muy recias, muy fuertes. Los cubanos aprendimos con los ejemplos que nos dieron Agramonte, Céspedes, Martí y Maceo. Aprendimos que la violencia es justa cuando es necesaria, cuando no hay otra vía. Y pienso que si la razón para matar es defender la libertad, la honra personal, en fin, defender la condición de la persona humana, de seguir siendo honesta, eso justifica cualquier tipo de violencia.

Si le dijeran que puede viajar a Cuba por 24 horas, ¿qué lugares le gustaría visitar?

Yo no viajaría a Cuba nada más que para ayudar a mi pueblo a salir de sus cadenas. Pero me doy cuenta que en las circunstancias actuales es inútil, y que a estas alturas probablemente la violencia no sea la mejor forma para salir del problema cubano.

¿Qué es lo más difícil de estar veinte años preso?

Hay muchas cosas difíciles pero, en mi experiencia, lo más difícil fue encarar a diario las ofensas y los golpes. Por eso tuve que apelar en tres oportunidades a la huelga de hambre. Fue decir: o me respetan o me echan a la sepultura.

¿Cómo le gustaría que lo recordasen?

Por encima de todo como una persona que ha tratado de cumplir con su deber.

Si le mencionan la palabra “revolución”, ¿qué le viene a la mente?

Que fue una cosa muy hermosa que los señores Castro prostituyeron.

Dos cartas públicas se escribieron sobre su libro Cómo llegó la noche. Una del doctor Emilio Cosío y otra del capitán Roberto Cruz Zamora. ¿Quién de ustedes se acerca más a la verdad histórica?

¿Dos cartas que escribieron? Bueno, son dos personas que cuestionaron mi carrera. Los dos mienten.

Si usted y Fidel Castro se encontraran nuevamente, ¿le hablaría de recuerdos, de reproches, o de esperanzas perdidas?

Castro no sabría enfrentarme a mí. Yo lo reté estando preso a que se reuniera en Seguridad del Estado conmigo, con cien guardias si quería, que le iba a decir unas cuantas cosas. Yo creo que le diría: sospechaba que eras un bribón, un miserable, un cobarde, pero me quedé corto al imaginar todo eso.

¿Quién es Hubert Matos en pocas palabras?

Un hombre que quiso toda su vida dedicarse al magisterio y ser un ciudadano útil. Yo he tratado de vivir mi vida y creo que la he vivido más o menos de acuerdo a los patrones que marqué en mi juventud.



Una entrevista con Emilio Ichikawa

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American Way of Life. Un concepto llevado y traído hasta la saciedad pero que, sin embargo, pareciera resistirse a una definición contundente. Y un concepto perfecto para proyectar una entrevista. En definitiva, la descripción de Ichikawa –“América es el mayor curso de modestia que puede pasar un ser humano”- es suficientemente precisa, y alentadora.

Pere Cañada y Zury Viera le hicieron al profesor Emilio Ichikawa la entrevista de hoy, a propósito de la exposición I like America, does America like me?, recientemente inaugurada en Girona. Agradecemos sinceramente su colaboración. Que la disfruten.

Textual: Una entrevista con Emilio Ichikawa

¿Podría darnos una breve definición del término American Way of Life, desde el punto de vista del inmigrante?

Es el “hacer lo que vieres” del viejo refrán. Lo que en un mundo como el actual significa un discutible “hacer lo que oyeres”. Las cosas han cambiado bastante. Y el término es capaz de asimilarlo.

¿Es un mito el American Way of Life en el sentido que lo define en su ensayo De la filosofía de lo absoluto a la metafísica pop, eje intelectual sobre el que se funda una gran parte de la vida cotidiana de los hombres?

Se ha dicho que Aristóteles tiene un opúsculo donde se queja de que él y Platón no han podido nada contra los mitos de sus vecinos. Los mitos son fuertes y pueden resistir los tres embates más demoledores que los mismos griegos les aplicaron:

1- El de la razón.

2- El de la burla (comedia).

3- El del sentido común (de “los vecinos”, por ejemplo)

Es decir, que aun cuando el American Way of Life constituya un mito, no es poca cosa. Lo decía George Steiner: “Ninguna desmitificación está a la altura de una obra de arte”, por muy mediocre que sea. Y esa frase inicial incluye a la “metafísica pop”, una segregación del American Way of Life.

¿Cuál sería el papel del American Way of Life en el par “recibir una imagen fabricada-fabricar imágenes”?

Se desplaza a lo primero. Es más un resultado de amigos y enemigos de América que algo que entretenga o dé mucho dinero. La gente coincide en que, efectivamente, eso existe. Y procede en consecuencia. El que consume, consume; el que gana dinero, gana dinero. La gente que dice que eso es muy bueno o muy malo en América se inclina a la primera parte de la dupla. Una dupla que acepto, que no discuto, por disciplina y acatamiento de las reglas de los entrevistadores. Sólo por eso.

¿Es la ecuación “calidad del coche parqueado frente a la casa = lugar que su conductor ocupa en la estratificación de la sociedad” -que funciona en Miami de reojo- una expresión de este fenómeno? ¿De qué forma?

Esa ecuación se ha roto. En ciudades donde la vida se ha “automovilizado”, “encapsulado”, el coche representa un por ciento mucho mayor en el presupuesto de las personas. A veces ficticio, como son los casos de las ciudades de San Juan (Puerto Rico) y Miami (Florida). En las carreteras de estas ciudades ruedan mejores coches que en suburbios adinerados como Bethesda (Washington DC) o Hamptons (Long Island, NY). A lo mejor esto empieza a cambiar con la crisis energética.

Adicionalmente, tenemos que en las “ciudades flotantes”, de desarraigo, la gente hace más visitas que las que recibe, por lo que es más fashion tener un buen auto que un buen techo.

¿Es el American Way of Life americano? ¿Es un producto exportable?

Sí. Y comprable. Seductor el mito americano. Theodor W. Adorno lo comprendió muy bien. No existe un Ministerio de Propaganda en Estados Unidos. Es un proceso natural que incluye la crítica y el rechazo de ese mismo modelo. Toda la izquierda antiamericana del mundo, particularmente la latinoamericana, está invadida por el mito americano. Sin que nadie se lo haya inoculado intencionalmente. Es lo que pasa con los “cerebros”: nadie se los roba, son ellos quienes prefieren contratos en los Estados Unidos.

¿Es compatible el “sueño americano” con el American Way of Life?

El sueño americano, digamos, es el objetivo simbólico. Además de una frase un tanto vacía que ha pegado mucho y que es ya, ella misma, parte de la jerga global. El camino ( way) para llegar a ese sueño ha cambiado mucho. Un astrólogo famoso o una modelo en una pasarela tienen más oportunidad de conseguirlo hoy que una pareja de profesionales graduados de Yale o Harvard. Yo los conozco. Para no hablar del tráfico de drogas, el ejercicio ilegal de la medicina o el fraude hipotecario, uno de los negocios más escandalosos en los últimos tiempos.

Háblenos por favor sobre el American Way of Life y el arte.

En el Museo de Arte de Filadelfia, con una de las mejores colecciones de Duchamp en el mundo, se anuncia al pintor como “American (Born in French)”. ¿Se realizó Duchamp como artista en América? ¿Cumplió su sueño americano? No sé. Ni siquiera deseaba que le llamaran “pintor” en sentido estricto, y se vio obligado a ser promotor de algunos amigos de menos talento.

Pero esa es América: es el mayor curso de modestia que puede pasar un ser humano. América “humildiza”, o humilla, que es como lo entienden algunos. Aun en el museo que les digo, la “sala” más visitada es la de la escultura dedicada a Rocky Balboa (Silvester Stallone), en la escalinata. Es tan concurrida, que el gobierno de la ciudad, después de retirarla, tuvo que restituirla. Aunque ya no en la cima, sino en la base derecha de la escala al museo.

¿Considera que Internet, la televisión por cable, los viajes low cost o la fast food, ahora globalizados, son productos que adquirieron otras culturas de la americana? Si es así, ¿en qué momento histórico situaría el comienzo de ese proceso?

A una altura de su historia, que coincide con lo que solemos llamar período helenístico, la cultura occidental vuelve sobre su propia historia. Es decir, empieza a copiarse a sí misma, a autoplagiarse. Epicuro, por ejemplo, se plantea volver a Demócrito, y sobre esa base “innovar” en un atomismo con implicaciones morales. Toda la reserva ética de Occidente ya está esbozada en el ciclo estoicismo-epicureísmo-escepticismo... Esto es, hay un punto en el que no existe algo realmente nuevo en nuestra historia; todo es “re-creación”, cambio de contexto, de forma… Y es algo que no debe juzgarse negativamente. Sencillamente “es” y, como enseñaron los filósofos clásicos, al “Ser” no se le regaña: se le expresa.

Quiere esto decir que todo lo que mencionan en la pregunta probablemente haya existido alguna vez, pero desde hace unas décadas se vive como un proceso de norteamericanización del mundo, que es el eje de lo que se conoce como “globalización”. ¿Cuándo empezó? Bueno, desde que se pusieron los cimientos de América: la forma de colonizar, de emigrar, de inventar, de ejercer la escritura política. Una democracia liberal que asombró a Tocqueville. Una democracia liberal que hoy genera una enorme literatura y que ha convertido su política doméstica en un asunto internacional.

¿Funcionan estos productos como una especie de Ministerio de Propaganda de Estados Unidos?

No es que exista o no ese Ministerio de Propaganda: es que Estados Unidos, en un sentido unívoco, tampoco existe. Los cubanos lo sabemos muy bien. Los cubanos de cualquier orientación política: se puede tener a favor al Departamento de Estado y en contra a la CIA; a favor el FBI y en contra al legislativo de un estado concreto. América es un resultado púdico: ves el producto, pero no el proceso de su elaboración. Si te asomas a los secretos de la factura, como pasa con las hamburguesas de McDonalds, puede que no te gusten. Pero cuando ves los colores de la compañía (que son los mismos colores iniciáticos de la bandera española) y el mundo imaginario que enrola, te puede crear adicción.



Una entrevista con Armando de Armas

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La siguiente entrevista fue realizada por el poeta Denis Fortún al escritor y periodista Armando de Armas. Asegura Fortún haber advertido, en la blogosfera, que el autor de Mitos del antiexilio “se ha vuelto un personaje controvertido y ha despertado todo tipo de criterios, lo mismo favorables que en contra, lo que a su vez ha provocado un movimiento inusitado en aquellos espacios en los que aparecen sus trabajos, lo que pudiera traducirse en un alto porcentaje de clics”.

Siguiendo la observación de Fortún, cuando además se trata de una excelente entrevista, los dejamos con entrevistador y entrevistado. Que lo disfruten:

Textual: Una entrevista con Armando de Armas

¿Cómo es que alguien nacido en un contexto puramente campesino, y sin referentes en cuanto al arte en general, se decide a estudiar una carrera de letras y finalmente se convierte en escritor?

La verdad es que no decidí nada. Ese ambiente está entre los dos elementos fundamentales para hacerme escritor. Una localidad atemporal en las cercanías de la ciudad de Santa Clara en la que los duelos a machete, los incestos y los amoríos se cantaban en décimas. Además de la épica del bandolerismo perteneciente a un pasado no muy lejano. Crecí oyendo historias de aparecidos y tesoros escondidos contadas a la luz de una lámpara chismosa. Historias a las que se daba tanta credibilidad como a las otras pertenecientes a una realidad dura y escabrosa.

Había en casa una escopeta de 16 milímetros con dos cañones, perteneció a uno de mis antepasados desde la Guerra de Independencia. Mi abuelo había estado en la guerra y en ella perdió ocho hermanos. Había también un machete paraguayo que era el arma blanca predilecta de los insurrectos. La gente cree que el machete de las cargas es el mismo machete con que se chapea un patio. Nada de eso, es un arma formidable, ya le faltaba un pedazo por el uso y el abuso y era de mi tamaño con trece años, y ni pensar que pudiera levantarlo, con una cruz plateada en la empuñadura pesaba una enormidad. Eso explica que esa arma se llevara las enemigas cabezas de un tajo y que en la primera carga al machete, la de Máximo Gómez, quedasen en el campo las carabinas españolas con el cañón trozado limpiamente de un machetazo.

Conocí a otro veterano de la independencia, que hizo la invasión a las órdenes de Gómez con el grado de sargento. Él me curó el asma, un infierno el asma, la medicina no pudo y aquel hombre, blanco y de ojos azules, que se había iniciado en Palo Monte con los congos insurrectos, me curó. En mi casa no había libros, es más, leer era una actividad sospechosa.

Mi abuela materna había sobrevivido la reconcentración de Weyler e integrado más tarde las células de acción y sabotaje del ABC contra el general Gerardo Machado (esto te lo digo sin orgullo alguno, pues lo cierto es que el desbarajuste sin solución para los problemas nacionales se inicia, precisamente, con la revolución del 33 y la caída de Machado, para incrementarse luego durante los llamados “gobiernos auténticos” y desencadenar la catástrofe del infinito descenso con la toma del poder en 1952 por el general Fulgencio Batista y su posterior fuga en 1959, dando lugar así a la tiranía de los Castro). De ella escuché las historias de Genoveva de Brabante, Tirante el Blanco, Amadís de Gaula y el Cid Campeador, que para ella eran todas verídicas. Es curioso, ya hombre observé a dos presidiarios que, retándose a muerte, escupían parrafadas enteras de La Iliada de Homero, uno en el papel de Aquiles y el otro en el de Agamenón, ambos analfabetos totales.

Es como si yo, en plena mitad del siglo XX, tuviera el privilegio excepcional de experimentar lo que sería el origen mismo de la literatura, su oralidad. Ver que la vida no sólo influía en la literatura, sino que la literatura de insospechadas maneras influía también en la vida, y más extraño aún, el privilegio de ver cómo lo hacía en las vidas de los seres más elementales y alejados del intelecto, mucho más inclusive que en la vida de la gente que se tiene por culta, puesto que para ellos la literatura era una realidad histórica, no ficción.

También, muy niño, fui testigo de la rebelión campesina contra el comunismo que aceleradamente implantaba Castro. Tráfago de hombres y de armas durante las madrugadas en la cocina de mi casa, incendio de cañaverales en la noche, disparos, rumores, represión… Luego estaba la soledad, perderme durante días en el monte sin que nadie supiera de mí, en largos soliloquios, armado de un arco y unas flechas que fabricaba del gajo de un árbol de güama y varillas de güin con una puntilla de acero insertada en la punta, un tirapiedras, un cuchillo y, cuando pude, con una escopeta de aire comprimido.

Creo que todo eso que te cuento me llevó primero a la reflexión, y mucho más tarde a la escritura. Agrégale que era muy malo para el deporte, aparte que no tenía oportunidad alguna de practicarlo, y era y sigo siendo extremadamente vago para el trabajo físico. Viéndolo desde la distancia creo que no tenía otra alternativa que el nefando vicio de la escritura. Esto que te he dicho no quiere decir que añore ese mundo en ningún sentido, y de hecho en cuanto pude, aún niño, escapé de ese lugar para nunca más volver. Mi obra no tiene nada que ver con la novelística de lo bucólico pastoril, sino con la novelística urbana. Más que nada ancla sus raíces entrelazando los géneros de la caballería y la picaresca.

De joven en Cuba te movías en un submundo peligroso, donde quebrar la ley era cosa de todos los días. ¿Esta marginalidad te ha servido a la hora de contar tus historias?

No me gusta hablar mucho de ese pasado, no porque reniegue de lo que viví, Dios me libre, sino porque, como muy bien ha observado el ensayista Emilio Ichikawa, parecería ahora que todos los cubanos provienen de ambientes marginales, moda marginal, y ya no se alardea de ser de El Vedado sino del Fanguito, de ser graduado de una universidad sino del presidio, de ser católico sino mayombero. Los intelectuales, poetas y pintores, y hasta los académicos, arriban de la isla escupiendo por el colmillo el asere y el monina y el ecobio y otros términos más iniciáticos aún. Y no tienen ni la más puta idea de lo que quieren decir, simbólicamente me refiero, aunque a veces ni siquiera literalmente. “Generación asere” creo que le llaman a eso, y lo más cómico del asunto es que la mayoría de ellos, la verdad, se gasta una cara de monaguillo o bitongo o cogegalletacón o vaya usted a saber qué. Gente que si le suenas un siquitraque al lado está corriendo hasta que se acuerde, y que en una celda haría las delicias de las auténticas y viciosas ratas de presidio.

Pero, volviendo a tu pregunta, sí, ese ambiente peligroso es el segundo elemento fundamental para que me haya convertido en escritor, junto a todo lo demás que te cuento en la anterior respuesta y, como en el caso del primer elemento, no siento nostalgia alguna por el mismo. Ambos sencillamente constituyen el sedimento, la oscura materia prima con la que elaboro mi obra, un material ciertamente escabroso, sucio y mal oliente en muchos casos, como salido de las alcantarillas de esos sueños de los cuales uno despierta un tanto avergonzado, de la índole de la sustancia que le habita allá en lo más íntimo, pero eso fue lo que me tocó, lo que me otorgaron. Uno no escoge un material. Uno tiene un material y luego trabaja, trata de hacer lo mejor con lo que tiene.

Sé de una amiga que una vez le dijo a otra: "A Mandy se le puede decir cualquier cosa, hacer con él lo que sea, porque sabe bien cómo guardar un secreto, es una tumba. Ahora, el problema es cuando escribe. No le den una cuartilla, que enseguida convierte todo lo que sabe en un cuento. ¿Hay algo de cierto en eso?

Te refieres a mi buena amiga Vicky Ruiz de Zárate. Bueno, ella es una mujer inteligente y atrevida, sus razones tendría… Pero, sí, un escritor puede ser un caballero en sus transacciones diarias y frente a la cuartilla en blanco transmutarse en un chismoso de altura. Claro, para guardar la honrilla ha de cambiar nombres, situaciones, ambientes. Así y todo, un grupo de los más patibularios personajes de mi libro Mala jugada me citaron un día a un hotel de Miami Beach para celebrarme juicio. Uno de ellos, particularmente enojado, alegaba que yo falseaba las historias, que él no había matado a su enemigo porque lo hubiese perdonado o porque hubiese envejecido, o se hubiese reblandecido, como yo contaba en el relato, sino que, simplemente, no lo había matado porque no había tenido oportunidad o no se lo había topado en el camino.

¿Y cómo resolviste un asunto tan espinoso? ¿Y cómo además no aprendiste la lección y sigues escribiendo sobre lo cotidiano y lo que le sucede a gentes que te rodean y lo que menos quieren es que se sepan sus historias, aun cuando cambias sus nombres?

Les dije a los muchachos que en vez de enjuiciarme debían homenajearme, pues gracias a mí, y con un poco de suerte, ellos seguirían viviendo en mis libros después de muertos. Vaya, que les ofrecí la inmortalidad a cambio de la no manifestación de mi inmediata mortalidad. Terminamos ese día bebiendo Heineken en cantidades industriales, riendo, llorando, recordando la época en que éramos tan jóvenes y tan locos y nada nos importaba, y la muerte era una cosa lejana que podía sucederle a otros y no a nosotros.

Todo el que me rodea ha de saber que corre ese riesgo, padezco el vicio del escriba, vicio que para colmo he elevado a categoría de virtud y por el que he pagado el precio de la persecución primero y del ostracismo después. Creo por otro lado que un personaje literario no es más que eso, un personaje literario, por mucho que se parezca a un personaje de la vida real.

Tu último libro publicado, Carga de la caballería, tiene un cuento que narra la historia de un personaje que se conecta con el mundo de los muertos, y con el pasado. ¿Estas narraciones son pura ficción o es verdad que has tenido experiencias extra-sensoriales?

Sí, he tenido ese tipo de experiencias. Cuando alguna vez me he definido como un escritor realista es en el sentido de que para mí, acorde con lo vivido, la realidad es tanto la realidad per se como las aberturas, grietas, hendijas y fisuras por donde asoma esa, digamos, realidad rara, de un orden otro, mundo de lo inasible que no por inasible deja de mostrarse y determinar con unas, para la mayoría, insospechadas fuerzas. Definir eso, explicarlo, entra ya en el terreno de la charlatanería. Ahora, estar incapacitado para explicar un fenómeno dado no me libera del deber de dejar constancia del mismo, de ser notario de sus manifestaciones. Hablo, en definitiva, de la experiencia, cualquiera que sea su índole.

En un reciente trabajo tuyo publicado en varios espacios de la Red sobre Obama, hablas de la religión Yoruba. Lo que para muchos delata a un practicante, por el conocimiento de la religión afro que manifiestas. ¿Es Armando de Armas uno de los tantos cubanos que dicen ser sincréticos y creen en Dios y Obbatalá?

Mira, yo me considero un entusiasta del estudio de las religiones comparadas. Me fascina la similitud de los símbolos fundacionales en el dogma de las grandes religiones monoteístas y politeístas, y aun la similitud de estos con los de las pequeñas religiones de pueblos perdidos en la inmensidad de la historia y la geografía. Se trata de la equivalencia del arquetipo de la divinidad manifestándose en el tiempo y las distancias. La equivalencia, ciertamente arriesga pero equivalencia al fin, del hueso de un santo en el anillo de un obispo católico con la kiyumba, cráneo, de un muerto capataz de caldero en la ganga de un tata palero.

Luego, faltaría a la sinceridad si no te hablo de mi personal y complicada historia religiosa, de mi experiencia, que es lo que al final cuenta. Bautizado católico, en un hogar con esa laxitud propia de la religiosidad existente en la mayoría de los hogares cubanos. No obstante, la mayoría de mis numerosos tíos, y mis abuelos por parte de madre, se habían convertido a la tremebunda secta de los Testigos de Jehová y pasado por las cárceles castristas por motivo de ese culto. Mi tío Alberto García protagonizó un sonado caso por propaganda enemiga debido a un mimeógrafo que le ocuparon junto a literatura de la secta, revistas Atalaya y otros panfletos, y aparecía en la muy pendeja prensa de la isla en fotos tomadas al lado del aparato, desde unos ángulos que le otorgaban el aspecto de un asesino en serie o un salteador de camino. Un hombre que era una especie de santo de lo bueno o lo bobo que era, y sigue siendo.

Con siete u ocho años integré las pertinaces huestes de los Testigos de Jehová, pero enseguida me expulsaron por motivo de que andaba enredado en peleas constantes y no ponía la otra mejilla. Esta sería la primera expulsión de una serie de numerosas expulsiones a lo largo de mi vida, premonitoria la cosa. Entonces, a medida que fui creciendo y envolviéndome en ambientes disolutos, ambientes de rompe y rasga, me alejé de toda religiosidad y dejé de tener, de percibir las experiencias pneumáticas de la niñez.

Después, una noche, atrapado en una redada y con todas las posibilidades en mi contra -es decir, de que me dejaran a la sombra por años-, fervorosa oración y promesa de por medio, ocurrió una suerte de milagro en que los papeles se trastocaron, los testigos se confundieron, el fiscal tartamudeó y los guardias se ablandaron, y nuevamente me vi en la calle, limpio de polvo y paja.

Fue ahí que empecé a regresar a los orígenes, a religarme, que es lo que significaría el vocablo religión, que viene del latín religare, volver a ligarse con la deidad o las deidades. Pero lo hice por el camino iniciático, en las logias masónicas y teosóficas y del cristianismo esotérico. Me conectaba en definitiva con la gran corriente del gnosticismo occidental, la de Valentin, Marcion, Bardesanes, Isidoro, el hijo de Basílides, y Carpócrates, pasando por Juan El Bautista, y terminando con Johann Wolfgang von Goethe, Herman Hesse y Carl Gustav Jung, por mencionar sólo algunos de los que en la historia han tomado la vía del conocimiento, de la experimentación, para relacionarse con el difuso mundo de lo divino, que es lo que más o menos viene a ser el gnosticismo, el pulir la obra de los alquimistas, el manos frescas para trabajar la de los yorubá.

Con Jung aprendí que dentro de la gran tradición cristiana y politeísta occidental uno debe trabajar espiritualmente, o psicológicamente si quieres un término moderno al uso, desde su contexto cultural más inmediato y telúrico. Que los dioses y demonios son o pudieran ser muy locales y domésticos y que, por ejemplo, un alemán, que cuenta con el acervo del dios Wotan y los poderosos espíritus de la Selva Negra, más lo cristiano, convertido al islamismo puede resultar además de absolutamente ridículo, absolutamente ineficaz y hasta perjudicial. Que un cubano, que cuenta con el acervo del dios Obbatala y los poderosos espíritus del Monte, más lo cristiano, convertido al budismo y la contemplación puede resultar además de absolutamente ridículo, absolutamente ineficaz y hasta perjudicial.

Un hipotético cubano budista pudiera decirle a otro paisano: ¡Oye, asere, te salvaste que lo mío es contemplación y nirvana y eso, que yo si no estoy en ninguna sonsera de esas de la guapería, si no te iba a reventar la cara dura esa a ver si aprendes a buscar la iluminación!

Algunos de tus detractores te acusan de ser un extremista de derecha, un encantador de serpientes… hasta aseguran que los hay temerosos de contradecirte en tus posturas políticas y que, además, eres una mala influencia que transpira sólo radicalismo. ¿Acaso estoy delante de una especie de fundamentalista del neocon?

Desconocía que yo provocara tan fuertes reacciones. Mira, no soy extremista de derecha ni de nada, lo que pasa es que nuestros moderados son como el ejemplo del budista cubano con que termino la otra respuesta, y no están dispuestos a abrirse a los puntos de vista que desmonten las bobadas en las que ingenua o interesadamente creen.

Pero, vamos a ver, si ser de extrema derecha es defender la libertad del individuo, la propiedad privada, el libre comercio como primer elemento civilizador en la historia de la humanidad, y sobre todo no estar peleado con el ser, con el orden natural de las cosas, apostar por los valores tradicionales de Occidente y además creer que todo eso debe defenderse con las armas si preciso fuera; que la guerra a veces es un mal necesario, que Estados Unidos es en el tiempo presente la cabeza de lo que conocemos por Occidente y que, por otro lado, encarna como ninguna otra nación en el mundo la democracia, la libertad y el progreso; que el Estado de Israel es un enclave occidental allá en el Oriente Medio que debe ser defendido a como dé lugar… si eso es ser de extrema derecha, bueno, pues lo siento, soy entonces de extrema derecha, fundamentalista neocon y todo lo que quieras.

Mitos del antiexilio ha dado mucho que hablar y algunos que se denominan tanques pensantes no entienden todavía cómo un sujeto como tú, a quien para nada respalda una impronta de pensador, venga a aparecerse con un análisis tan novedoso y concluyente en cuanto al exilio cubano y sus posturas ideológicas. Dime lo que piensas en cuanto a esto.

Lo cierto es que no me considero un pensador, no sé siquiera qué cosa es un pensador, los hombres somos presuntuosos al pretender que pensamos algo. Más bien tiendo a creer que algo o alguien nos piensa, o a lo sumo que los más lúcidos de la especie captan unos pensamientos, unas ideas inmanentes que pueden ir en contra o a favor del Espíritu de la Época. En mi caso las ideas y pensamientos de los que me he apropiado van contra el Espíritu de la Época, pero quizá ocurra en un tiempo bisagra en que el Espíritu de la Época pudiera estar cambiando. Esto último explicaría el relativo éxito de un libro como Mitos del antiexilio, un texto que años atrás hubiera estado condenado al ostracismo (quiero decir al ninguneo al que son tan dados nuestros progres y sociatas, representantes, claro, del espíritu epocal, ese que pareciera que, al fin, se va haciendo otoñal).

De todos es conocida tu amistad con el congresista Lincoln Díaz-Balart. ¿Tienes aspiraciones políticas en una Cuba poscastrista? ¿Alcalde por Cienfuegos o senador por Las Villas?

Mi amistad con Lincoln Díaz-Balart está sustentada en la afinidad de ideales respecto a Cuba y su libertad, y en que, por otro lado, es un hombre con una gran cultura y sentido del humor, alguien con quien puedes hablar de política y de los entresijos de la política, de historia, arte y literatura, alguien que de niño contó con un maestro excepcional, nada menos que el poeta Gastón Baquero. Digamos que, congresista aparte, Lincoln resulta más intelectual, y sobre todo más inteligente, que muchos de nuestros atildados intelectuales al uso.

En cuanto a mis aspiraciones políticas, la verdad es que no las tengo. La política sólo me interesa desde el punto de vista de la escritura política y, por supuesto, siempre estaré orgulloso de haber sido un opositor a la más feroz tiranía padecida en el Hemisferio Occidental. Pero ello, demás está decirlo, no me hace un político, sino alguien que tuvo y supo defender sus ideas políticas.

La tabla fue tu primera novela, escrita de manera clandestina en Cuba con medios muy rudimentarios, es decir, bolígrafos y papel, por lo que asumo le tienes un especial afecto. Sin embargo, aún no se publica. ¿Está signada por algún sino maléfico o es que todavía no estás listo para que sea consumida por los lectores? ¿O se trata de pudor debido a lo cruda que resulta y al hecho de que los personajes que la componen viven todavía y bien pueden verse retratados de alguna forma?

Empiezo a contestar la pregunta por lo último. No tengo pudor alguno, a un escritor que se respete le está vedado tener pudor, si lo tiene que se dedique a otra cosa. Creo que el problema fundamental para que La tabla (dieciocho años después de haber sido escrita y de ser una de esas obras del ambiente underground de las cuales muchos hablan y pocos conocen) no haya sido publicada es el Espíritu de la Época de que te hablaba. Pero felizmente ese espíritu, iniciado probablemente con la Reforma Protestante, incrementado notablemente en el siglo XIX, apoteósico y avasallador en el XX con el triunfo del nacionalsocialismo por un lado y el internacionalsocialismo por el otro, con su legado de estatismos, gregarismos, hombres nuevos, campos de concentración, gaseamientos y fusilamientos, resultado en definitiva del racionalismo extremo, de la oscura superstición de la razón pura y dura, felizmente, decía, ese espíritu pudiera estar dando muestras de ir hacia el ocaso, y La tabla quizá pudiera tener finalmente su lugar bajo el sol, o al menos bajo las prensas.

Termino con lo que pudiesen ser dos preguntas en una. ¿Cómo es que pueden convivir en una misma persona el escritor hasta cierto punto agnóstico, que por un lado es practicante de la religión Yoruba, con fe en lo supremo y respetuoso de lo etéreo, y por el otro el irreverente en cuanto a maneras de conducirse y hasta de vestir, lo que te hace ver muy lejos de los clichés que asumen los intelectuales cubanos sin importar orillas? Una gorrita bolchevique, por ejemplo, o unos espejuelos montados al aire, tú sabes.

Bueno, no son dos preguntas, me has disparado sin piedad una ráfaga de preguntas. Veamos. La literatura, el arte y el pensamiento, si son, son paradojales. La vida misma es paradojal, y no hay mayor paradoja que la paradoja divina, nada más hay que estudiar desprejuiciadamente el Libro de Job para entenderlo. Entonces, creo, cualquiera que apueste seriamente por captar y transmitir algo de la literatura, el arte o el pensamiento inmanentes, de la vida misma, que pretenda religarse mínimamente con la divinidad, ha de ser, por fuerza, una persona paradójica, no hay manera de escapar de eso, sólo asumirlo, asumirlo y punto. Respecto a las gorritas bolcheviques, me dan escozores testiculares, y en cuanto a los espejuelos, a Dios gracias aún no los necesito.

Cortesía http://denisfortun.blogspot.com/



Una entrevista con Luis de la Paz

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El Ateje, la página digital editada por Luis de la Paz y Jesús Hernández, anuncia su cierre. Mientras se editó, cumplió un rol clave en la difusión de la cultura cubana, fundamentalmente de la asentada en el sur de la Florida. Dio vida a la obra de numerosos escritores exiliados, esto es, los hizo públicos. Fue, en fin, una página de referencia y consulta.

Ahora, como aseguran sus editores en la web, “ El Ateje ( http://www.elateje.com/ ) concluye la labor que inició en el verano del 2001. Han sido largas jornadas de trabajo y satisfacciones. A lo largo de siete años, preparamos 21 números, en los que más de 150 autores colaboraron, la mayoría de ellos cubanos. Se publicaron 762 textos en las categorías de poesía, ensayo, narrativa, teatro y entrevista, así como reseñas de libros y secciones especiales. Se homenajearon a figuras de las letras cubanas como Lydia Cabrera, Virgilio Piñera, Lino Novás Calvo, Reinaldo Bragado Bretaña, Roberto Valero, José María Mijares, Guillermo Cabrera Infante y Carlos Victoria. Se prepararon entregas dedicadas a la narrativa, el teatro, el ensayo y las traducciones.

“Los editores de El Ateje se sienten gozosos de haber servido de puente generacional y puerta para los escritores cubanos exiliados que en muchas ocasiones no tienen oportunidad de publicar. Y el resultado se puede medir también en cifras. Cerca de medio millón de entradas se registraron”.

No obstante, la página continuará abierta al público, con la totalidad de los números publicados online. A propósito, el narrador y crítico Luis de la Paz tuvo la gentileza de conceder a Cuba Inglesa la siguiente entrevista. Que la disfruten.

Una entrevista con Luis de la Paz

Usted ha decidido cerrar El Ateje, que se había convertido en una especie de tradición en Miami, una suerte de punto de encuentro de los escritores cubanos vía Internet. ¿No le parece una decisión precipitada?

Como ya se sabe, “para cada cosa hay su tiempo”. Hubo un tiempo de abrir una revista literaria que fue El Ateje, y otro tiempo para cerrarla. Creo que lo importante es estar a punto con lo que demanda el momento.

El Ateje apareció en circunstancias muy particulares, cuando los escritores, sobre todo los cubanos exiliados, no tenían casi ningún lugar para publicar. Hoy día los avances tecnológicos, y la facilidad que ofrecen los blogs, hacen que muchos autores abran sus propios espacios y descarguen en ellos su literatura. Entonces pensé que ya El Ateje no cumplía con su misión inicial.

Por cierto, lo cerré contra los deseos de mi querido Jesús Hernández, que me ha acompañado en este batallar literario con ahínco y dedicación.

¿Cuál ha sido su mayor satisfacción a lo largo de estos años al frente de El Ateje?

Creo que ha sido la revista misma, los 21 números que sacamos, los cientos de textos que publicamos y la calidad literaria. Los homenajes que se le rindieron a figuras de las letras cubanas de distintas generaciones, como Lydia Cabrera, Virgilio Piñera, Lino Novás Calvo, Reinaldo Bragado Bretaña, Roberto Valero, José María Mijares, Guillermo Cabrera Infante y Carlos Victoria, además de las entregas dedicadas a la narrativa, el teatro, el ensayo y hasta las traducciones.

La ausencia de un proyecto cultural de envergadura en Miami se echa todavía más en falta con la desaparición de El Ateje. ¿Qué opina de la actualidad intelectual cubana, y en general de las instituciones y proyectos culturales, en la capital del exilio?

Pienso que para que un proyecto cultural funcione debe partir de una iniciativa privada y debe mantenerse lo más alejado posible de las contribuciones oficiales. Quien paga manda, por lo tanto reclama y supervisa. Incluso el público se siente en el derecho de exigir cuando se usan fondos públicos, por lo tanto mientras más privado y cerrado sea un proyecto más posibilidades de éxito tiene.

El Ateje éramos Jesús y yo, ambos trabajamos en armonía y concretamos un propósito cultural firme en Miami, y por lo tanto en la capital del exilio. Sobre esto hay varios ejemplos.

¿Tiene en planes algún proyecto cultural alternativo tras cerrar la revista?

Cuando abrí El Ateje, hacía poco tiempo había concluido con Nexos, que hice con Carlos Sotuyo y que constituyó el cimiento de lo que luego fue El Ateje. De momento no he concretado nada. Pero como me conozco y siento que tengo un deber personal con la cultura cubana, sé que eventualmente haré algo nuevo o me involucraré en un proyecto que sirva para seguir impulsando la labor de los escritores cubanos exiliados, que somos ninguneados por el aparato cultural de poder en Cuba y por las instituciones culturales en muchas partes.

De momento estoy vinculado con el Instituto Cultural René Ariza (ICRA), cuya misión es la promoción y divulgación, a través de lecturas dramatizadas y presentaciones, del trabajo de los dramaturgos cubanos. Te prometo que cualquier nueva iniciativa te la haré saber. Por lo pronto mil gracias a los colaboradores y lectores de El Ateje.



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