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Como casi nadie sabe

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La poesía no deja de crecer en Miami, una plaza editorial caracterizada por la heterogeneidad. Y no es que la ciudad constituya, culturalmente hablando, un punto de referencia insoslayable: es que el modo de vida americano le ha prestado una agilidad y una independencia que la poesía, cada vez más en desventaja en editoriales, bibliotecas y librerías, agradece en todo lo que vale. Como le comentaba a un amigo semanas atrás, el mundo editorial miamense se distingue por la existencia de muchos pequeños editores más que por el monopolio de uno en particular.

Precisamente, uno de los editores cubanos que más suena últimamente en Miami es el también escritor y crítico teatral Rodolfo Martínez Sotomayor. Se cuentan por aciertos los títulos de su Editorial Silueta, como Palabras por un joven suicida y Trilogía del paria, del poeta y ensayista Joaquín Gálvez (un poemario que recomiendo adquirir).

La última propuesta de Silueta, Como casi nadie sabe, de Carlos Barrunto, no tiene desperdicio. Reproduzco fragmentos de uno de sus poemas más extensos, el que, como apunta el también poeta Manuel Vázquez Portal, está en condiciones de figurar en cualquier antología del género:

¿Cómo sentarse, entonces, a la mesa,

y saber que es ésta y no otra,

la misma mesa donde fluyeron las voces de la sangre,

escuchadas ya desde el fondo de un tiempo

rigurosamente presentido?

¿Y cómo volver otra vez sobre la fuente,

donde treman los rosales abiertos del agua,

y adivinar allí la sandalia libre

que se hunde en la luz, sólo un instante,

y regresa luego al infinito?

Hasta aquí llegamos agitando las banderas antiguas del amor,

y aquella muchacha, cuya imagen se ha marchado

para siempre del cristal que la busca,

era cierta como un grano de arroz, imposible todavía para la sombra.

Qué lejos estábamos entonces de este viento

que destapa las tumbas

y colma nuestro pecho de insectos delirantes.

Pero el desastre fermentaba en los espejos

como la sombra en la espalda inasible de la luz.

Ya lo decían aquellos duendecillos del misterio,

cuyos finos augurios apenas comprendimos

bajo los toldos de la felicidad remota.



Letras americanas

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Este 4 de julio se celebra un aniversario más de la independencia de Estados Unidos. Como homenaje, Cuba Inglesa reproduce fragmentos de la entrevista que aproximadamente tres años atrás, tras la reelección del presidente George W. Bush, concediera quien es uno de los clásicos vivos de la literatura norteamericana: Tom Wolfe.

La entrevista, si mal no recuerdo, apareció originalmente en El País, pero no he podido localizarla in situ, tampoco el nombre del periodista que la realizara. Contiene momentos interesantísimos en torno a ciertas clasificaciones políticas y, en general, a la cultura y el carácter americanos:

¿Usted votó a Bush?

Voté a Bush. No creo que el 11-S fuera un ataque cualquiera; alguien tenía que actuar, y Bush lo hizo. Por eso había que ir a la guerra en Afganistán. Y luego había que hacer algo más. Lo de Irak quizá fue una guerra equivocada, pero… No digo, ni mucho menos, que éste sea el mejor Gobierno que haya habido jamás, pero algo más había que hacer. Incluso aunque después las cosas se deterioraran, Bush hizo lo que tenía que hacer.

¿Bush ganó por la guerra o fue por los valores y la religión?

Si mira el mapa electoral verá que los resultados no son muy diferentes a los de 2000. La guerra ha tenido poco que ver. Y la religión…, no es que haya o no una derecha religiosa, es que hay mucha gente que es religiosa. Este país ha sido siempre tremendamente religioso. Ya De Tocqueville, en 1830, escribió que EE UU era la nación más religiosa del mundo, después de los países islámicos. Yo crecí entre esa gente a la que llaman la derecha religiosa. Eran personas de lo más normal. Todo el mundo era así, incluso los ateos. Nunca conocí a nadie que se proclamara ateo. Aunque uno fuera ateo, iba a la iglesia, que era lo que hacían las personas respetables. No por eso era de derechas. En cambio, aquí en el Este vivo entre escritores y periodistas, que son un grupo de gente mucho más laico, muy racional, o por lo menos eso creen ellos, y consideran que las creencias religiosas son una señal de vaciedad.

En Europa está muy extendida esa visión de la sociedad y la cultura norteamericanas, o la opinión de que Bush es un ‘cowboy’.

Seguramente, los comentaristas europeos deben de prestar atención a lo que dicen los de Nueva York. No hay nadie más que les escuche. Tal vez en Washington, pero nada más. Y lo que consiguen es que se extienda la falsa idea de que en EE UU todo el mundo opina eso de George Bush. Yo he tenido la ocasión de estar con Bush algunos minutos, hablar con él de literatura, y me pareció tan inteligente como el director de The New York Review of Books, considerada como la principal publicación literaria. No es que el director de la revista no sea inteligente, que lo es; es que Bush no es ningún idiota. Recuerde a Eisenhower, que fue presidente durante dos mandatos. Decían que era idiota; en las ruedas de prensa, su sintaxis era horrible, empezaba frases y no las terminaba. Era verdaderamente tonto; lo único que había hecho era ganar la II Guerra Mundial. Pues si eso es lo que hace falta para ganar guerras como aquélla, a lo mejor nos hacen falta unos cuantos idiotas más. O Reagan: de él decían lo mismo que se dice de Bush. Lo único que hizo, aquel idiota, fue ganar la guerra fría y forzar la caída de la Unión Soviética. Si eso es estupidez, que me den unos cuantos estúpidos. Yo hablo con gente no sólo en Europa, sino también aquí, en Nueva York; intelectuales convencidos de que tienen toda la razón y de que los americanos son estúpidos, que no tienen nada en la cabeza y se dejan engañar.

Pero…

Yo creo que este país es una democracia, y que a veces, seguramente, no ha elegido a personas con el máximo coeficiente intelectual. Pero no me parece que le haya ha ido nada mal, ha logrado bastantes cosas. Si se mira la lista de premios Nobel de Ciencias de los últimos 50 años, no está nada mal. Si pensamos en la invención y el desarrollo de los ordenadores, todo se debe a esa gente estúpida del Medio Oeste y el Oeste, porque en el Este, cuando uno tiene un hijo muy inteligente, no está bien visto que se dedique a la ingeniería, algo considerado ligeramente mejor que un trabajo manual. En el resto del país, los padres están encantados de que sus hijos se dediquen a esas cosas. Yo no tengo reparo –y esto me causa siempre un montón de problemas– en decir que Estados Unidos es un país maravilloso. Pero decir eso me convierte automáticamente en un paria.

¿Por qué?

Un escritor no puede decir que EE UU es un país maravilloso. No puede. Si alguien se atreve, que me lo presenten. Nadie que tenga una reputación literaria dice esas cosas. Si usted se encuentra con alguno en sus viajes, por favor, dígamelo. Aquí, como sabe, la bandera está por todas partes, y yo, a veces, llevo una pajarita con la bandera de Estados Unidos, o una insignia, y es como enseñarle un crucifijo a un vampiro; los escritores enseguida se retuercen y gritan: “¡No, qué horror, sal de la habitación!”. Pero a mí me divierten mi pajarita y mi insignia… Y acabo de comprarme unas zapatillas de deporte que también tienen la bandera. La gente del gimnasio al que voy no son intelectuales. Seguro que les gustan las zapatillas. Pero si me las pusiera para pasear por Tribeca, seguro que correría peligro [risas].

Bueno, usted está considerado como un escritor conservador.

En realidad, yo no debería decir que EE UU es un país maravilloso, porque sólo va a servir para empeorar las cosas. Tiene que explicar a sus lectores que es una cosa que he dicho sólo de paso, y que el libro no trata de eso, que es la historia de una chica inocente… [risas]. No hay política como tal en el libro. Ni en ninguno de mis libros, por lo menos en los más extensos. En Lo que hay que tener, que hablaba de los primeros astronautas, ¿dónde está la política? La hoguera de las vanidades, ¿era conservador o era progresista? Me llaman conservador, pero nadie sabe decirme qué es lo que pienso, qué es lo que quiero. Me lo llaman porque me burlo de la gente que valora la indignación moral por sí misma. Es lo que uno tiene que hacer cuando es progresista: tiene que estar siempre indignado por alguna cosa. Una vez, en los años sesenta, asistí a una conferencia en una universidad. Había varios intelectuales que estaban en contra de la guerra de Vietnam. Yo estaba escribiendo sobre los cambios en el comportamiento de los jóvenes. Allí estaban Günter Grass, Allan Ginsberg. Ginsberg no paraba de explicar que este país se estaba volviendo fascista, que todo presagiaba una época como la de Hitler. Y yo de pronto no pude más y estallé: “¿Pero de qué habla? Estamos en plena explosión de felicidad en este país”. Y era verdad. La gente ganaba mucho dinero, era la época del twist, la Bolsa no paraba de subir… Evidentemente, Vietnam era horrible; pero, aparte de eso, el resto del país vivía bien. Y entonces, Günter Grass, que no era precisamente un conservador, dijo: “Si fuera verdaderamente un Estado fascista, esta escena sería muy distinta. Usted lleva media hora hablando en contra de su Gobierno. Los nazis no le habrían dado esa media hora. Habrían entrado al cabo de cuatro minutos, y la reunión se habría terminado”. Todo el mundo se quedó impresionado, porque, al fin y al cabo, él sabía de lo que estaba hablando.

¿Qué América quiere usted contar en sus libros?

Mi única misión es descubrir. Éste es un país muy raro, y no quiero que nadie crea que yo entiendo todo lo que pasa aquí. Por eso me gusta salir por ahí, hablar con gente que no es como yo y tratar de entender lo que hace. Hay mucha libertad en este país; puedes poner en pie lo que quieras, cualquier cosa. Unos gánsteres crearon Las Vegas; lo interesante no es que fueran gánsteres, sino que no tenían formación; hay pocos gánsteres que acaben el bachillerato. Pero tenían libertad y dinero para crear Las Vegas, y eso es lo que me resulta interesante, no si debería existir Las Vegas o no.

Un artículo polémico

Roberto Luque Escalona, autor de un libro que disfruté mucho a mis veinte años, Los niños y el tigre, acaba de publicar un artículo francamente polémico, que el lector puede localizar completo en la página de Emilio Ichikawa. Más allá de las alusiones personales, hay ahí un tema de fondo que me parece debe rescatarse, y debatirse. Reproduzco algunos fragmentos:

“La primavera pasada (en Milán hay primavera) la Editorial Spirali publicó una colección de cinco libros de autores cubanos: Contra toda esperanza, de Armando Valladares, Escrito sin permiso, de Manuel Vázquez Portal, Mitos del antiexilio, de Armando de Armas, Saturno y el juego de los tiempos, de Carlos Carralero y Lorenzo y el cordero del diablo, de este holginero que escribe y juega en (el) Milan (sin acento). Los tres primeros, memorias de la cárcel y un ensayo sobre la demonización del exilio, en italiano. Los dos últimos son novelas en ediciones bilingües.

“Que yo sepa, fuera de Cuba nunca se había llevado a cabo una empresa editorial de esta envergadura con autores cubanos. Sin embargo, ha sido ignorada por la prensa escrita (con la natural excepción de Libre), radial y televisiva de esta ciudad que llaman la Capital del Exilio. Me pregunto si tan sólida indiferencia se deberá a que los cinco autores tienen historial de enfrentamiento a la tiranía en Cuba, a que todos han pasado por las cárceles o los centros de detención, lo cual sería un factor a tomar en cuenta si acaso decidieran participar en la política de producirse la democratización del país; por si no me entienden: esos tipos son de los hacen o pueden hacer sombra. Quiero señalar que cuatro de ellos viven en Miami. Para mayor desdicha, ninguno es homosexual (…).

“El problema es viejo, por no decir antiguo. Se llama envidia. Envidia y mezquindad, si los quiere en plural, que fueron la causa de que nuestro país entrara en “este callejón sin salida, sin vislumbres, rodeado de muerte” de que hablara Lezama. En todas las naciones hay envidiosos, pero cuando su número alcanza cierta magnitud, la nación que los produce se hace inoperante. De la envidia se nutren las revoluciones”.

Algunos de los títulos mencionados por Luque Escalona pueden ser adquiridos, en español, en la librería de Salvat en Miami: http://www.ediciones.com/index2.htm

Concurso de poesía juvenil

El activismo literario de la editora y poetisa cubana Maricel Mayor Marsans, residente en Miami, pica y se extiende. Esta vez la revista que dirige patrocina, junto al Centro Cultural Español de esta ciudad, un concurso de poesía para jóvenes. Una muy meritoria iniciativa. He aquí las bases:

El Centro Cultural Español de Miami y Ediciones Baquiana convocan al primer concurso de poesía “Nuevos valores de la poesía hispana”. El objetivo de este certamen es potenciar la cultura en el ámbito de este género literario y apoyar a los poetas más jóvenes. El resultado de esta convocatoria consistirá en la publicación del poemario ganador, con una tirada de 500 ejemplares, una placa de reconocimiento, la presentación del libro en un acto público en el CCE de Miami y la promoción del mismo, a través del portal cibernético de la Revista Literaria Baquiana.

Bases

1. Podrán optar poetas de cualquier nacionalidad, residentes del área del Sur de la Florida (Condados Broward, Charlotte, Collier, Glades, Hendry, Lee, Martin, Miami Dade, Monroe y Palm Beach), con una edad comprendida entre los 18 y 39 años, siempre que sus trabajos estén escritos en la lengua española.

2. Las obras presentadas deben ser originales e inéditas, admitiéndose un solo trabajo por concursante.

3. El tema será libre y la extensión de los originales no podrá ser inferior a 500 versos.

4. Los trabajos no deberán firmarse, presentándose bajo lema, con las hojas unidas, numeradas y escritas por una sola cara, usando el tipo de letra "Times New Roman", tamaño 12, debidamente grapadas, presilladas o encuadernadas. Se presentarán cinco ejemplares de la obra. Los trabajos vendrán acompañados de un sobre cerrado o plica, en cuyo exterior se repetirá el lema, figurando en su interior los datos personales del concursante, dirección y teléfono, así como un breve “Curriculum vitae” y copia de los documentos que acrediten su edad y domicilio en el Sur de la Florida.

5. El plazo de admisión de los originales quedará abierto a partir del día 1 de julio de 2008 y terminará el día 1 de septiembre de 2008, teniendo en consideración aquellos que, pese a llegar posteriormente, reflejen en el matasellos una fecha anterior a la del cierre de la convocatoria.

6. El fallo del poemario ganador será anunciado a través de un comunicado electrónico del CCE de Miami y Ediciones Baquiana el 1 de octubre de 2008.

7. El Centro Cultural Español de Miami y Ediciones Baquiana procederán a la edición y publicación de la obra ganadora. El ganador recibirá 100 ejemplares, para su distribución personal, como parte del premio.

8. La composición del jurado se dará a conocer con el fallo del premio. Las decisiones del mismo serán inapelables.

9. No se mantendrá correspondencia con los particulares y los originales no premiados serán destruidos.

10. La presentación de originales a esta convocatoria implica la plena aceptación de las presentes Bases.

11. Los interesados, podrán enviar sus poemarios por correo postal a la siguiente dirección:

Centro Cultural Español de Miami

800 Douglas Road, Suite #170

Coral Gables, Florida. 33134



El Profeta habla de los cubanos

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Este 5 de julio se cumplen seis meses del fallecimiento de Luis Aguilar León. En el homenaje Lundy, la memoria y el olvido, Carlos Alberto Montaner expresa sobre He aquí que El Profeta habla de los cubanos, el artículo más conocido del académico y periodista: se trata de “un texto irónico sobre la paradójica idiosincrasia de sus compatriotas, escrito a la manera del libanés Khalil Gibran, pero en un tono jocoso que endulza la crítica sin rebajar la oculta severidad”.

En lo de endulzar la crítica sin rebajar la severidad Aguilar León fue un maestro, máxime si se tiene en cuenta que los problemas culturales sobre los que en su momento puso el ojo no eran, no son, precisamente desdeñables. De cualquier manera, tras un siglo de construcción nacional fallida, la severidad –la autocrítica severa y a fondo- debería estar muy presente entre cubanos. Sin embargo, la intelectualidad exiliada, exceptuando las excepciones del caso, ha desdeñado con una puntualidad que ya comienza a resultar sospechosa estos delicados “extremos”. Para no hablar de la intelectualidad residente en Cuba, carente de espacios de expresión autónomos.

A uno le da por asumir que los extremos, en el caso cubano, son más de naturaleza cultural que ideológica. ¿Verdad de Perogrullo? Sí, ¿pero entonces qué? ¿Cabe dejar la evidencia indefinidamente en el aire? Cito largamente al académico y economista Jorge Sanguinetty en Luis Aguilar León, un cubano excepcional:

“El profesor nunca cayó en la trampa de atribuirle la causalidad única de la catástrofe revolucionaria a un bandido llamado Fidel Castro.

“Lundy encapsuló magistralmente algunos elementos críticos de ese análisis en el ya famoso artículo He aquí que El Profeta habla de los cubanos. Y yo creo que a pesar de lo corto de ese escrito, posiblemente sea la contribución más trascendente del profesor para la posteridad. Medio en chiste y medio en serio, Lundy disecciona algunos elementos de la cultura cubana que, en mi opinión, reflejan fortalezas y debilidades del carácter nacional que pueden servir para explicar cómo fue posible que un solo hombre, asistido por sus secuaces y por las turbas, se hiciera dueño y señor absoluto de Cuba (…)

“Pero las debilidades en cuanto a las posibilidades de acción colectiva se destacan cuando El Profeta afirma acto seguido que nos caracterizamos “en grupo por [nuestra] gritería y apasionamiento” y que reunirnos “es fácil, [unirnos] imposible. Un cubano es capaz de lograr todo en este mundo menos el aplauso de otros cubanos”. Y prosigue, “no discutáis con ellos jamás. Los cubanos nacen con sabiduría inmanente. No necesitan leer, todo lo saben”. Lo que se complementa más abajo con la proposición “no les habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura, los cubanos son hiperbólicos y desmesurados”.

“Yo no sé de ningún otro escritor cubano que se haya atrevido a tocar temas tan delicados como estos, ni siquiera en broma. Jorge Mañach se acercó algo en su Indagación del choteo, otros han tocado el delicado tema con cautela, rara vez por escrito o ante audiencias adecuadas, a sabiendas de los peligros de una reacción negativa. Al fin y al cabo, en los múltiples escritos cubanos rara vez aparece una preocupación de nuestros intelectuales de explorar las causas de nuestros males. Lo que abunda es la descripción y la denuncia de los crímenes y abusos del castrismo o del batistato, pero casi nunca vemos un asalto analítico a las condiciones sociales, culturales, sicológicas, etcétera, que propiciaron y hasta provocaron los movimientos dictatoriales de 1952 y 1959”.

El texto completo de Sanguinetty podrá ser leído en el próximo número de Herencia Cultural Cubana, a punto de salir de imprenta. En Internet, la revista puede ser localizada aquí: http://www.herenciaculturalcubana.org/

Por lo pronto, vale la pena releer el más célebre de los trabajos de Aguilar León, y uno de los clásicos del periodismo cubano. Parafraseando a Montaner, un texto irónico, que endulza la crítica sin rebajar la oculta severidad:

He aquí que El Profeta habla de los cubanos

un artículo de Luis Aguilar León

Este es, sin duda, el artículo más popular que he escrito en mi vida. Con risueña sorpresa ha llegado a mis manos traducido al inglés, reproducido en revistas y aun citado en un sesudo tratado de Sociología. Pero también lo he visto circular mutilado y, grande villanía, anónimo o con nombres extraños. Para remediar tales agravios, lo reproduzco en su forma original y definitiva.

Desde una roca en el puerto, El Profeta contemplaba la blanca vela de la nave que a su tierra había de llevarlo. Una mezcla de tristeza y alegría inundaba su alma. Por nueve años sus sabias y amorosas palabras se habían derramado sobre la población. Su amor lo ataba a esa gente. Pero el deber lo llamaba a su patria. Había llegado la hora de partir. Atenuaba su melancolía pensando que sus perdurables consejos llenarían el vacío de su ausencia.

Entonces un político de Elmira se le acercó y le dijo: Maestro, háblanos de los cubanos.

El Profeta recogió en un puño su alba túnica y dijo:

“Los cubanos están entre vosotros, pero no son de vosotros. No intentéis conocerlos porque su alma vive en el mundo impenetrable del dualismo. Los cubanos beben de una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen con su música. Los cubanos toman en serio los chistes y hacen de todo lo serio un chiste. Y ellos mismos no se conocen.

“Nunca subestiméis a los cubanos. El brazo derecho de San Pedro es cubano, y el mejor consejero del Diablo es también cubano. Cuba no ha dado ni un santo ni un hereje. Pero los cubanos santifican entre los heréticos, y heretizan entre los santos. Su espíritu es universal e irreverente. Los cubanos creen simultáneamente en el Dios de los católicos, en Changó, en la charada y en los horóscopos. Tratan a los dioses de tú y se burlan de los ritos religiosos. Dicen que no creen en nadie, y creen en todo. Y ni renuncian a sus ilusiones, ni aprenden de las desilusiones.

“No discutáis con ellos jamás. Los cubanos nacen con sabiduría inmanente. No necesitan leer, todo lo saben. No necesitan viajar, todo lo han visto. Los cubanos son el pueblo elegido... de ellos mismos. Y se pasean entre los demás pueblos como el espíritu se pasea sobre las aguas.

“Los cubanos se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia, y en grupo por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva la chispa del genio, y los genios no se llevan bien entre sí. De aquí que reunir a los cubanos es fácil, unirlos imposible. Un cubano es capaz de lograr todo en este mundo menos el aplauso de otros cubanos.

“No les habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura, y los cubanos son hiperbólicos y desmesurados. Si os invitan a un restaurante, os invitan a comer no al mejor restaurante del pueblo, sino ‘al mejor restaurante del mundo’. Cuando discuten, no dicen ‘no estoy de acuerdo con usted’, dicen ‘usted está completa y totalmente equivocado’.

“Tienen una tendencia antropofágica. ‘Se la comió’ es una expresión de admiración; ‘comerse un cable’, señal de situación crítica, y llamarle a alguien ‘comedor de excrementos’ es su más usual y lacerante insulto. Tienen voluntad piromaniaca: ‘ser la candela’ es ser cumbre. Y aman tanto la contradicción que llaman a las mujeres hermosas ‘monstruos’ y a los eruditos ‘bárbaros’; y cuando se les pide un favor no dicen ‘sí’ o ‘no’, sino que dicen ‘sí, como que no’.

“Los cubanos intuyen las soluciones aun antes de conocer los problemas. De ahí que para ellos ‘nunca hay problema’. Y se sienten tan grandes que a todo el mundo le dicen ‘chico’. Pero ellos no se achican ante nadie. Si se les lleva al estudio de un famoso pintor, se limitan a comentar: ‘a mí no me dio por pintar’. Y van a los médicos no a preguntarles, sino a decirles lo que tienen.

“Usan los diminutivos con ternura, pero también con voluntad de reducir al prójimo. Piden un favorcito; ofrecen una tacita de café; visitan por un ratico, y de los postres sólo aceptan un pedacitico. Pero también a quien se compra una mansión le celebran la casita que adquirió, o el carrito que tiene a quien se compró un coche de lujo.

“Cuando visité su isla me admiraba su sabiduría instantánea y colectiva. Cualquier cubano se consideraba capaz de liquidar al comunismo o al capitalismo, enderezar a la América Latina, erradicar el hambre en África y ayudar a los Estados Unidos a ser una potencia mundial. Y se asombran de que las demás gentes no comprendan cuán sencillas y evidentes son sus fórmulas. Así, viven entre ustedes, y no acaban de entender por qué ustedes no hablan como ellos”.

Había llegado la nave al muelle. Alrededor del Profeta se arremolinaba la multitud transida de dolor. El Profeta tornose hacia ella como queriendo hablar, pero la emoción le ahogaba la voz. Hubo un largo minuto de conmovido silencio. Entonces se oyó la imprecación del timonel de la nave: “Decídase, mi hermano, dese un sabanaso y súbase ya, que ando con el schedul retrasao”.

El Profeta se volvió hacia la multitud, hizo un gesto de resignación y lentamente abordó la cubierta. Acto seguido, el timonel cubano puso proa al horizonte.



Fortún, Santana y la saga Thamacun

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Dos características fundamentales identifican, a mi modo de ver, la obra del pintor y caricaturista Omar Santana (Las Villas, 1967). El poderío de sus imágenes –de su imaginación si se quiere-, en posición de absorber segundas y hasta terceras interpretaciones, y la versatilidad de una “caligrafía” capaz de regodearse en el detalle sin descuidar el conjunto.

Cuba Inglesa publicará próximamente un reportaje sobre su obra. Entretanto, reproducimos una excelente reseña del poeta Denis Fortún, cortesía de Fernandina de Jagua.

Santanizando

un artículo de Denis Fortún

El oficio de caricaturista para nada es un trabajo fácil. No es sólo asumir el reto de desdibujar al que se pinta y a su vez mantener los rasgos precisos que lo asemejan al rostro real sino, además, cuando se requiere, hacerlo con una sátira mordaz y desde la denuncia, de la que Santana es un maestro.

Llevo tiempo disfrutando las caricaturas, y pinturas, de Omar Santana. De hecho, cuando aún no lo conocía, guardaba en mi PC algunos trabajos suyos que veía en Encuentro…. Su obra, de la que conozco buena parte, es fresca, divertida pero en profundidad. Un inmenso puñal que pincha todo lo que ha de ser pinchado, con el indudable humor que lo caracteriza y con la implícita cavilación para disfrutar y utilizarla. Sus trazos, que a veces parecen infantiles, son precisamente los que lo distinguen de otros buenos caricaturistas en Miami, no muchos por cierto. De idéntica manera, son de una peculiaridad que más que señalarlo lo identifica; es decir, se trata de un artífice con personalidad y estilo. Si por azar te encuentras una caricatura de él en cualquier parte y no está firmada, puedes apostar con seguridad a que es un trabajo de Santana.

Recién en Delio Studios se presentó una parte de su obra. Una apretada síntesis de “Humor Santánico” que reunió a sus amigos y gentes que se complacen de su arte. Fue un chispazo que no puede dejar de mencionarse, y que ha de repetirse. Fue lo mismo un pretexto para conversar con él sobre lo que lo inquieta, que a su decir son muchas cosas, por lo que a veces no le alcanza el tiempo para dibujar todo lo que quisiera. Fue, asimismo, una buena oportunidad para explorar la obra del artista.

En fin, Santana es un creador de talla extra (a pesar de su delgadez extrema) que ya tiene un espacio dentro del arte cubano en el exilio. Igual dentro de la Isla, donde, amen de censuras, ha de ser reconocido en su momento. Es alguien al que se le agradece que siga caricaturizando de manera virulenta su tiempo.

La saga Thamacun

Precisamente Omar Santana es, hasta donde sé, uno de los contados cubanos de mi generación familiarizados con El Hecho Thamacun. En su familia, según me ha revelado, circulaban historias al respecto. Incluso, uno de sus familiares más cercanos residió fugazmente en el Reducto.

Precisamente Denis Fortún acaba de publicar en Fernandina de Jagua algunas impresiones sobre la saga thamacunesa. Los interesados pueden acceder al texto completo en su blog: http://fernandinadejagua.blogspot.com/

Aquí unos fragmentos:

“La narración de Thamacun constituye una saga, es por eso que la historia se desarrolla fragmentariamente, progresivamente. Además, se trata de una historia viva. Es decir, Cuba Inglesa es una especie de interpretación virtual del antiguo Thamacun –una suerte de herencia conceptual llevada a la práctica-, de la que participan hoy día, básicamente, descendientes de thamacuneses, cubanoingleses y cubanos exiliados. Aunque también he conocido ciudadanos de Cuba Inglesa de origen español y colombiano, y hasta un sudafricano.

“Geográficamente, el Thamacun anterior al Segundo Éxodo estaba ubicado a pocos kilómetros de Cayo Sal, al norte de Cuba. Los sucesos que determinaron la desaparición del enclave pronto serán narrados en el blog, pero puedo adelantarte que están relacionados con la desaparición, valga la redundancia, de Camilo Cienfuegos”.

Ilustraciones, Omar Santana



Estreno y presentación

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Presentación de Zona Desconocida, de Denis Fortún

Ediciones Itinerantes Paradiso, a cargo del crítico y ensayista Ignacio T. Granados, acaba de publicar Zona desconocida, un libro del poeta Denis Fortún. El lanzamiento del poemario, que recomiendo enérgicamente, tendrá lugar este viernes 25 de julio, a las ocho de la noche, en el Delio Photo Studio (2399 Coral Way, teléfono 305 856 5632). Zona desconocida será presentada por Armando de Armas.

En Zona desconocida Fortún hace con la décima -un género ninguneado por la intelectualidad cubana más críptica- literalmente lo que le da la gana. Atraviesa las imágenes sin que el corsé métrico que se echó encima lo predisponga, y hasta se da el lujo de metaforizar el mar a través de una cronología en la que la palabra sale ganando:

Pintura que en galerías

de algas tendrá que exhibirse;

requisitos: prohibirse

críticas, pedanterías.

El pez me abraza; porfías

dando al silencio colores;

criatura, mil sabores

le entregan a tu paciencia

otra mar, que en tu presencia

se inclina y te brinda honores.

Jorge Salcedo estrena blog

Es preciso saludar el estreno de http://salcedodiario.blogspot.com/, un espacio que promete mantener la blogosfera cubana en permanente ebullición. Salcedo, que se deja ver esporádicamente por Cuba Inglesa, nos regaló hace poco una décima que da la medida de lo bien que podemos pasarla en su blog.

Fidel Castro responde a míster Parmly, jefe de la SINA, aceptando su oferta de conectar Cuba a Internet a través del cable submarino Miami-Cancún:

Quiero en este matutino

informarles que he aceptado

la oferta de ser clavado

por un cable submarino.

Rapidísimo y genuino,

de Maisí hasta Caimanera,

en Cuba podrá cualquiera

conectarse en banda ancha.

No quiero que haya revancha.

Adiós, Raúl. Cambio y fuera.



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