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Actualizado: 31/10/2014 17:24
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| Opinión

Martí, República Dominicana

Degradando la memoria de José Martí

Hasta dónde los dirigentes cubanos poseen atributos morales y políticos para intentar un homenaje a Martí

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El gobierno cubano va a conmemorar el 160 aniversario de José Martí con una nueva conferencia internacional “por el equilibrio del mundo” coauspiciada por la UNESCO. Según más o menos dijo su secretario ejecutivo es el rescate de una ética basada en los principios martianos para ayudar al mundo a salir del agujero en que se encuentra.

Obviamente, la primera inquietud que brota es hasta dónde los dirigentes cubanos poseen atributos morales y políticos para intentar semejante hazaña, con sus nada envidiables récords en reprimir disidencias, dividir una nación, desterrar a los que emigran y luego despoblar poco a poco a la isla y sus cayos adyacentes. Pero no es a eso a lo que me quiero referir, sino, en mi calidad de cubano/dominicano, a analizar el significado que tiene la presencia del expresidente dominicano Leonel Fernández entre los invitados de gala.

Leonel Fernández era, cuando lo conocí personalmente, un joven talentoso e inquieto que desde el Partido de la Liberación Dominicana de Juan Bosch abogaba por la regeneración nacional y la pulcritud pública, con un tenue programa social que lo acercaba a la izquierda moderada. En 1996, por uno de esos giros de la política, fue elegido presidente por una alianza de base racista y derechista a la que Juan Bosch —ya en estado de decrepitud senil— fue empujado. Desde entonces ha sido presidente por 12 años, y en cada uno de ellos se ha esforzado por renegar con más determinación de sus principios políticos originales.

Sus gobiernos se han caracterizado por una corrupción de gran escala, expresión realmente superlativa en un sistema político y administrativo tan corrupto como el que impera en República Dominicana. Esa corrupción le ha dado una base de poder inigualable, y le provee de una plataforma pública basada en la Fundación Global (FUNGLODE), una institución que —según una reciente denuncia de uno de los juristas más prestigiosos del país— se alimenta de fondos ilegales.

La FUNGLODE organiza frecuentes francachelas académicas pagadas con dinero de dudosos bolsillos. A ellas, Leonel Fernández invita a altas figuras del jet set académico con lo que satisface su ego intelectual. Y para darse un baño de izquierdismo, invita, y paga bien, a académicos y funcionarios cubanos que denuncian al neoliberalismo y abogan sin sonrojos por la democracia y el socialismo del siglo XXI.

Desde su gestión presidencial, Leonel Fernández ha potenciado lo peor del sistema nacional. En sus gobiernos, la policía nacional ha asesinado en las calles a miles de jóvenes pobres, unos delincuentes y otros no, en lo que constituye una práctica aberrante frecuentemente denunciada y documentada en los foros internacionales. Y al mismo tiempo ha seguido una política económica y fiscal concentradora, lo que produce más pobres insatisfechos para asesinar. En su último gobierno la sociedad dominicana se movilizó para la obtención de un 4 % del PIB para la educación, a lo que el entonces presidente dominicano se negó rotundamente calificando de “pre-modernos” a los líderes populares.

En 2010 —en pacto espurio con la alta jerarquía católica, la derecha más impresentable y los empresarios— promulgó una constitución que ilegaliza el aborto en todas sus formas, estigmatiza los derechos de los homosexuales, privatiza las playas y abre el camino para un sistema excluyente frente a los inmigrantes haitianos, lo que se continuó con una política xenofóbica.

En política internacional, Fernández se ha promovido internacionalmente a expensas del tesoro público, pero sin llegar nunca a modernizar el sistema de relaciones exteriores o de dotar al país de una política internacional. En consecuencia, al mismo tiempo en que el país se mueve a ciegas en el planeta —digamos que todavía reconoce a Taiwán como la legítima China— Fernández ha intentado mediar en cuanto conflicto internacional le ha pasado por el lado (siempre sin éxito) y asistir a cuanto foro internacional ha sido posible, siempre como orador de relleno. Su único actuar meritorio fue su solidaridad con los damnificados del terremoto en Haití en 2010, pero ha sido un mérito sepultado por una denunciada orgía crematística en la reconstrucción que supuestamente le ha beneficiado a través de un lúgubre personaje que opera como su bolsillo derecho.

En ocasión de las elecciones de 2012, en que trató en vano de presentarse como candidato, Fernández impuso al candidato triunfante a su esposa como vice, y pagó una suma atroz de dinero en la campaña para garantizar la continuidad y la impunidad. Lo logró, y de paso abrió un proceso relámpago de construcciones de obras que se agregaron a los gastos multimillonarios que ha efectuado en la capital. En consecuencia, hoy el país es más pobre y la ciudad tan disfuncional como siempre. Y la sociedad dominicana está pagando un monumental déficit fiscal que inevitablemente incrementará la pobreza y la concentración de la riqueza.

Que semejante figura política sea recibida por el gobierno cubano y agasajada por todos los comensales de su sospechosa FUNGLODE, lo entiendo. Al final, Leonel Fernández también ha jugado ocasionalmente en el bando bolivariano a cambio de petróleo subsidiado cuyos beneficios nunca han llegado a la mitad pobre de la población dominicana. Y los comensales deben agradecer al anfitrión de viajes, hoteles y honorarios. El propio Armando Hart ha sido un invitado de sus convites “por-un-mundo-mejor” regularmente acompañado de unas comitivas numerosas que hoy dan gracias con esta invitación. Y el gobierno cubano anda tras una contrata de servicios para un plan de alfabetización que le podría proveer de algunos milloncitos y de alguna influencia política.

Que Fernández sea acompañado en este burlesque por figuras denunciantes del mismo sistema que Fernández no solo representa, sino que ha degradado, es también entendible. Al final Atilio Borón, Pérez Esquivel, Ramonet y Fray Betto son tan parte del establishment como Fernández, solo que retóricamente y en el ladito izquierdo, y de hecho algunos de ellos también han sido comensales de Fernández a costa de los impuestos que pagamos los dominicanos. Son tanta vergüenza como Fernández.

Lo que francamente me molesta es que usen a Martí para esto. No es que Martí haya sido un santo, pero todos coincidiríamos en que fue un hombre decente y recto, lo cual para mí significa muchísimo. Fue un demócrata convencido. Y con sus casi 120 años de muerto, no puede ni protestar, ni vomitar.

No tiene más remedio que tragarse en silencio homenajes y admiradores.


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Monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución, antigua Plaza Cívica, en el Vedado, CubaFoto

Monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución, antigua Plaza Cívica, en el Vedado, Cuba.