Actualizado: 20/09/2017 13:35
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Nunes, EEUU, Trump

Devin Nunes, el equilibrista

Los demócratas han comenzado a llamar al representante Devin Nunes el “White House stooge”, y tienen razones para ello

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Todo el escándalo creado por el presidente Donald Trump, con los tuits de que el exmandatario Barack Obama había ordenado interceptar sus comunicaciones, parte de dos supuestos: uno, que Trump es inocente; dos, que Obama llevó a cabo dicha acción como una forma de represalia política.

Ambos dejan fuera una tercera razón, y es que existieran motivos, por parte de los servicios de inteligencia, para incluir las comunicaciones de Trump, o principalmente de miembros de su campaña, en una investigación sobre las operaciones de una potencia extranjera enemiga en suelo estadounidense.

El stooge es una figura muy conocida en la comedia norteamericana. Puede traducirse como “hombre de paja”, paniaguado, seguidor, y en una acepción más perversa como secuaz. Es la víctima predilecta del comediante, y también personifica al hombre común, corriente y cotidiano, que representa al espectador. En una relación simbiótica, el uno no existe sin el otro, pero en dicho vínculo el stooge siempre ocupa un papel secundario. En una comedia es el actor cuya labor posibilita a la estrella del espectáculo que él, un pobre tipo, luzca como un tonto.

Sin embargo, en un sentido más amplio, el stooge es el individuo que es obligado, o pagado, por alguien con recursos, para llevar a cabo una labor secreta o poco placentera en favor del poderoso.

Los demócratas han comenzado a llamar al representante Devin Nunes el “White House stooge”, y tienen razones para ello.

El viernes 24 de marzo Nunes dijo a los reporteros que había recibido información de que el presidente Trump, o miembros de su equipo, habían sido captados “incidentalmente” en conversaciones intervenidas por las agencias de inteligencia estadounidense, como parte de su labor de vigilar supuestas labores de espionaje.

Cuando fue preguntado por más datos, Nunes se remitió al argumento de no querer entrar en detalles, para así no obstaculizar que otros con informaciones pertinentes al caso se arrepintieran de ofrecerlas.

La lógica de tal razonamiento es la misma en que se basan los reporteros para proteger a las fuentes anónimas, un procedimiento que Nunes ha criticado abiertamente y en público.

La conclusión es que, hasta el momento, no se sabe con claridad a que se refirió el legislador. Aunque ello bastó para que luego Trump dijera que se sentía “reivindicado” con tal comentario.

Lo que al parecer comienza a conocerse es de donde sacó dicha información Nunes. El 30 de marzo el diario The New York Times publicó que lo divulgado por el legislador a los periodistas había salido de la propia Casa Blanca.

Según el Times, varias fuentes oficiales le confirmaron que esas dos fuentes de Nunes presuntamente son Ezra Cohen-Watnick, director de inteligencia del Consejo Nacional de Seguridad, y Michael Ellis, abogado en materia de seguridad nacional de la Casa Blanca.

Así que el jefe del gobierno se siente “reivindicado”, con lo que dice su propio gobierno. ¡No faltaba más! Aunque hay que añadir que en el caso de Trump nunca se sabe. Todo depende del próximo tuit.

Al ser consultado al respecto, el portavoz presidencial, Sean Spicer, evitó referirse explícitamente a esas informaciones sobre la identidad de las dos personas que, según el Times, proporcionaron la información a Nunes.

El congresista está jugando ese papel del compañero de acto, figura secundaria o seguidor del comediante o estrella, en este caso Trump. Decirle alcahueta sería ir demasiado lejos. Mejor llamarlo equilibrista.

No solo los demócratas ponen en duda la labor del legislador. El senador republicano John McCain se ha cuestionado su liderazgo de la comisión, y se ha hecho eco de los llamados para que se establezca un grupo independiente que lleve a cabo la investigación sobre la interferencia rusa.

Mientras tanto, Nunes sigue caminando por una cuerda cada vez más floja.


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