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Actualizado: 20/12/2014 5:25
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Diálogos, Cambios

El “Dialoguero” Alemán y la lógica intransigente

Fueron las políticas concretas de intercambio, no la retórica incendiaria ni las listas de lavandería, las que cambiaron la mentalidad de las elites de los países comunistas

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Si la resistencia berlinesa a todos los totalitarismos, de derecha e izquierda, tuvo un nombre, ese fue Willy Brandt, el líder socialdemócrata, alcalde de Berlín y luego canciller de Alemania. Brandt entendió desde el principio que el mejor martillo contra el muro comunista era la libertad. Inició la Ostpolitik o política hacia el Este, abrió canales de comunicación y viajes entre las dos Alemanias, de comercio y distensión con los países detrás del muro. La reunificación de Alemania comenzaba por la reconciliación de los alemanes. No faltaron los “duros” que en Alemania lo acusaron de “dialoguero” y flojo, bramando por cortar el comercio y hasta el turismo occidental a la URSS y las visitas familiares a la Alemania del Este.

La democracia germano occidental no era perfecta, pero nada ocultó una realidad palpable, mientras a los alemanes orientales se les imponía un bochornoso muro, los alemanes occidentales podían ahorrar su dinero y pagarse su viaje. Mientras la maquinaria comunista insistía que solo dentro del socialismo tenía sentido la familia, del otro lado, en Alemania Occidental, en todas las comunidades religiosas se invocaba a Dios para que un día la familia celebrase unida, sin barreras ideológicas.

Brandt y el demócrata-cristiano Konrad Adenauer pactaron un sistema político de gobernabilidad en torno al centro. La batalla no solo fue contra los comunistas y fascistas sino también contra los liberales del FDP, a favor de un capitalismo sin regulación. El sistema creado en la República Federal, posterior a la segunda guerra mundial, descansa en la alternancia entre la socialdemocracia y la democracia cristiana. Existen obvias diferencias entre ambos partidos pero ambos convergen en promover un liderazgo alemán responsable en Europa y el mantenimiento de un estado de bienestar, con una economía mixta en la que el Estado, sin sacrificar la eficiencia, mitiga los excesos y resuelve las fallas del mercado. Cuando uno de esos partidos gobierna, el otro funciona como oposición leal.

El sistema en torno al centro político creado por Brandt y Adenauer no ha sido excluyente hacia otros partidos, menos comprometidos con la estabilidad, los intereses nacionales y el estado de bienestar. Los “demás” tienen la oportunidad del coro en el drama griego, comentan y exclaman, pero no son protagonistas. Cuando los partidos menores se acercan al diez por ciento de la representación proporcional en el Bundestag, una gran coalición de los dos grandes partidos les recorta las alas. La gran coalición implementa y adopta selectivamente ideas positivas de otros grupos como los verdes o el FDP, pero siempre los reduce a su condición menor. La gobernabilidad, el progreso con orden, se preserva.

Contra el muro: el diálogo

Cuando la elite soviética, ya desilusionada del sistema comunista, negociaba el fin de la guerra fría en la figura de Gorbachev, el presidente Ronald Reagan le pidió que derribara el muro. El sueño fue realidad en noviembre de 1989 cuando la esperanza venció al rencor. Masivas manifestaciones nacidas desde las iglesias de Dresden, Berlín y Leipzig, donde se les recordó por años a los alemanes, (a todos, a los del gobierno comunista, a la oposición, o a la mayoría que simplemente deseaba comer mejor y escuchar a Madonna) sus derechos y deberes ciudadanos.

Algunos mentecatos usan el artistaje de Reagan al pronunciar la frase “Gorbachev, derriba este muro” para evocar una supuesta magia de duros conservadores que abren puertas al estilo de Alí Baba. Según esa lógica, la clave sería “hablar claro” e insultar a los comunistas. Tal teoría de la intransigencia verbal carece de evidencias que la apoyen. Al salir de Shangai en 1972, después de “la semana que cambió al mundo” en la visita de Nixon a China, Henry Kissinger reiteró al primer ministro Zhou En-Lai que lo importante era lo que ellos habían discutido. Ante la sonrisa mandarina de Zhou, Kissinger anunció que, debido a las diferencias entre sus sistemas, tendría que decir a la prensa, “tanta verdad como fuera posible”.

Fueron las políticas concretas de intercambio de Willy Brandt y Kissinger, no la retórica incendiaria ni las listas de lavandería, las que cambiaron la mentalidad de las elites de los países comunistas, factor fundamental en los cambios ocurridos. Fueron los contactos pueblo a pueblo y la diplomacia constructiva los que abrieron brechas que cambiaron sociedades antes de cambiar sistemas.

Durante la guerra fría, se condujo un experimento en condiciones óptimas. Después de tratar intervenciones armadas, sanciones económicas indiscriminadas, y subversiones, Occidente optó por una contención “paciente y vigilante” hacia los comunismos. Promovió la interacción pragmática, el intercambio y la diplomacia constructiva. Las sociedades y los estados en cuestión cambiaron significativamente. La excepción ha sido Cuba. La política de EEUU hacia La Habana ha sido todo lo contrario a las recomendaciones de Willy Brandt. En lugar de promover puentes con la Isla, la política estadounidense construyó muros. Los resultados hablan, menos cambios en Cuba que en todos los otros países, y más dificultades para avanzar reformas y liberalizaciones.

“¿Y cuanto más hay que esperar para que el embargo tenga resultados?” —preguntó Dan Erikson, hoy en el Departamento de Estado y autor del libro Las guerras de Cuba en un panel organizado por Raíces de Esperanza en Miami en 2009. “No sé” —contestó Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami— “hay que ser paciente. Los judíos esperamos dos mil años”. La visión de los defensores del embargo es tan larga que, después de cincuenta años, sus pronósticos “aún” no se han cumplido. Frente a los “dialogueros”, que abogan por políticas de intercambio, la derecha cubana solo le pide, amigo lector, esperar “un poquito más”.


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