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Actualizado: 30/07/2014 20:09
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| Opinión

Donaciones

El negocio de las donaciones a Cuba

Desde lápices hasta motocicletas, incluso automóviles, entraron en la Isla gracias a una estrategia creada para sobrevivir

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Después de la desintegración del grupo del MININT conocido como MC (Moneda Convertible), a raíz del descubrimiento de que sus jefes estaban involucrados en el narcotráfico y de la caída del campo socialista, el Gobierno de Cuba fue en busca de otras estrategias para sobrevivir en el “Período Especial”. En la década de los noventa se pusieron de moda las donaciones a Cuba.

Una parte del material que entraba a la Isla provenía de grupos de solidaridad, de izquierda, de todos los rincones del planeta, y se dice que otro por ciento provenía de las compras del propio gobierno en el extranjero, pero de forma más discreta que como operó por años el Grupo MC.

¿Qué tipo de objetos o mercancías llegaban a Cuba como “donaciones”? La respuesta es: “de todo”, desde lápices hasta motocicletas, y se dice que hasta autos. Llegó un momento en que el gobierno creó un departamento para este asunto, denominado “donaciones”, que funcionaba como una empresa independiente y tenía su propio director.

Conozco bien el tema porque tuve tres amigos que trabajaron en “donaciones”. Uno de ellos tenía un cargo bastante importante dentro de dicha dependencia, otro de ellos era chofer de uno de los camiones que transportaban las mercancías. Aparentemente, tenían funciones muy diferentes, pero en algo eran idénticos: robaban hasta la saciedad para vender en el mercado negro cuanto artículo les llegaba.

El que era chofer, que le decían “el chino”, tenía mecanismos bastante burdos. Se ponía de acuerdo con algún compinche para en un punto de la ruta de traslado entregarle todo lo que fuera capaz de cargar. El otro, el ejecutivo, que además era un tipo muy inteligente y más sofisticado, se las ingeniaba para sacar la mercancía por la puerta con papeles de destino falsos.

Pero al final el destino era el mismo: sus vecinos y amigos del barrio que le comprábamos casi de todo lo que se robaban. El ejecutivo usaba un cuarto de su casa como showroom donde mostraba la mercancía a sus clientes. Por ejemplo, una vez tenía en exhibición todos los accesorios necesarios para la instalación eléctrica de una casa u oficina: interruptores, tomas de corriente, cables, canaletas, etc., y de varias marcas y modelos.

El camionero gustaba más de vender artículos de primera necesidad, como jabones, detergentes, champú, cosméticos; o alimentos, como leche en polvo, latería de comida, café, etc. La primera vez que conocí el detergente “Ariel”, hecho en México, fue con él. En esa ocasión tenía bolsas de varios tamaños y varias marcas y a muy buenos precios, a la mitad del costo en las shopping.

Fue a finales de la década de los noventa que, de momento, empezaron a verse en La Habana motocicletas modernas de baja y mediana cilindrada, de marcas japonesas como Honda o españolas como Derbi, antes de que empezara el gobierno a vender las scooter a extranjeros y empresas en la tienda de la Calle 23 en el Vedado, o en la ensambladora en Lawton. Pues bien, esas primeras motos de modelos más llamativos, deportivas, entraron por “donaciones” y de alguna forma se las arreglaron para legalizarlas y venderlas a quienes tenían para pagar por ellas. Todas tenían traspaso. (La moto que aparece en la imagen fue adquirida por el mecanismo de “donaciones”, la foto fue tomada en 1997 en el exclusivo reparto Atabey).

Los altos jefes de “donaciones” se volvieron muy poderosos. Ante la escasez de gomas para autos, baterías y otras refacciones (repuestos), los jefes de todos los ministerios y empresas tenían que recalar en “donaciones” para asegurarse de que sus autos no dejaran de caminar. Se hicieron en aquellos tiempos todo tipo de trueques y “arreglos” para canalizar las donaciones a los mejores postores. Eso sí, de cada tipo de artículo siempre tenían a buen resguardo una cantidad determinada, por si el Comandante lo mandaba a pedir, ya fuera para su “reserva” o para el destino que se le ocurriera. Quizás por eso duraron tanto tiempo “ordeñando la vaca”, supieron aprovechar la coyuntura y hacer una fortuna sin meter la pata.

El camionero sí duró poco en “donaciones”, parece que una de las veces al chino se le fue la mano y lo botaron por avaricioso.


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