Actualizado: 22/02/2017 13:58
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Cuba, Iglesia Católica, La denuncia de hoy

El nuevo arzobispo de La Habana y el vericueto mental

¿No es permanecer en el pasado cuando se busca mantener un sistema político que ya es pasado para los países de Europa donde existió?

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Creo que salimos de un arzobispo medio bitongo pero que tenía su encanto al hablar y gesticular de tan dulce manera y que, además, no obstante la alcurnia que se daba, por ejemplo, al referirse al poco nivel cultural de algún disidente o “revoltoso” cubano, pues... sabía negociar con el Gobierno de la Isla; sabía Jaime Ortega Alamino hacer sus guiños para aquí y para allá...

Salimos de Ortega Alamino, decía, para caer ahora en manos de un muchachón que viene lanzando la bola por el mismo medio: monseñor Juan de la Caridad García no desea que en Cuba “haya un capitalismo ni nada por el estilo, sino que el socialismo progrese”. De esta forma la población cubana iría “hacia adelante [y se convertiría] en una sociedad justa y equilibrada y de hermandad”. Esto lo expresó recientemente el flamante arzobispo en una entrevista para la Associated Press.

Según los datos que tengo, monseñor Juan de la Caridad García nació en 1948, de modo que cuando triunfó la revolución cubana, él contaba con 11 años de edad. Así, no tengo dudas de que el nuevo arzobispo, allá en su niñez camagüeyana, escuchó muchas, muchísimas veces, lo mismo que ahora él está pidiendo: “una sociedad justa y equilibrada”, “un socialismo” en progreso.

Estos logros entonces se daban por seguros, a corto y a mediano plazo, ¿verdad?

Pues bien, lo dicho por monseñor Juan de la Caridad en la entrevista referida es, como diría el borrachín del cuento: “lo mismito del año pasado”. O aun podríamos aplicar una paráfrasis: “Lo mismito del siglo pasado”.

Me surge una pregunta: ¿es importante lo que desee o no para el pueblo cubano el arzobispo Juan de la Caridad?

En mi opinión, no. A mí me importan tres timbales lo que él desee o deje de desear.

Y lo mismo, estoy seguro, expresaría el pueblo de Cuba. Solo necesitaríamos que le preguntasen. Que se llevara a cabo un referéndum, una encuesta o algo así y veríamos que la toma de posición política —porque eso y no otra cosa es— de monseñor Juan de la Caridad no le interesa para nada a la población de la Isla.

Me refiero, naturalmente, a ese cubano de a pie que no goza de los mismos privilegios de techo, comida y vino tinto que para el nuevo arzobispo son el pan nuestro de cada día.

Por otra parte, en la entrevista aludida, monseñor Juan de la Caridad García expresa: “Siempre hubo personas fieles, que se quedaron a pesar de las grandes dificultades al inicio de la revolución”.

¿De dónde habrá sacado monseñor este dato? Nadie sabe. Seguramente de vecinos, padres de sus condiscípulos, parientes, etcétera, que “se quedaron no obstante las grandes dificultades al inicio de la revolución”. De cualquier manera esto es muy elemental, algo así como un calzo vano para reforzar un argumento igual de vano.

En la expresión citada es imposible dejar de resaltar “hubo personas fieles” —el subrayado es mío—, ¿fieles ante quién?, ¿ante Dios?, ¿ante la Revolución?... Pues... ubico este dicho en los inicios de la década de 1960 y, de verdad de verdad, me confundo soberanamente.

Sin embargo, el verdadero jonrón lo conecta monseñor Juan de la Caridad García cuando sentencia: “No se puede vivir en el pasado”.

Pero resulta que antes ha dicho que no desea el capitalismo para Cuba. ¿Y entonces? ¿No es, más que volver al pasado, permanecer en el pasado cuando se intenta la mantención de un sistema político que ya es pasado para los países de Europa donde existió?

¿No sería posible, entre todos los cubanos, retomar el capitalismo y asumir “una sociedad justa y equilibrada y de hermandad”.

Yo creo que sí.


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