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Actualizado: 30/09/2014 10:14
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| Opinión

Silvio Rodríguez, Huracán Sandy

La pobreza de Silvio Rodríguez

Quien considere al cantautor entre los pobres de Cuba, yerra, él es rico y no sufre las profundas penurias del cubano de a pie

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Dice en una de las más recientes entradas de su blog Segunda cita, a raíz del paso del huracán Sandy por la Isla, que [el gobierno de Cuba] ha recibido “muchas muestras de solidaridad por el daño que nos hizo el huracán Sandy”. Dice “nos”. Pero lo cierto es que en todas partes, incluida Nueva York, quienes resultan realmente afectados por los huracanes son los más humildes, como ha pasado ahora en Cuba.

En el texto referido, incluye el cantautor las respuestas a un razonamiento que les envió a sus amigos poetas, también cubanos y residentes en la Isla, Guillermo Rodríguez Rivera y Víctor Casaus (los tres tienen internet, en Cuba), que titula “Materialmente pobres”. En estas líneas, que debemos suponer resultan un resumen de las ideas de los tres creadores, Rodríguez comienza enumerando la pobreza de bienes naturales que hay en Cuba para luego dejar claro que “Nuestro más valioso yacimiento es el humano, porque gran parte del pueblo está instruido, gracias a una política correcta que se instauró desde hace medio siglo. Eso y la tierra, aunque es difícil que un pueblo educado decida dedicarse a la agricultura. Los estudios relacionados con el campo trataron de estimularse, pero la mayoría quería ser médico, ingeniero, arquitecto, o sencillamente vivir en las ciudades”. Como vemos, la primera línea de esta cita, en general se parece al abecé para adoctrinar a los incautos, esgrimido por Fidel Castro hace medio siglo, “lo más valioso es nuestro yacimiento humano”, y en ella suma Rodríguez que “gran parte del pueblo está instruido”. Creo que esto es relativamente cierto, pero poniendo aparte que esa instrucción es condicionada debido a la entrega de la individualidad hacia el Gobierno, a la sumisión ideológica previa, debe aclararse que el cubano es en gran medida un pueblo sin educación integral, carente de una civilidad que le ha sido negada por la dictadura, inculto por tanto y lamentablemente desinformado gracias al monopolio oficial de la información, que incluye el no acceso a internet. Así, Rodríguez creo que se confunde y cita más adelante, como vemos, a “un pueblo educado”; nada más lejano de la verdad si tomamos en cuenta, por replicarlo solo en parte, que la educación incluye las buenas maneras y el civismo antes referido, además de un amplio espectro de los más variados y contrastantes conocimientos del mundo todo.

Anuncia Rodríguez en otras líneas de su texto que “La Revolución hizo dos reformas agrarias y repartió tierras a quienes las querían trabajar, pero por una política agraria sin luz larga los hijos de los propietarios de tierras se fueron de los campos, y hoy resulta que hay que importar la mayoría de los alimentos que consumimos, a pesar de que podríamos producirlos”. No dice nada de las aberraciones de Fidel Castro que llevaron a la destrucción de una de las agriculturas con más tradición y rendimiento de América Latina. No dice que de la otrora floreciente industria azucarera —que hoy sería una de las esperanzas de supervivencia—, solo quedan despojos, por causa de dichas aberraciones, y del voluntarismo castrista en general.

Avisa el cantautor en otro fragmento del texto en cuestión: “No me ofende que alguien nos diga pobres, porque somos dignos. Fuimos capaces de lanzarnos a una concepción elevada del ser humano”. Se incluye de nuevo con el “nos”. Quien considere a Rodríguez entre los pobres de Cuba, yerra, él es rico. No sufre las profundas penurias del cubano de a pie ni, de paso, se halla bajo el terror oficial que agobia a sus compatriotas. De modo que sí debería ofenderse porque alguien le dijera pobre, o creo que lo más inusitado es que se proclame pobre. Dice que “somos dignos”. De nuevo se incluye. ¿”Digno” quien, olvidado de la profunda inopia en que viven sus compatriotas, silenciados ayer y hoy por una dictadura de más de medio siglo, se dedique a escribir un paradisíaco blog para extranjeros?

Agrega Silvio Rodríguez refiriéndose a la revolución castrista y de nuevo a sí mismo: “Quizá pecamos de idealistas, pero teníamos dos mundos que comparar: el injusto que habíamos vivido y el solidario que soñábamos construir”. No dice que aún el castrismo sigue pecando de “idealista”, o de algo peor, creo. Fidel Castro tiene el triste mérito de haber alargado la agonía de su pueblo, hasta hoy, por 21 años, a partir de que el socialismo real, que había demostrado su ineficacia, desapareciera totalmente en Europa en 1991, y así Castro proclamara lo que con todo cinismo llamó “Período Especial”, la etapa de más miseria que ha conocido la Isla de Cuba y que ya se extiende por más de dos decenios. No añade Silvio Rodríguez que el “mundo”, debemos entender “justo”, que la revolución castrista construyó o ha intentado construir, resulta una aberración donde la paz familiar es inexistente, donde la corrupción y las más bajas pasiones afloran a causa del dictado de la supervivencia, donde son reprimidos con violencia los pocos hombres y mujeres que se atreven a protestar y que finalmente van a dar a la cárcel; donde los ciudadanos están privados de la información y los derechos más elementales. No agrega que de ese mundo “justo” hay dos millones de ciudadanos que han huido y se encuentran dispersos en 57 países. Y menos expresa el cantautor que hoy una masa indefible de cubanos —puesto que no existe un censo al respecto—, estaría dispuesta a abandonar su país, que sería lo mismo que abandonar una zona de desastre donde ya no hay nada que hacer que no fuese vivir sin la más mínima esperanza y sumido en el control estatal, en la doble moral, en la oscuridad total.

Hacia el final de “Materialmente pobres”, el cantautor cubano escribe: “Si pensamos que es justo que todos tengamos derechos, no debemos olvidar que también es muy justo que todos aportemos”. ¿Qué derechos tienen hoy los cubanos residentes en la Isla? ¿Podría él enumerarlos? ¿Qué otro aporte se le puede pedir a un pueblo que lo ha hado todo en más de media centuria, un pueblo agotado, que apenas sobrevive, que ha sido engañado una y otra vez a lo largo de 53 años?

En fin, luego de leer el texto de Silvio Rodríguez, solamente se me ocurren tres maneras de calificarlo.

  1. Senectud precoz.
  2. Candor genético.
  3. Cinismo.

El lector que decida.


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