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Tres aproximaciones a la crisis financiera

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La crisis financiera está en boca de todos, y todo parece indicar que inclinará la balanza en las elecciones de noviembre, en Estados Unidos. Luego de echarle una mano a varios bancos de inversión e hipotecarias, así como a la aseguradora AIG, Washington ha decidido apostar todavía más fuerte: se anuncia un macroplan de rescate cifrado en 700 mil millones de dólares, dirigido a frenar el efecto dominó que podría desencadenar la caída en picada de Wall Street, inyectando liquidez en el conjunto del sector financiero. El Congreso deberá aprobarlo en los próximos días.

El macroplan otorgaría a Henry Paulson, secretario del Tesoro de Estados Unidos, poderes especiales durante dos años. En una reciente rueda de prensa, Poulson aseguró que el gobierno intervendrá más enérgicamente en el mercado inmobiliario, considerado el primer responsable de la crisis. Pero serán los contribuyentes los que pagarán los platos rotos.

En cualquier caso, para quienes defendemos el mercado libre sobre la intervención estatal, la presente crisis constituye todo un desafío intelectual. Se sabe que la llamada Crisis Subprime, relacionada con los créditos hipotecarios entregados a personas de alto riesgo, ha sido el desencadenante del problema, y que en este contexto hay que achacar a las agencias clasificadoras de riesgo y a los reguladores bancarios un alto por ciento de la responsabilidad. De manera que cabe la pregunta: ¿La solución sería regular más o, por el contrario, clasificar mejor?

A continuación, Cuba Inglesa reproduce fragmentos de tres aproximaciones a la crisis financiera, publicadas en distintos medios durante la última semana. Agradecemos la colaboración del fotógrafo Delio Regueral, quien “instigara” la escritura de este post.

Tres aproximaciones:George W. Bush en su discurso radial sabatino

Las medidas que proponemos requieren que arriesguemos una cantidad significativa del dinero de los contribuyentes. Pero estoy convencido de que esta audaz estrategia costará a las familias estadounidenses mucho menos que la alternativa. Una presión adicional en nuestros mercados financieros causaría la pérdida masiva de empleos, devastaría las cuentas para la jubilación, devaluaría más el sector de vivienda y disminuiría la disponibilidad de préstamos nuevos para casas, autos y matrículas universitarias.

En este difícil momento, sé que muchos estadounidenses que me escuchan se preguntan sobre la seguridad de sus finanzas. Por medio de la Corporación de Seguro Federal para Depósitos (FDIC), todos los certificados de depósito, cuentas de ahorro y cuentas corrientes están asegurados por el gobierno federal hasta cien mil dólares. El FDIC existe desde hace 75 años, y nadie jamás ha perdido un centavo de un depósito asegurado, y esto no cambiará.

A largo plazo, los estadounidenses, con buen motivo, pueden tener seguridad en nuestra solidez económica. Estados Unidos cuenta con los trabajadores más hábiles, productivos y emprendedores del mundo. Este país es el mejor lugar del mundo para invertir y hacer negocios. Y como hemos visto repetidamente durante los últimos ocho años, tenemos un sistema flexible y resistente que absorbe desafíos, hace correcciones y se recupera.

También resistiremos este desafío y lo haremos juntos. No es momento de partidismo. Trabajaré, tanto con demócratas como republicanos, para dirigir nuestra economía durante este momento difícil y retomar el camino hacia el crecimiento a largo plazo.

Tres aproximaciones:Paul Krugman en The New York Times

Para entender la crisis, el lector debe saber que el viejo mundo de los bancos, en el que instituciones instaladas en grandes edificios de mármol aceptaban depósitos y prestaban ese dinero a clientes de largo plazo, en gran medida ha desaparecido, reemplazado por lo que se conoce como "sistema bancario fantasma".

Los bancos depositarios, los de los edificios de mármol, ahora tienen un papel menor en canalizar los fondos de los ahorristas hacia los tomadores de créditos; la mayor parte de las transacciones financieras se realizan a través de complejas operaciones organizadas por instituciones "no depositarias", instituciones como el extinto Bear Sterns y Lehman Brothers.

El nuevo sistema supuestamente iba a ser más eficiente en distribuir y reducir el riesgo. Pero, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y la consecuente crisis de las hipotecas, parece evidente que ese riesgo fue más bien escondido que reducido: había demasiados inversores que no tenían idea de lo expuestos que estaban. Y conforme las incógnitas desconocidas se fueron transformando en incógnitas conocidas, el sistema comenzó a experimentar corridas bancarias posmodernas.

Estas no se parecen a la versión tradicional: con pocas excepciones, no estamos hablando de multitudes de depositantes enloquecidos que corren a golpear las puertas cerradas de los bancos. Hablamos de actores financieros que con frenéticas llamadas telefónicas y clics de los mouse cierran una línea de crédito o tratan de reducir el riesgo de incumplimiento de pago. Pero los efectos económicos -congelamiento del crédito, espiral descendente en el valor de los inmuebles- son los mismos que los de las grandes corridas bancarias de los años treinta.

Tres aproximaciones:Federico Jiménez Losantos en Libertad Digital

Yo no sé, y nunca lo sabremos, si una cadena de quiebras gigantescas habría sido peor que esta intervención americana en defensa de todos los timadores político-financieros del mundo. Tampoco sabremos si habría sido mejor que lo que nos espera, que a mi juicio no puede ser bueno de ninguna manera. Lo razonable, desde el punto de vista liberal, es una lenta reconstrucción del escenario de ruina financiera internacional que se había dibujado ya con toda claridad. Si se premia a los que merecen castigo y se castiga a quien no lo merece, no es lógico pensar que el resultado sea positivo para la economía, para la política y para la ética. En este orden, sin duda.

Y temo que mucho más aún en el orden inverso: ética, política y economía. En lo ético, porque se premia de hecho la falta de ética a un nivel planetario y porque limitará a lo religioso y moral, abandonando la pretensión de controlar y limitar el descontrol de la Administración, cualquier protesta contra el saqueo de los bolsillos de los ciudadanos por una casta político-mediático-financiera que convertirá a mucha gente en antisistema. En lo político, porque el consenso socialdemócrata e intervencionista no sólo se va a reimplantar como paradigma único para todos los países avanzados, sino que incluirá el modelo estafador y delincuencial de un cierto tipo de dirigente político entre Clinton y Zapatero, entre Arkansas y México DF, entre Georges Soros y Carlos Slim.

Y en lo económico porque deja como únicas alternativas a corto plazo las tres que han fracasado en el siglo XX: el intervencionismo socialista a máxima escala, que ha sido el comunista; el socialismo a escala más limitada, que han sido el fascismo mussoliniano y la socialdemocracia; y el estatalismo proteccionista de derechas, que no deja de ser una variante de socialismo. En resumen: una triple derrota de la libertad; un paso que parece irreversible hacia el abismo de lo política y económicamente correcto; una catástrofe.

Ilustración, cortesía http://www.deliophotostudio.com/



Visiones imperiales: La crisis y el otro culpable

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Ventilar el origen de la crisis financiera, o crisis de las hipotecas, ha constituido, en las últimas semanas, una suerte de leitmotiv para buena parte de los medios de prensa en todo el mundo. La mayoría de los análisis dan por hecho que la actual situación es consecuencia de la desregularización del mercado, e inmediatamente cargan contra “la mano invisible” promovida por neoliberales y/o neocons (esto se bate y da por resultado un coctel antimercado de los más “nutritivo”).

Pero no todos los medios están de acuerdo, ni todos los analistas. Por suerte, en Estados Unidos las nuevas tecnologías ponen la información –incluso la deficitaria- al alcance de la mano. De manera que podemos discrepar y explorar explicaciones alternativas, conclusiones alternativas, teorías alternativas. Una de ellas, por cierto, señala al Estado como primer responsable de la debacle de las hipotecas. Como asegura Carlos Alberto Montaner, otro de los factores que desataron la actual crisis fue “la irresponsabilidad del gobierno, que no reguló debidamente estas transacciones, mientras, contradictoriamente, endurecía las regulaciones de contabilidad y evaluación de los activos (Mark to market), provocando la quiebra técnica de las empresas financieras”.

A continuación, Cuba Inglesa pone a consideración de los lectores tres miradas sobre el origen de la crisis, todas las cuales sientan a los funcionarios públicos –específicamente a los demócratas- en el banquillo de los acusados. Se trata de fragmentos de artículos ya publicados, que abreviamos por razones editoriales. En cualquier caso, parece que el mercado no tiene toda la culpa.

Lecciones del salvataje

un texto de Walter Williams

Con la Ley de Reinversión Comunitaria de 1977, endurecida durante la administración Clinton, el Congreso comenzó a intimidar a los bancos y demás instituciones financieras para que extendieran préstamos a los denominados deudores de riesgo. La zanahoria ofrecida era que estos préstamos de alto riesgo serían adquiridos por las empresas de titularidad pública Fannie Mae y Freddie Mac. Cualquiera con un poco de cerebro debía haber sabido que esto era una receta para el desastre, pero los congresistas se negaron a ver la realidad.

Hace cinco años, el congresista demócrata Barney Frank garantizaba la "solidez" de Fannie Mae y Freddie Mac, diciendo: "No veo ninguna posibilidad de pérdidas financieras sustanciales para las arcas públicas". En las sesiones del Congreso de 2004, donde la administración Bush solicitó mayor supervisión pare Freddie Mac y Fannie Mae, la congresista demócrata Maxine Waters decía que "ni Freddie Mac ni Fannie Mae están en crisis", añadiendo que "las agencias hipotecarias de finalidad pública han superado con creces sus objetivos inmobiliarios". El congresista demócrata Gregory Meeks señalaba que "no hay ningún problema en Fannie Mae y Freddie Mac". En estas audiencias Barney Frank añadía no ver "nada en las cuentas que plantee problemas de solidez o seguridad".

A principios de este año, el senador demócrata Christopher Dodd elogiaba a Fannie Mae y Freddie Mac por "lanzarse al rescate" para ayudar a la gente a obtener créditos hipotecarios, añadiendo que "tienen que hacer más" para ayudar a prestatarios de alto riesgo a obtener mejores préstamos.

La política de sacar de apuros

un texto de Thomas Sowell

Hace cinco años (el congresista demócrata) Barney Frank dio seguridades de la solidez de Fannie Mae y Freddie Mac, y dijo: "no veo posibilidad alguna de serias pérdidas financieras para la Tesorería". Aún más, dijo que el gobierno federal "probablemente ha hecho más poco que mucho para estimularlos a cumplir la meta de vivienda asequible".

Anteriormente, ese año, el senador Christopher Dodd alabó a Fannie Mae y Freddie Mac por "acudir al rescate" cuando otras instituciones financieras estaban reduciendo los préstamos para hipotecas. Dijo también que "necesitaban hacer más" para ayudar a conseguir mejores préstamos a los prestatarios que los obtenían por debajo del interés preferencial.

En otras palabras, el representante Frank y el senador Dodd querían que, a nombre de evitar la "discriminación", el gobierno empujara a las instituciones financieras a prestar dinero a gente que presentaba un grave riesgo de incumplimiento y que, en condiciones normales, no hubieran recibido esos préstamos.

La idea de que los políticos pueden evaluar riesgos mejor que los que han dedicado todas sus carreras a hacerlo, debió haber sido tan obviamente absurda que nadie debió tomarla en serio. Pero las palabras mágicas "vivienda asequible" y la mala palabra "discriminación" condujeron a los políticos a determinar hacia dónde debían ir los préstamos, con iniciativas tales como el Comuuity Reinvestment Act y otras varias coacciones y amenazas.

¿Quién causó el desastre?

un texto de Jeff Jacoby

Mientras la crisis hipotecaria que sacude Wall Street tiene su porcentaje de culpables en el sector privado (muchos de los cuales han venido descubriendo últimamente lo penosa que puede ser la disciplina del sector privado), ellos no fueron los que "nos metieron en este desastre". Eslóganes absurdos del congresista Barney Frank al margen, los agentes de crédito hipotecario no se despertaron un día por las buenas decidiendo abandonar los estándares tradicionales de crédito para realizar préstamos desaconsejables a deudores que no cumplían con los requisitos. Se aproximaría más a la verdad decir que despertaron para descubrir que el Gobierno les obligaba y que les exigía hacerlo.

La raíz de esta crisis se remonta a la administración Carter. Fue entonces cuando los funcionarios públicos, empujados por los activistas de extrema izquierda, empezaron a acusar a los agentes de préstamo hipotecario de racismo y de negarse a prestar dinero en barrios deprimidos porque a los negros se les estaban negando hipotecas con una frecuencia mayor que a los blancos de las zonas suburbanas.

La presión para prestar a las minorías (esto es, a deudores con historiales de crédito deficientes) se volvió insufrible. En 1977 el Congreso aprobaba la Ley de Reinversión Comunitaria, que dotaba de poder a los agentes reguladores para castigar a los bancos que "no cumplan las necesidades crediticias" de "vecindarios de renta baja, minoritarios o deprimidos." En 1995, bajo el Presidente Clinton, la ley se hizo aún más severa. Los agentes de crédito respondieron relajando sus estándares de garantía y realizando créditos cada vez menos respaldados. Las dos agencias hipotecarias públicas, Fannie Mae y Freddie Mac, estimularon estos préstamos arriesgados autorizando criterios aún más "flexibles" en virtud de los cuales se podían prestar hipotecas a los deudores más insolventes.

Todo esto se justificaba como medio de elevar el acceso a la propiedad de las casas entre las minorías y los pobres. Las políticas de discriminación positiva se impusieron frente a las prácticas empresariales prudentes. Un manual difundido por el Banco de la Reserva Federal de Boston aconsejaba a los prestamistas pasar por alto el sentido común financiero. "La ausencia de historial crediticio no debe ser visto como un factor negativo", instruían las directrices de la Reserva. Los solicitantes carentes de los ahorros suficientes para pagar la entrada y los costes deben poder depender en su lugar de "donaciones, préstamos o ayudas procedentes de parientes, organizaciones sin ánimo de lucro o agencias municipales". A los agentes de crédito se les indujo hasta a aceptar pagos de la seguridad social y prestaciones por desempleo como "fuentes de ingreso válidas" para cumplir los criterios de una hipoteca. No obedecer podía significar una demanda.

Mientras los precios de vivienda seguían subiendo –y con millones de prestatarios no cualificados sumándose a la demanda– el espejismo de que todo esto era una buena política pública se pudo defender. Pero no se necesitaba ser un genio financiero para reconocer que llegaría el día de lamentarse. "¿Qué significa que los bancos de Boston empiecen a realizar más préstamos a minorías?" preguntaba yo en esta columna en 1995. "Lo más probable es que con conocimiento de causa estén aprobando préstamos de riesgo para quitarse de encima a los federales y los activistas. . . Cuando la oleada de ejecuciones hipotecarias se extienda por el todo el país, ¿cuál de los banqueros, los políticos y los reguladores que hoy que se felicitan planea asumir la culpa?".

Barney Frank no. Y eso que su huella está presente por todo este fiasco. Una y otra vez Frank insistía en que Fannie Mae y Freddie Mac eran empresas sólidas. Hace cinco años, por ejemplo, cuando la administración Bush proponía una regulación mucho más estricta de las dos hipotecarias, Frank se mostraba inflexible en que "estas dos entidades, Fannie Mae y Freddie Mac, no se enfrentan a ninguna crisis financiera". Cuando la Casa Blanca advertía de "riesgo sistemático para nuestro sistema financiero" a menos que los gigantes hipotecarios fueran controlados, Frank denunciaba que la administración estaba más preocupada por la seguridad financiera que por la vivienda.

Ahora que la burbuja ha explotado y el "riesgo sistemático" es evidente para todo el mundo, Frank afirma veladamente: "El sector privado nos metió en este desastre". Bien, demos puntos al congresista por jeta. Wall Street y los agentes privados de crédito tienen mucho por lo que responder, pero fue Washington y la clase política los que descarrilaron este tren. Si Frank busca un culpable a quien echarle la culpa, podrá encontrar un sospechoso muy probable en el espejo más cercano.



Los comunistas remontan vuelo

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Me llega al correo un interesante reportaje, especulativo diría, de AFP. Versa sobre un hipotético renacimiento del Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUSA), con sede en Nueva York.

Corren nuevos tiempos –hay quienes se toman muy en serio eso del cambio-, la crisis financiera impulsa a algunos a incursionar en tendencias y rumores apocalípticos y, por añadidura, mucha gente conflictiva echa su imaginación a volar. Así, a río revuelto, los pescadores del CPUSA esperan obtener considerables ganancias.

Desde 1984, el CPUSA no participa en las campañas electorales por la Casa Blanca (de tanto quererla roja ya no la quieren ni blanca). Aunque hay candidatos comunistas participando en procesos electorales locales, a partir de dicho año el CPUSA comenzó a apoyar al Partido Demócrata en la carrera por la presidencia. El partido fue financiado por la antigua Unión Soviética hasta fecha tan reciente como 1989. Desde entonces, había entrado en una etapa de perfil bajo (de perfil todavía más bajo que el de su desempeño histórico, que ya lo era suficientemente).

¿Quién no se acuerda de Angela Davis?

Video cortesía dehttp://joaquinestradamontalvan.blogspot.com/

Textual: Revive el Partido Comunista de Estados Unidos

AFP/ La sede del Partido Comunista norteamericano, en el barrio Chelsea de Nueva York, vive una segunda juventud gracias a la crisis financiera y, según sus miembros, reivindica las viejas tesis marxistas-leninistas.

En el 235 W de la calle 23, frente al hotel Chelsea, símbolo de la bohemia de los años 60 y 70 adicta al alcohol y las drogas, el edificio pertenece a una empresa inmobiliaria cuya gerencia es comunista.

"Tenemos cada vez más llamadas de gente que quiere informarse y que se interesa por nosotros a causa de la crisis financiera, porque estamos en un momento de cambios y creo que habrá un papel para el Partido Comunista en el período que se inicia", aseguró a la AFP Libero Della Piana, de 36 años, un imponente mestizo de barbita y coleta, hijo de un italiano y de una negra norteamericana, presidente del partido para el estado de Nueva York.

Fundado en 1919, el partido comunista norteamericano estaba considerado como un grupo que hacía propaganda para una "potencia extranjera" (la Unión Soviética) durante la Guerra Fría, y sus miembros perdían a menudo su empleo durante el período del maccarthismo en los años 50.

El CPUSA, dirigido a escala nacional por Sam Webb, cuenta hoy en día "entre 3.000 y 3.500 adherentes", pero Libero Della Piana y Erica Smiley, de 28 años, coordinadora de la "Liga de los jóvenes comunistas" instalada en el mismo edificio, afirman que el "caos actual" engrosará las filas de simpatizantes.

Lejos de querer jugar en solitario, los comunistas norteamericanos quieren "construir la base más amplia posible, con los movimientos de mujeres, estudiantes, sindicatos, para derrotar a la derecha" y "creen que el momento ha llegado".

"Las preocupaciones de los jóvenes son: la guerra, el empleo y la cobertura médica, y nuestras respuestas son las buenas", dijo Erica Smiley.

"La crisis nos mostró que el mercado no puede regularse a sí mismo y que al dejar hacer lo que se logró es enloquecer a esta máquina de dar créditos basados en una fantasía", comenta Della Piana.

"Vamos a estar menos a la defensiva, por primera vez desde los años 80, y tendremos nuestra opinión para expresar en la reconstrucción de Estados Unidos sobre nuevas bases, y ya no para satisfacer la avidez de unos pocos", agrega.

En los 500 metros cuadrados de oficinas recientemente renovados, donde las obras completas de Lenin y Marx conviven con obras sobre el racismo o la causa feminista, hay reunión, pero muchos militantes están ausentes.

"Están en campaña para incitar a la gente a votar", explica Bill Davis, un jubilado de 65 años inscripto en el partido desde hace 37 años.

Aunque no haya aportado oficialmente su respaldo al candidato demócrata a la Casa Blanca, el partido lo respalda abiertamente y la mayoría de los militantes presentes en la sede llevan insignias de Barack Obama.

El semanario "El mundo del pueblo" critica en sus columnas el campo republicano. A la entrada, una caja que representa el rostro de John McCain distribuye pañuelos de papel a través de la boca del candidato.

"Vamos a reunirnos con nuestros camaradas de América Latina y del resto del mundo a fines de noviembre en Sao Paulo, y les explicaremos la situación en Estados Unidos tras la elección presidencial, aunque el Komintern (Internacional comunista) no existe más y que cada partido tiene sus especificidades", concluye Libero Della Piana.

Cortesía http://www.netforcuba.org/



Montaner: Lo que Obama debe lograr en Cuba

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un artículo de Carlos Alberto Montaner

Poco antes de su discurso del 1 de enero, profundamente antiamericano, Raúl Castro, entonces en Brasil, insistió públicamente en su deseo de hablar con el presidente Obama. ¿Por qué? ¿Qué se propone? Tiene tres objetivos en la manga: acceder a créditos blandos para importar productos americanos, pese a la bien ganada fama de insolvente que padece el gobierno; atraer a cientos de miles de turistas estadounidenses, y la excarcelación de cinco de los catorce espías cubanos capturados en 1999 por el FBI. (Nueve de ellos se declararon culpables, pactaron con jueces y fiscales, recibieron condenas muy leves y ya están discretamente integrados en el mundo americano).

Con los dos primeros objetivos alcanzados, Raúl Castro liquidaría prácticamente lo que queda del embargo. Con el tercero, contentaría a Fidel Castro, quien está empecinado en no morirse hasta que no regresen a Cuba sus agentes más ''duros''. Naturalmente, pese al clamor general en demanda de cambios políticos profundos, ni Fidel ni Raúl piensan abrir los márgenes de participación de la sociedad cubana. Se proponen mantener un Estado comunista de partido único y ausencia total de libertades. Por eso es tan acertada la crítica reciente de Pablo Milanés: el cantautor no espera nada de esa esclerótica dirigencia.

El señor Obama tampoco debe hacerse ilusiones con relación a Cuba. Diez presidentes antes que él han tenido conflictos con el régimen de los hermanos Castro. Sin embargo, es probable que durante sus primeros cuatro años de gobierno las cosas comiencen a modificarse dentro de la isla. El punto de partida de esos cambios pudiera ser la muerte de Fidel Castro, quien agoniza lentamente desde el verano del 2006. Se sabe que la mayor parte de la estructura de poder quisiera una reforma profunda, pero el viejo comandante, tercamente estalinista, lo impide.

Esta observación es importante: mientras Fidel Castro viva, cualquier concesión significativa que el gobierno de Obama le haga a La Habana es contraproducente. Será interpretada como ''Fidel Castro tiene razón y no hay que hacer ningún cambio sustancial a nuestro modelo totalitario''. Sin embargo, en el momento en que desaparezca (y tal vez no le quede mucho tiempo) Washington debe hacer un gesto de buena voluntad, incluso a Raúl Castro, como una señal de aliento a las fuerzas reformistas, con el mensaje explícito de que Estados Unidos está dispuesto a ayudar generosamente a los cubanos para transformar el país en una democracia pacífica y razonablemente próspera.

Para el gobierno de Obama ése debe ser el objetivo: el cambio pacífico de Cuba en una democracia estable, con libertades y respeto por los derechos humanos, dotada de un aparato productivo que les permita a los cubanos vivir en su país sin tener que emigrar ilegalmente a Estados Unidos. Una nación semejante a Costa Rica, con buenas relaciones con sus vecinos y con Estados Unidos, que, lejos de expulsar a su población por falta de oportunidades, sea capaz de absorber a los millares de exiliados que regresarían a Cuba si las condiciones de vida fueran aceptables.

El establecimiento de ese objetivo conduce a descartar cualquier tentación de pactar en Cuba con una tiranía como la china o la vietnamita, con una cleptocracia como la que hay en Rusia, o con una dictadura militar. Eso solamente aplaza el problema, no lo resuelve. Durante casi todo el siglo XX Estados Unidos jugó la carta de ''our s.o.b.'', y le dio un pésimo resultado. Washington quedó totalmente desacreditado por predicar la democracia y proteger las dictaduras. Tras Somoza, vinieron los sandinistas. Después de Batista llegó el comunismo a Cuba. No tiene sentido revivir esa estrategia en el postcastrismo.

¿Qué puede hacer Obama para estimular los cambios?

Hay varias medidas: reducir gradualmente las sanciones económicas si la dictadura excarcela presos políticos o alivia la presión sobre los disidentes, elevar el rango de la representación diplomática a la categoría de embajada, facilitar los intercambios deportivos y académicos. Pero ante cualquier iniciativa que se tome Washington debe plantearse siempre una pregunta clave: ¿impulsa a los cubanos hacia la democracia y hacia la apertura económica o contribuye a consolidar en el poder a una oligarquía autoritaria que se reparte abusivamente las rentas del país? Ese es el litmus test. Si es lo segundo, no vale la pena intentarlo.

Cortesíahttp://www.firmaspress.com



La nota de la vedette

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El vedetismo es tradición en Cuba. Y en esa tradición, a nivel político, Fidel Castro no tiene contrincante.

¿Quién se atreve a negar rotundamente que el autismo con que “el máximo líder” ha celebrado el cincuenta aniversario de su régimen no es más que un exabrupto de la vedette? No es cuestión de enfermedad, o no sólo, debería sospecharse. Se trata del enésimo capítulo de la comedia de suspense en la que se ha convertido “la revolución cubana”.

“Vestido de verde olivo, su hijo, Fidel Castro Díaz-Balart, de 59 años, fue quien encabezó la caravana que recorrió las calles de la capital para recordar la que hace 50 años entró en La Habana. Junto al primogénito de Fidel Castro, iban la voleibolista Regla Torres y el meteorólogo José Rubiera”, reportó AFP. ¿No parece todo esto consecuencia de una de las pataletas del pésimo humorista que es Fidel Castro?

En cualquier caso el vedetismo es también, entre las elites cubanas, una forma de expresión artística. No en balde cargan sobre sus hombros la herencia árabe y española, culturas en las que la autoestima personal -o la falta de autoestima- alcanza, a ratos, alturas desproporcionadas, y en las que la erótica de la representación juega un papel determinante. Elementos que, elaborados culturalmente, desembocan en la vedette.

La vedette necesita escenario, público y considerable atención. Y cuando no los tiene puede recurrir a las cabriolas más insospechadas. Sospecho, tenazmente, que la desaparición mediática del comandante en fecha tan señalada como el cincuenta aniversario de su régimen no es únicamente consecuencia de su condición física. A la vedette alguien, o algunos, no le han prestado suficiente atención, o hecho demasiado caso. Y ella no podía dejar de dar la nota.



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Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
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