Actualizado: 18/06/2024 0:16
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Humor: La columna de Ramón

Carta a Daniel Santos (I)

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Y por si fuera poco, para clavarte en el ciertopelo como mariposa tiesa, el gran Rolando Laserie te soltó este prontuario delicioso ante una gran concurrencia radial: "Usted ha sido chulo, marihuanero, vividor, borracho, ha estado preso y es mujeriego. ¿Cuándo piensa cambiar?". Si yo dijera la mitad de esas cosas de mí no me contratan ni como tarugo de circo.

Parémonos. Pongámonos en posición casi fecal, que es la imagen de la inocencia y la pureza, y hagamos un alto al fuego en esa masa amorfa de información malintencionada. Se derrumba mi intención de hacerte faro y guía de las nuevas degeneraciones latinoamericanas. No me clasificas en el ALBA con esos rezaguitos.

Un niño en la Cuba actual, para imitarte, pasaría muchísimo trabajo. Más que un tullido en una cámara elástica. Ese niño cubano pudiera hasta limpiar zapatos, porque el ingenio insular se las ha arreglado para mantener el oropel, la limpieza aparente y, sobre todas las cosas, el brillo de las cosas. Cosa que no brille, no es cosa. Ni existe ni da brillete, que es el lustre esencial para la brilladura o brillantez. En lo que se las vería canutas, para decirlo en clarísimo boricua del barrio Trastalleres, en Santurce, donde viste la luz el 6 de febrero de 1916. Aunque la luz más frecuente era la que salía de los trabucos, vizcaínos y demás revólveres, porque naciste en ambiente revolvido. A eso, en Puerto Rico, se le dice santurce nervioso y alterado.

Ese infante cubano —casi de marina, si se arrima al arrecife— no ejercería el resto de tus oficios iniciales. No lo veo vendiendo huevos frescos, por muy atrevido que sea. Quizá, el día en que la genética avance un poco más en la Isla, ese muchacho llegue a poner él mismo los huevos, y si logra que tengan yema y cáscara firme, los sacará al mercado. Si se mantiene siendo criollo, los pondrá colorados, pero lo dudo; como la Isla se ha ido volviendo una hermosa y ejemplar granja, le saldrán todos blancos. Mas, de intentarlo ahora mismo, sería marcado por mercar. No dudo de su posibilidad de comerciar con aguacates y carbón. Pero en lo del hielo, monina, sí estamos más jorobados que un alambique. Creo que un niño podría llegar primero a poner huevos frescos que lograr hacer hielo. No veas lo que demora un cubito en cubita.

Yo mismo, sin saber las normas técnicas que seguiste para hacerte luego esa leyenda que has sido, logré hacer hielo, vender limones y a punto estuve de incendiar mi casa, con lo que tenía el carbón a mano. En mi tiempo, como el tíbiri tábara no había agarrado consistencia ni espesor, lo más normal del mundo era hacer hielo sin que tu padre te llevara a conocerlo en una tarde remota, a pesar de que mi pueblo era un poco mejor que cuatro casas de cañas y barro. Los aguacates florecían pletóricos, henchidos de dicha, y hasta se acomodaban en fondas y poesías, sobre todo los que brotaban lirondos en los patios vecinos, lo que les agregaba la adrenalina de la nocturnidad y la alevosía. Más tarde todo fue nocturnidad. La alevosía comenzó a ponerla el propio gobierno, quien instaló primero el tíbiri, y a continuación el tábara, que a veces se pone en moneda dura si lo divisas.

Para cumplir la parte de establecer negocios de barras, tus seguidores encontrarán otras barras. Me lo barrunto. Lo más fácil es establecerse en la parte de afuera de las barras, pero no será buen negocio. Ahí, en ese acápite, si intenté imitarte con determinación y buen gaznate, pues de ese modo ponía en práctica otra máxima de otro grande de tu escuela filosófica, Felipe Dulzaides, quien afirmaba que "el socialismo y los ciclones hay que pasarlos borracho o durmiendo". Y yo he tenido siempre el sueño leve y la colchoneta caliente.

Donde encontré dificultades no previstas —ni siquiera por el gobierno, tan previsor en todo exceptuando las provisiones— fue en lo de engendrar doce hijos con doce mujeres de distintas nacionalidades. Decidí quedarme en lo puramente nacional por lo racional del racionamiento. Aunque ese intento tuyo de fundar tu propia Organización de Naciones Unidas te hace único. Y tampoco pude cumplir el cuarto enunciado, por mucha pasión que le puse. Y no es que no quisiera tener problemas con la justicia.