Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Humor

Despejando la 'X' (Alfonso)

Los viajes fuera de la Isla resuelven el problema aparentemente insoluble de tener revolución y queso roquefort al mismo tiempo.

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Nunca ha quedado claro cuáles son esas generaciones anteriores (Y), porque si es la de los que se van fuera de Cuba, esas abarcan edades que van desde dos semanas (en el útero) hasta los 80 años (fuera del útero). Como X no especifica a quiénes se refiere con lo de "generaciones anteriores", sólo se puede concluir que X es menor que Y. El problema es definir el valor de Y que, según la información que nos ofrece X, puede tratarse del grupo musical Habana Abierta.

X dijo de la película Habana Blues (de la que es autor de la banda sonora) que "fue una e'X’'periencia muy bonita al principio", aunque lamentó que tras el é"X"ito se haya formado una banda con su mismo nombre pero sin los músicos del filme. Debo aclarar para los que no están al tanto que la película Habana Blues cuenta más o menos la trayectoria del grupo Habana Abierta, desde el underground habanero hasta tierras españolas, con la ligera diferencia de que en la película uno de los protagonistas decide quedarse en Cuba, cosa que no ocurrió con los músicos en la vida real.

O sea, que Habana Blues es igual a Habana Abierta luego de despejar la A (de Abierta) y sustituirla por B (de Blues). Lo mismo se puede decir de la relación entre la música de Habana Abierta y la que X hizo para la película. La música de Habana Blues es igual a la de Habana Abierta luego de despejarle la gracia y el talento.

Luego X se queja de que algunos músicos de Habana Abierta (Y) se disfracen de la banda Habana Blues (Z) para ganarse las judías copiándole a X la música que a su vez X copió de Habana Abierta para hacer la música de Habana Blues. Conclusión: Z = Y-X. Es decir, cuando X le sustrae (música) a Y, lo que queda es una mierda que sirve para darle de comer a Y.

El difícil arte de las declaraciones

Otro reciente cultor del género de las declaraciones es Edmundo Desnoes, un destacado escritor cuya última novela, Memorias del subdesarrollo, fue estrenada tiempo atrás, justo en la tertulia de Domingo del Monte (ciertamente con mucho menos éxito que Cecilia Valdés, aunque en su adaptación al cine tuvo bastante más suerte que su competidora.)

Desnoes, en medio de las gestiones para presentar una nueva edición de Memorias del subdesarrollo, declaró: La Habana (¿Blues?) "es la única ciudad del mundo que ha envejecido conmigo, a diferencia de otras ciudades mitológicas en las que han crecido nuevos órganos y que han sufrido cirugía plástica".

El escritor añadió: "en Cuba he descubierto arrugas en los edificios y paredes desconchadas", pero "esto no me entristeció, pues las ruinas tienen su belleza". Eso es realmente consolador para todo el que se pregunte qué sentido tiene el último medio siglo de historia cubana. Y ahí está la respuesta: para que el ex-critor Edmundo Desnoes se sienta mejor con sus arrugas. Si alguien se pregunta por qué Desnoes no regresa a vivir a un país que le ofrece una ventaja tan apreciable, su respuesta no va a ser menos enriquecedora: "Necesito las comodidades del desarrollo y la única intensidad que puedo asimilar es la de un buen roquefort".