Actualizado: 07/12/2022 17:02
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Economía, Cambios

Apuntalando el neocastrismo en la economía

El gobierno trata de impedir, estando al borde del abismo, dar un paso al frente

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El ex presidente brasileño Lula da Silva, el vicepresidente chino Xi Jinping —se dice que es el más probable sucesor de Hu Jintao—, el presidente venezolano Hugo Chávez, y el viceprimer ministro vietnamita Truong Vinh Trong, han desfilado recientemente por La Habana en muy pocos días.

De los aliados económicos fundamentales del régimen, solo faltaría la visita de un representante del Gobierno de España para completar el universo, pero la política interna peninsular ha complicado la vida a los zapateros últimamente, que no parecen estar en estos momentos en las mejores condiciones de enviar alientos a sus amigos, cuando ellos mismos lo necesitan tanto.

Aunque la prensa oficial en la Isla no lo mencione abiertamente, todas estas visitas tienen estrecha relación con los proyectos económicos del régimen a la luz de la “actualización” del modelo cubano, cualquiera que éste sea, aunque no se pueda definir con cinco o seis palabras por mucho que se intente.

Brasil tiene que ver con la colosal ampliación del puerto de El Mariel, en un proyecto faraónico que se dice que ya alcanza los ochocientos millones de dólares, y a largo plazo implicaría concentrar toda la actividad portuaria del occidente del país en esa región, dejando el maltratado puerto de La Habana para actividades del turismo de cruceros, aprovechando la sinergia que constituye su cercanía inmediata al reducto turístico de La Habana Vieja, y pensando básicamente en el turismo procedente de Estados Unidos.

Complementariamente, Brasil colabora técnicamente para el desarrollo de la producción agropecuaria y la cooperativización, aunque en esta línea tiene que superar el escollo de dos grandes oposiciones de Fidel Castro: a la utilización de la tecnología transgénica en la producción alimenticia, y a la conversión de productos agropecuarios en combustibles, básicamente etanol, que tan buenos resultados ha dado al gigante suramericano. Por mucho que se pretenda que no, esta oposición reaccionaria del tirano en semi-retiro hace muy difícil que la colaboración brasileña pueda dar resultados sensibles en la agricultura cubana.

China, por su parte, continúa su política de concentrarse en grandes tareas y desentenderse de las nimiedades en su colaboración con Cuba. Durante la visita del vicepresidente Jinping fueron firmados trece acuerdos económicos de colaboración, tres de ellos concentrados en la energía, fundamentalmente en la rama petrolera; uno de ellos tiene que ver con la liquefacción de gas natural cubano.

El más importante, sin dudas, se refiere a la expansión de la refinería de Cienfuegos, gigantesco proyecto que alcanza los seis mil millones de dólares, donde el petróleo venezolano que entregaría Hugo Chávez a los chinos actuaría como el “colateral” que respalda la inversión china en Cienfuegos.

Y, aunque sorprendentemente no ha recibido en la prensa toda la atención que merece, ya existe también el proyecto de triplicar la capacidad de refinación de petróleo cubano, lo que demuestra, junto con la próxima llegada de la plataforma semi-sumergible Scarabeo 9 a las aguas cubanas, la confianza del régimen, y de las petroleras occidentales asociadas al proyecto cubano, en las potencialidades de los yacimientos submarinos en la Zona de Exclusión Económica de Cuba.

Venezuela cubriría de lo sublime a lo ridículo, con 116 proyectos de colaboración y más de 1.300 millones de dólares en inversiones conjuntas, entre las cuales no se descartan ni las nimiedades que no interesan a los chinos. Aunque también se incluyen los temas energéticos, los convenios incluyen temas de industria alimentaria, salud pública, cultura, deportes, construcción, industria farmacéutica, biotecnología, educación y telecomunicaciones, así como la “profundización” de las llamadas “misiones sociales” con que el Gobierno bolivariano busca apoyo popular a lo largo y ancho del país. Casi todo a cuenta del abundante petróleo venezolano que Hugo Chávez distribuye generosamente a sus aliados sin preocuparse por las opiniones de la población venezolana sobre tal política.

Finalmente, el viceprimer ministro vietnamita llegó a Cuba para una breve visita de dos días, donde, curiosamente, su contraparte fue la Contralora General, Gladis Bejerano, vicepresidente del Consejo de Estado, quien tiene a su cargo la campaña anti-corrupción en el país, que en las últimas semanas ha terminado enviando a prisión a decenas de “dirigentes” y funcionarios corruptos.

Sin ningún subterfugio, el viceprimer ministro vietnamita declaró enfáticamente: “Tengo la convicción de que, luego de los recientes debates del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, el camino del desarrollo y el repunte económico matizarán el futuro de la Isla”.

Aunque el régimen insiste oficialmente en que la “actualización” del modelo cubano no sigue ninguna experiencia específica, es sabido que el camino de las reformas vietnamitas ha llamado la atención del Gobierno cubano, que ha enviado a la nación asiática diferentes delegaciones de tecnócratas para conocer y entender el Doi Moi (renovación) aplicado durante los últimos veinte años. Y no resulta fácil para nadie, ni en la más rabiosa de las izquierdas, acusar a los vietnamitas de flojos frente “al imperialismo”, por lo que la hoja de parra revolucionaria podría mantenerse guiándose por el proyecto de Vietnam.

Al menos en la agricultura, las experiencias vietnamitas en su modernización, basándose fundamentalmente en las modificaciones en las relaciones de propiedad en el campo, pueden resultar muy convenientes para la Isla. No por gusto Truong Vinh Trong enfatizó que “vamos a seguir cooperando en los sectores en que tenemos ventajas o potencialidades”, añadiendo que “sabemos que Cuba se enfrenta a la situación de falta de arroz y estamos trabajando conjuntamente para superar, dar soluciones a este tema”.

Es demasiado pronto para evaluar en detalle los resultados y perspectivas de la “actualización” del modelo cubano a partir de las decisiones del VI Congreso del Partido, pero al menos está claro que el régimen está solicitando abiertamente el apoyo de sus más cercanos aliados económicos para impedir que, estando al borde del abismo, el país vaya a dar un paso al frente.


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