Actualizado: 19/11/2019 9:12
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Brasil, Dilma Rousseff

Brasil y la marcha de Cuba hacia el abismo

Es tiempo de que se apresuren los cambios económicos y se transite en la apertura a los cubanos, para que en la Isla no ocurra una réplica de Tiananmen

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La presidenta brasileña Dilma Rousseff, durante su visita a La Habana del 30 de enero al 1 de febrero, declaró que la gran contribución que Brasil puede dar a Cuba es ayudar en todo el proceso de actualización económica. Con esa síntesis pretendió eludir las expectativas respecto al abordaje de los derechos humanos con su anfitrión y las solicitudes de disidentes.

Indudablemente, la “obra del siglo XXI” en Cuba es el Puerto de Mariel, que en correspondencia con su magnitud y costo solo podría acometerlo un gigante como Brasil. Sus mandatarios —Lula primero, y Dilma ahora—, han otorgado créditos al quebrado Gobierno cubano para su ejecución, al avizorar las perspectivas de recuperación incrementadas por su posicionamiento ventajoso en la ruta del Canal de Panamá ampliado, las futuras relaciones comerciales y el turismo con Estados Unidos, y el inicio de industrias complementarias. Simultáneamente, fomentan la recuperación de los campos azucareros con la utilización experimental de cortadoras de caña y también se avanza en el cultivo de la soya. Durante la pasada visita, la presidenta asistió a la firma de acuerdos para la concesión de un crédito por 200 millones de dólares para la adquisición de alimentos en Brasil, la colaboración en biotecnología y otros temas no detallados aún.

La “obra del siglo XX” fue la central termonuclear en Juraguá-Cienfuegos, cuyos mogotes de hormigón super-armados quedaron como reminiscencia de la megalomanía totalitaria; quizás la única huella de la Unión Soviética que queda en pie. Paradójicamente, Raúl Castro recibió la presidencia y la crisis económica, política y social al unísono, por lo que los militares tienen como objetivo para la defensa de los 53 años de “revolución” procurar soluciones civiles, de manera que no se renovarán los obsoletos armamentos soviéticos para la guerra contra el imperialismo, sino que los existentes se continuarán aceitando y se mantendrán los fuertes gastos en las técnicas de inteligencia y tropas especiales para la eventual represión al pueblo.

La expectativa de que la Señora Russeff se involucrara públicamente en las cuestiones de derechos humanos en Cuba posiblemente ha seguido una lógica errática. Vislumbrar que por haber sido una mujer torturada y prisionera política se involucraría en la situación de los presos y los disidentes cubanos ha constituido un espejismo. Posiblemente en aquella etapa juvenil, la militante comunista estuvo muy vinculada al fomento de las guerrillas desde La Habana, y su héroe fue Fidel Castro, a quien se sintió feliz de visitar este enero. La suya fue una lucha contra la dictadura dura, hace muchos años. Brasil obtuvo la democracia y aquellos jóvenes, como el mismo dirigente sindical Lula, pudieron llegar a la cima nacional en la que tienen la oportunidad de luchar con igual ahínco, pero para consolidar al coloso de América Latina como país emergente a nivel mundial, nada menos que en la época de la mayor crisis económica mundial en alrededor de 70 años.

No puede entretenerse en asuntos de derechos humanos un BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Muy probablemente cuando los altos mandatarios rusos y chinos han visitado Cuba, a nadie se le ocurrió pedir su mediación en esos temas. Dilma Russeff debe haber estado pensando también en sus homólogos, al contestar a los periodistas en La Habana que había “que hablar de los derechos humanos en todos los lugares, pero de forma multilateral”. Sí, en un contexto tan amplio en que todos los flagrantes violadores se puedan apañar unos a otros, como la Conferencia de Ginebra. Se involucró al señalar que “todos tenemos el techo de vidrio”, pero su caro sacrificio fue en vano, pues ella ha dado muestras de priorizar el bienestar del pueblo brasileño y el continuo progreso de su país. En Brasil actualmente no hay una política gubernamental dictada para reprimir arbitrariamente como en Cuba.

Sin embargo, por obra de la biología humana y la crisis multifacética, en Cuba desde hace seis años comenzó un proceso sin retorno, en el que pugnan las fuerzas del pasado por impedir el cambio, con las emergentes que están entrampadas en sus dogmas, el apego al poder, el temor y el desconocimiento. Es esa cruenta etapa, en que “Cuba debe abrirse a los cubanos y al mundo, y el mundo a Cuba”… pero sin olvidar a los cubanos. Habría que analizar si en ese derrotero están los esfuerzos de los dignatarios brasileños, más allá de las influencias nostálgicas y los compromisos con la revolución cubana, que feneció hace muchísimo tiempo, más allá de los intereses meramente político-económicos del gigante.

Pudiera enmarcarse en la estrategia de los mandatarios de la región para eliminar el aislamiento del Gobierno cubano con el objetivo de adentrarlo en la realidad del siglo XXI. Eso comenzó a cuajar con el levantamiento de la suspensión en la Organización de Estados Americanos (OEA), y la incorporación a los mecanismos de integración de la región, que culminó con la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en diciembre de 2011, bajo el criterio de “unidad en la diversidad”. Fue inteligentemente auspiciada desde Brasilia para diluir la influencia del bloque ALBA bajo la batuta confrontacional de Hugo Chávez, así como fomentar el progreso socio-económico-comercial, y la buena vecindad, como el acercamiento de Colombia-Venezuela y Colombia-Ecuador, y con una presidencia pro tempore y la sorprendente troika de Venezuela-Chile-Cuba.

Mientras tanto, entre la población cubana crece la pérdida de credibilidad del Gobierno por las promesas incumplidas, las lentas y recortadas reformas, el mantenimiento de prohibiciones absurdas, el inmovilismo y los dogmas del Partido Comunista, acuñados nuevamente en su Primera Conferencia efectuada los día 28 y 29 de enero. Es tiempo de que se apresuren los cambios económicos y se transite en la apertura a los cubanos, para que no tengamos una réplica de Tiananmen. Lamentablemente, las evasivas declaraciones de la presidenta Vilma sobre derechos humanos durante su reciente visita han respaldado la actuación represiva del Gobierno, patente en la cita de sus palabras en el periódico Granma, el 1 de febrero. No obstante, ojalá que tenga éxito en contribuir al verdadero auge económico soberano, no para reforzar el poder de una cúpula, sino en beneficio de Cuba, con la participación libre de los cubanos.


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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, habla con la prensa en La Habana, el martes 31 de enero de 2012Foto

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, habla con la prensa en La Habana, el martes 31 de enero de 2012.