Actualizado: 24/09/2021 16:37
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Protestas, Represión, Economía

Causas de una tormenta perfecta

Decreto 349, San Isidro, el 27N, Patria y Vida, las tiendas MLC y el CUC

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En el artículo “Comentarios breves sobre las posibles causas del 11J”, publicado en esta revista, argumenté que las causas de la sublevación social el pasado 11 de julio estaban relacionadas a cuatro sucesos ocurridos durante el periodo 2008-2016, comenzando con la enfermedad repentina de Fidel Castro en el año 2008 y culminando con su muerte en 2016. Pero también debemos considerar sucesos que no incluimos en ese artículo porque ocurrieron entre los años 2018 y 2021. Ellos son: 1) el Decreto 349; 2) el Movimiento San Isidro, la rebelión de jóvenes artistas el 27 de noviembre de 2020, y la canción Patria y Vida; 3) la creación de las tiendas en monedas libremente convertibles (MLC) y la eliminación del “peso convertible” (CUC). Analicémoslos brevemente.

El Decreto 349

Del Decreto 349 se ha dicho mucho, pero no todo. Aprobado en diciembre de 2018, ese decreto es tan significativo que de él se hablará por muchos años, no precisamente porque intenta prohibir la libertad artística y de expresión en general, sino por haber provocado el Movimiento San Isidro, la rebelión de jóvenes artistas el 27 de noviembre, y la canción Patria y Vida entre otros hechos relevantes.

Los promotores y defensores del Decreto 349 han argumentado que éste fue creado para prevenir lo que ellos consideran ultrajes y agravios para con símbolos y héroes patrios. A pesar de eso, creemos que el objetivo fundamental del Decreto, lo que realmente intentan quienes lo concibieron, es proteger a Fidel Castro como figura histórica, fundador de la revolución de enero de 1959, sin duda uno de los sucesos más significativos en la historia de Cuba. Entonces, el Decreto 349 es hijo de la muerte de Fidel Castro en tanto que fue concebido justo después de dicha muerte para proteger la posteridad de Fidel contra el ajuste de cuentas que inevitablemente se les hace a quienes protagonizan la historia. Y no hablamos de lo que generaciones futuras, digamos dentro de veinte o treinta años, dirán de Fidel Castro, sino del trato despectivo que la juventud de hoy ya le da. Una buena parte de esa juventud ve en Fidel Castro un gobernante demasiado conservador y rígido, culpable absoluto de todo lo malo en Cuba, representante de lo viejo y obsoleto, y excesivamente incendiario y pesimista para con el futuro de la humanidad.

Los promotores y defensores del Decreto 349 dirigieron sus cañones hacia jóvenes escritores y artistas principalmente. Es decir, no todos los jóvenes son escritores y artistas, y tampoco todos los escritores y artistas jóvenes contestatarios por utilizar el arte para la crítica social y el activismo político, para la transgresión. El Decreto 349 está dirigido a ese grupo de escritores y artistas jóvenes que el gobierno cubano considera contestatario y por tanto peligroso. Sabido es que los gobiernos autoritarios temen a los transgresores, y el gobierno cubano, autoritario por excelencia, no permite la transgresión de ningún tipo ni por ninguna vía.

La reacción primera contra el Decreto 349 fue inmediata y aglutinadora ya que una buena parte del gremio de las artes, desde poetas y dramaturgos hasta músicos, artistas plásticos, cineastas, y críticos de arte, se movilizó contra él. Como bien escribió Ernesto Hernández Busto en Letras Libres, “desde la llamada ‘guerrita de los emails’ (un debate ocurrido en 2007, a raíz de la presentación en la televisión de uno de los más afamados censores de los años 70), no se había producido en Cuba un consenso tan amplio entre intelectuales y creadores contra una acción gubernamental. El bautizo cultural del nuevo presidente, Miguel Díaz-Canel, y del nuevo ministro de Cultura, Alpidio Alonso, no se aleja demasiado del fiasco cuando artistas de muy variados credos, desde Silvio Rodríguez hasta Luis Manuel Otero, pasando por un Premio Nacional de Artes Plásticas como José Ángel Toirac, un actor popular como Luis Alberto García o una ‘activista’ de renombre internacional como Tania Bruguera han expresado, de diversas maneras, su oposición a la primera ley que firman ambos”.

A diferencia de la guerrita de los emails, las críticas al Decreto 349 no amainaron, sino que crecieron en ímpetu y temática. Y luego de la primera reacción, básicamente a través de declaraciones verbales y escritas, vino una segunda, ésta protagonizada en gran medida por jóvenes artistas armados de acceso a internet y redes sociales. Por un periodo de dos años aproximadamente fuimos testigos de un activismo sin precedente en forma de burlas y críticas perspicaces hacia el gobierno y sus líderes, en franco desacato al Decreto 349. Muestras de ello fueron las burlas a Díaz-Canel por sus limones como base de todo, a Guillermo García y sus avestruces, y al exespía Gerardo Hernández por querer sembrar piñas (imagino que para piña colada). Y podríamos citar muchísimos ejemplos porque si bien los dirigentes cubanos tienen un talento exquisito para el disparate político, los cubanos en general tienen un olfato especial para el choteo y la crítica áspera. No obstante, solo argumentamos que todo ese activismo en las redes sociales digitales eventualmente fue movido hacia espacios físicos tradicionales —entiéndase calle, parque o plaza— por las acciones del Movimiento San Isidro y la rebelión de un grupo numeroso de jóvenes artistas y escritores contra el Ministerio de Cultura el 27N.

Tanto el Movimiento San Isidro como el 27N fueron abiertamente políticos, aunque protagonizados por gente muy cercana a la creación artística en general. O sea, no sabemos hasta qué punto la huelga de hambre —tradicionalmente un acto de desobediencia civil y por tanto un acto político— puede ser considerada un performance, y no cuestionamos aquí la intención de artistas y huelguistas ni la validez de lo que hicieron. Todo lo contrario, nuestro respeto absoluto para ellos por su creatividad y valentía. Además, casi todo es válido en el activismo político y el arte de hoy, y artistas como Georgia O’Keeffe y Marina Abramovic, entre muchos otros, maltrataron y hasta hirieron sus cuerpos como parte de algunos de sus performances. Empero, sí creemos que, en un punto o momento dado, esos performances ejecutados por Luis Manuel Otero Alcántara y sus colegas en San Isidro se convirtieron en manifestación política de consecuencias históricas concretas, y es por eso que tratamos de determinar dicho punto o momento. Es que el Movimiento San Isidro trascendió, se expandió hacia un acto político cualitativa y cuantitativamente superior: el 27N.

La concentración ocurrida el 27N frente al Ministerio de Cultura, una institución que politiza la cultura porque la administra, fue un acto político. Acto político fue el enfrentamiento entre jóvenes artistas y comisarios de la cultura que se ven a sí mismos como intelectuales pero que en realidad son políticos de profesión. La reunión de esos jóvenes artistas con los comisarios de la cultura, dentro ya de esa institución política que es un ministerio, fue política dado los temas que trataron: el cese de la censura y el derecho a la libertad de expresión y creación. Y la reacción brutal de la policía y la seguridad del estado contra los jóvenes artistas fue política y criminal, un crimen político.

Quizás la gran diferencia entre el Movimiento San Isidro y el 27N fue que el primero sucedió, casi siempre, dentro de una casa —espacio privado—, o al menos esa casa era el centro del movimiento. Además, dicha casa estaba sitiada por la Seguridad del Estado. En cambio, los muchachos protagonistas del 27N tomaron pacíficamente un espacio público frente al Ministerio de Cultura para hacer política en su máxima expresión: rebeldía y sublevación venida de las masas. Y debido a ese acto político, esos muchachos se ganaron la “invitación” (el derecho lo tenían desde que nacieron) a conversar con las autoridades culturales. De todos modos, el Movimiento San Isidro y el 27N demostraron, cada cual a su manera, que la protesta pública ya era posible en Cuba, dejando también la impresión de que todo aquello era solo el comienzo de un movimiento político mucho más abarcador, quizás permanente y fundacional. De ahí, en nuestra opinión, el valor histórico del Movimiento San Isidro y el 27N.

Dentro del marco del Decreto 349, alusión especial merece la canción Patria y Vida de Yotuel Romero, Descemer Bueno, Maykel Osorbo, El Funky y el dúo Gente de Zona. En primer lugar, la canción constituye un reto directo a lo que el Decreto 349 prohíbe: uso de símbolos y héroes patrios como temática para la expresión artística contestataria. Patria y Vida se opone a Patria o Muerte, el símbolo más importante de Fidel y la revolución, y al hacerlo de carambola denuncia al mismísimo Fidel y su revolución. En segundo lugar, Patria y Vida es un acto de desobediencia civil porque plantea y exige una opción política y social radicalmente opuesta a lo propuesto por Patria o Muerte. Si el título de la canción anuncia deseo y aspiración, la canción en sí explica muy brevemente el por qué ese deseo y aspiración. La frase Patria y Vida es mucho más que ‘abajo el comunismo’ y ‘abajo la revolución’. La frase pone a la patria donde tiene que estar y a la vida por encima de la muerte. Es más, al cabo de 62 años de Patria o Muerte, Patria y Vida no es contrarrevolucionaria sino una apuesta por otra revolución. Y sabemos que la palabra revolución provoca nauseas entre muchos de nosotros, pero aquí la utilizamos en su significado natural verdadero, como sinónimo de cambio drástico, fundación de algo cualitativamente nuevo y superior. En tercer lugar, históricamente, la gran mayoría de los movimientos políticos y sociales han estado acompañados de un líder principal, un logo, lema o bandera que los identifique, y un himno que exprese deseo y aspiración y que invite a la unidad en pos de un objetivo común. A falta de líder, logo, lema y bandera, Patria y Vida se convirtió en todo eso y en el himno del 11J. Patria y Vida, como Patria o Muerte una vez, movilizó a miles de cubanos por un bien común y sin distinción de edad, género y raza. Todos la corearon, no como una canción en sí, ni siquiera como canción protesta, sino como himno motivador, identificador, definitorio, emancipador y unificador de todo un movimiento rebelde, sublevado. Por primera vez desde 1959, los opositores a la revolución cubana, a Fidel Castro en concreto, tuvieron un himno, y el Decreto 349 no pudo evitarlo. Patria y Vida es el choteo más serio, mordaz y sensato contra el Decreto 349.

La tormenta perfecta

Con el Movimiento San Isidro y el 27N aun frescos, la canción Patria y Vida calentó la sociedad cubana justo cuando ésta alcanzaba su punto de ebullición. El gobierno cubano se encargó de lo demás pues creó un ambiente de tormenta perfecta al implementar un paquete de reformas económicas que incluyó la eliminación de la moneda CUC y la creación de las tiendas MLC. Y lo hizo en medio de una pandemia global.

Los problemas con el CUC venían manifestándose desde hacía años, diríamos que por más de una década. El problema no estaba en el CUC en sí sino en la existencia de dos economías paralelas (la estatal y la bolsa negra) con cuatro monedas circulando: dos nacionales (el peso cubano y el CUC) y las libremente convertibles (el dólar y el euro principalmente). A ello habría que añadir un régimen de precios construido sobre ciclos de oferta-demanda sumamente inestables, impredecibles y totalmente divorciado de unos salarios arcaicos, ineficientes e injustos. Los salarios cubanos, en vez de fomentar productividad y laboriosidad, estimulaban la ineficiencia, el robo y el mercado negro. Y todo eso junto creó tres estratos sociales: quienes solo tenían pesos cubanos; quienes tenían CUC; y quienes tenían monedas libremente convertibles.

El mercado negro cubano llegó a tener su propio sistema cambiario y de financiamiento. Encontrabas especuladores y cambistas donde menos se esperaban. Cambiaban dólares y euros por CUC a precios según la oferta y demanda. Las mulas y mulos que viajaban a Panamá y México para hacer sus compras, por ejemplo, solo aceptaban billetes de cien dólares. También estaban quienes tenían dólares, pero no visa para viajar, por lo que se dedicaban a financiar los viajes de quienes tenían visa, pero no dólares. Todo era muy sofisticado para los estándares del mercado cubano.

Lógicamente, todo eso creó una inconformidad social tremenda en un país que pregonaba la economía planificada y la igualdad social. El desconcierto se notaba en el comportamiento y los comentarios políticos de la ciudadanía. En nuestro artículo “Comentarios breves sobre las posibles causas del 11J” decíamos que bastaba con pasar por el aeropuerto José Martí para ver la lujuria de aduaneros y funcionarios hacia mulas, mulos y viajeros en general. Añadimos aquí que el recelo era más notable en los paladares y hoteles, y hasta entre amigos y familiares. Porque además no lo ocultaban, sino que lo expresaban abiertamente. Hasta la prensa cubana se hizo eco de ello, aunque muy discreta y ocasionalmente. Pero también estaban quienes admiraban el trapicheo y aspiraban a un día ser parte de ello. El verbo resolver hacía rato que había tomado un significado completamente nuevo en el argot cubano. Robar ya no era un delito sino un modo de vida, y a mucha honra.

El gobierno cubano tuvo tiempo de sobra para eliminar el CUC. Hizo bien en eliminarlo, solo que decidió hacerlo en el momento menos apropiado, en medio de una pandemia que afectaba a todas las economías nacionales y al comercio internacional. Afectaba el turismo, principal rubro de la economía nacional cubana, y afectaba las remesas familiares y viajes de mulos y mulas, los cuales constituían los flujos de divisas más estables hacia el mercado negro cubano. Por tanto, vale preguntar: ¿por qué eliminar el CUC en medio de la crisis creada por el covid-19?

Lo mismo sucedió con la creación de las tiendas MLC, la cual tenían como objetivos centrales la recaudación de dólares, la eliminación del CUC y la neutralización de la actividad comercial de mulos y mulas. La economía estatal no podía competir con mulas y mulos en términos de eficiencia, precios, volumen y estabilidad en los abastecimientos y diversidad de los surtidos. Mulas y mulos conocían bien el mercado negro, y por tanto crearon una oferta-demanda basada casi exactamente en lo que los consumidores querían y necesitaban a precios bastante asequibles para quienes tenían CUC, dólares y euros. Así, y poco a poco, fueron ganando espacio o market shares hasta asegurar un nicho sólido dentro del mercado creado por el flujo de dólares y euros hacia y dentro de Cuba. Por todo ello nos atreveríamos a decir que, en términos de comercio minorista, mulas y mulos en buena medida llegaron a reemplazar al ministerio de comercio interior y la recaudación de divisas libremente convertible. Eso era lo que se veía en la calle, lo que los economistas llaman the marketplace.

El gobierno tenía el poder político y el legal pero no el económico, y por eso le hizo la guerra a mulas y mulos con tasas impositivas y trabas burocráticas arbitrarias de todo tipo. La estocada final fue la creación de las tiendas MLC. De todos modos, el gobierno fue incapaz de reabastecer las tiendas MLC, por lo que éstas quedaron vacías en un par de semanas más o menos. Así que, al final, ni mulos, ni mulas, ni tiendas MLC, y todo eso incomodó, aun más, a cientos de miles de cubanos, incluyendo a los autodenominados revolucionarios que contrarrevolucionariamente se beneficiaban de cuentapropistas, mulos, mulas, CUC y la bolsa negra en general. El gobierno subestimó el alcance económico de la bolsa negra, la popularidad que ésta tenía por haber logrado lo que ese gobierno marxista nunca logró: satisfacer lo que los mismos marxistas describen como las necesidades cada vez más crecientes de los consumidores.

En conclusión, fueron muchas las causas que conllevaron al 11J, pero algunas resultaron más evidentes y relevantes que otras. En mi artículo “Comentarios breves sobre las posibles causas del 11J”, publicado en esta revista, argumenté que algunas de esas causas podían ser encontradas en el periodo 2008-2016, comenzando con la súbita enfermedad de Fidel Castro en el año 2008 y culminando con su muerte en el 2016. Pero también debemos tener en cuenta los acontecimientos comentados aquí, ocurridos entre los años 2018 y el 2021. De forma general, vemos que hubo una sucesión de hechos aislados, ocurridos cronológicamente, que eventualmente crearon una especie de tormenta perfecta en Cuba. El resultado final fue un levantamiento social. El pueblo cubano salió y tomó las calles tan solo por uno o dos días, pero las tomó, poniendo al gobierno en jaque por primera vez desde el Maleconazo de 1994.


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