Actualizado: 20/09/2019 11:30
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Bancos, Cambios

¿Comenzó “la piñata” en Cuba?

“¿Créditos a los trabajadores?, ¡pero si esa empresa no existe para este banco estatal!”

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Seguramente nuestros lectores conocen el proceso llamado “la piñata”. Ocurrió en la Nicaragua sandinista, una vez que perdieron las elecciones en 1990. Se trató del traspaso o la compra a precios irrisorios de propiedades estatales, —terrenos, casas, activos de empresas— directamente a nombre de la cúpula militar y civil del gobierno sandinista, una vez que perdieron las elecciones. Pasaron a ser, y de un día para el otro, de los más altos dirigentes estatales y partidarios, también del ejército, a propietarios privados de bienes estatales.

¿Están los militares cubanos de alto rango haciendo lo mismo? También todos conocimos en su momento en Rusia, cómo altos funcionarios de la nomenclatura compraron a precios irrisorios importantes empresas industriales “quebradas” en la nueva Rusia emergente luego de la disolución de la URSS.

Parece ser este el movimiento que ocurre hoy, sotto voce entre la más alta nomenclatura cubana, con la misma opacidad de los procesos similares en otros países. Por eso, el trabajo de investigación de colegas como Haroldo Dilla y Miriam Celaya se agradece por su claridad y veracidad.

En su reciente artículo, “La conjura de la Divina Pastora”, la periodista Miriam Celaya nos narra el proceso de cierre y traspaso del restaurante La Divina Pastora de propiedad estatal a propiedad cooperativa. En su excelente trabajo de investigación, Celaya nos informa de todos los pasos de este traspaso y al margen de los trabajadores que allí laboraban. Primero los trabajadores percibieron que iban a ser despedidos, luego los convencieron que se convertirían ellos en cooperativistas en el mismo restaurante, y luego vino la exigencia de 116.000 CUC para poder abrir la cooperativa como inversión inicial. Perteneciente al Grupo Gaviota, el restaurante no aparece como empresa realmente existente en el Banco Nacional de Cuba. Por ello, los trabajadores no pudieron pedir ningún crédito para alcanzar una suma de tal magnitud, y les dijeron, —algunos responsables de esa corporación—, que se sometía a “licitación” y que ya habían encontrado un nuevo inversionista para pagar esa suma inicial. El nuevo inversionista es un militar en activo o en retiro, pero pertenece al mismo “cuerpo” de los que controlan y dirigen el Grupo Gaviota.

¿De dónde sacó el nuevo inversionista ese monto de dinero? ¿De las empresas de perfeccionamiento estatal?, ¿De la herencia de una buena abuelita que reside en Kuwait? No parece ser el resultado de una herencia, así que es dinero robado a una entidad estatal. ¿Quién controla este traspaso de activos del Estado al nuevo inversor?

Cooperativas de “los de arriba”, cooperativas de “los de abajo”

Hace pocos días leía en la página web, de Cubadebate un reportaje sobre las cooperativas comerciales de productos agropecuarios de reciente creación. El reportaje no mencionaba la cadena de costos que debían pagar dichos cooperativistas para explicar el aumento de sus precios una vez puesta en marcha las cooperativas. Lo más interesante del artículo fueron los comentarios que aparecen a continuación. Leí alrededor de cincuenta comentarios y no pude continuar por falta de tiempo, pero todos iban dirigidos a pedirle al Estado que fijara los precios máximos porque con el salario estatal no podían alcanzar a consumir lo necesario para la alimentación.

Efectivamente, alrededor del 78 % de la población empleada, depende de los deprimidos salarios estatales, lo cual hace comprender las reacciones de los comentaristas.

Los cooperativistas explicaban al entrevistárseles, que ellos habían mejorado sus salarios de doscientos y pico de pesos a cuatrocientos y pico de pesos de ingresos personales al mes, y que recibían por ejemplo un producto del campesino a 3,50 pesos la libra y lo vendían en estos mercados a 5,00 pesos la libra.

Los comentaristas, sacaban cuentas y denunciaban un 70 % de utilidades pero efectivamente quizás un estudio de los gastos podrían reducir esas utilidades a un porciento mínimo. No estoy justificando los altos precios del mercado agropecuario para los asalariados del Estado, también comprendo la insatisfacción con los precios de las cooperativas de transporte que suben sus precios, pero el monto de lo que deben pagar mensualmente en insumos, licencias, y reparación y compra de piezas de repuesto y sin ser propietarios, explican en gran parte también, la subida de precios.

Mi comentario va dirigido a llamar la atención sobre una tendencia que el propio Estado impuso desde los inicios de los años 90, y es a recaudar a través de la circulación y no de la producción, grandes cantidades de dinero a partir de las remesas y de los altos impuestos (IVA) a los productos de las tiendas TRD que son el mercado imprescindible para los productos de primera necesidad en alimentación y aseo pero también siguen siendo el tipo de precios que se fijan para los insumos que deben adquirir los cuentapropistas y los cooperativistas en ausencia de mercados mayoristas reales que no existen o si se les llama así, son mercados “concentradores” pero no mayoristas porque sus precios siguen teniendo una desmesurada carga impositiva como los precios minoristas en CUC.

¿Dónde está ese exceso de circulante que dice el Estado existe y con lo cual pretende justificar los desmesurados impuestos sobre el consumo?

En realidad pasar de ganar alrededor de 250 pesos a 450 pesos, parece desmesurado, pero en el contexto cubano sigue siendo un ingreso irrisorio mensual para satisfacer la canasta básica. Pareciera, que los cálculos de los economistas asesores de la política económica están muy concentrados en los sectores de mayores ingresos y deducen de ellos la política de precios al consumidor.

Sin embargo me pregunto ¿Quién en Cuba puede tener el monto de 116.000 CUC para invertir, siendo cubano, si no es alguien muy bien conectado con la actual nomenclatura en el poder? Los casos de “la cuentapropista” que abre un negocio privado con un círculo infantil en las zonas más exclusivas de la ciudad, con una inversión inicial desconocida pero por la zona de residencia ya se distingue su origen, y el militar que invierte en una nueva cooperativa 116.000 CUC, efectivamente no son golondrinas que hacen el verano, pero ambos evidencian un proceso opaco, desigual y de prebendas concomitantes con los altos puestos de la nomenclatura, desde los cuales se utilizan las nuevas reglas de apertura al mercado en Cuba en exclusiva a su favor.

Hay un enorme abismo entre las cooperativas de “los de arriba” y las cooperativas de “los de abajo”. ¿Empezó la piñata?


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