Actualizado: 18/01/2020 16:08
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Insurrección, Batista, Castro

Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

La rendición de la plaza militar de Santiago de Cuba es otro mito de ese fenómeno histórico denominado revolución cubana

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La madrugada del 2 de enero de 1959, el primer acto público de la revolución triunfante de Fidel Castro terminó con desfile del regimiento del ejército batistiano acuartelado en el Moncada. En su discurso previo desde el balcón del ayuntamiento de Santiago de Cuba, Castro había puesto ya el parche revolucionario antes de salir el grano contrarrevolucionario: “Golpe de Estado, ¡no!; movimiento militar revolucionario, ¡sí!; y no en Columbia, sino en Santiago”.

Así puso también el último clavo en el ataúd de la junta cívico-militar que el general Eulogio Cantillo había montado contrarrevolucionariamente la madrugada anterior, en el Campamento Militar de Columbia, con el general mambí Enrique Loynaz del Castillo y cuatro doctores de la república poscolonial: Ricardo Núñez, Raúl de Cárdenas, Gustavo Cuervo y Alberto Blanco [1].

Mito y realidad

Aquel desfile acredita que la rendición de la plaza militar de Santiago de Cuba es otro mito de ese fenómeno histórico denominado revolución cubana. Hasta historiógrafos dizque críticos del castrismo difunden ese mito: “Los dos combates finales de la guerra revolucionaria cubana tuvieron lugar en los últimos días de diciembre de 1958 en Santiago de Cuba y en Santa Clara (…) El coronel Rego Rubido, luego de un intercambio epistolar con el jefe de la Revolución, entregó el mando a los rebeldes [en Santiago]” [2].

Junto con el otro real de la toma de Santa Clara, este parrafito cuela un combate ficticio junto con otro forro histórico: la entrega del mando. Así como en La Habana, en Santiago de Cuba hubo tiroteos esporádicos que no dan para historiar un combate final, tal como no dan para historiarlo en la capital. Tampoco hubo entrega del mando a los rebeldes.

El coronel José María Rego Rubido, jefe del Moncada, subió a la loma El Escandel y después de intercambiar vis-a-vis [no por carta] con Fidel Castro se pasó al bando de este para repudiar la componenda de Cantillo en Columbia. Rego Rubido bajó de regreso al cuartel con Raúl Castro y ambos constituyeron el Mando Conjunto Revolucionario de Oriente.

Asalto al Moncada 2.0

Raúl entró al cuartel Moncada como perro por su casa, sin otra escolta que el capitán Raúl “Maro” Guerra. Ya estaba allí el comandante René de los Santos con su tropa (ver fotografía arriba). Ante los militares congregados en el patio central, Raúl soltó: “Aquí no hay vencedores ni vencidos, la única que ha ganado es Cuba”. Su misión estribaba en ocupar el Moncada ya no por asalto, como había pretendido su hermano el 26 de julio de 1953, sino por variación ingeniosa del clásico ardid del Caballo de Troya.

Después del desfile, Fidel se tiró a descansar un rato y saldría tempranito en la Caravana de la Libertad, que ese día tuvo como estación principal la Granja de Cautillo, cerca de Bayamo. Aquí radicaba un puesto de mando del ejército batistiano y Fidel convenció a los oficiales, clases y soldados de que lo mejor era deponer las armas. A las once de la noche entraba en Bayamo con la banda municipal tocando una versión instrumental de la “Marcha del 26 de Julio”.

Entretanto Raúl había dispuesto con Rego Rubido, como primera orden del mando conjunto, que todos los oficiales batistianos quedaran confirmados en sus respectivos cargos. Hasta el jefe de la policía, Bonifacio Haza, se enganchó un brazalete del Movimiento Revolucionario 26 de Julio [MR-26-7]. Al mismo tiempo Raúl iba colando despacito efectivos del Ejército Rebelde en el cuartel Moncada, pero como el presidente Manuel Urrutia no sabía de la misa la media, envió dos emisarios a averiguar por qué se había dictado aquella orden. Raúl aclaró: “Yo tengo a toda esa gente armada. No los he podido desarmar [pero] vamos a hacer juicos rápidamente [y] las sentencias se ejecutarán de inmediato” [3].

Fusilados y prensa libre

Así fue. Haza y otros muchos más serían pasados revolucionariamente por las armas. Para la tercera semana de 1959, la cuenta de los fusilados en Oriente iba por 114; Raúl espetó: “¡Y hay que matar como a doscientos más!” [4]. A la semana siguiente, el periodista del Chicago Tribune y presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana (SIP), Jules Dubois, se estrenaba como colaborador de Bohemia con un artículo pautado para borrar “la impresión errónea de que un baño de sangre de venganza se ha desatado en Cuba, [ya que] las agencias de noticias no especificaron que se habían celebrado juicios (…) La opinión pública en este país (…) apoya la intransigencia de Castro” [5].

Coda

Aquel 2 de enero las tropas del MR-26-7 ocupaban revolucionariamente en La Habana, por orden directa de Castro, los cuarteles claves de La Cabaña y Columbia. Preso de simbolismo inocuo, el Directorio Revolucionario tomaba el Palacio Presidencial. Y el Segundo Frente del Escambray se complacía con acampar en el Instituto de Segunda Enseñanza del Vedado.

Notas

[1] Sólo un historiógrafo tan descuidado como el Dr. Rafael Rojas puede apearse con que, “tras la huida de Batista, el poder civil de la nación había quedado en manos del presidente de la Suprema Corte, el magistrado Carlos Manuel Piedra, pero una junta militar, encabezada por Eulogio Cantillo y de la que formaban parte otros generales batistianos como Francisco Tabernilla, José Eleuterio Pedraza y Pedro Rodríguez Ávila, seguía al mando”.

Sólo en Wikipedia puede leerse que Pedraza formó parte de una junta militar liderada por el general Cantillo. La madrugada del 1 de enero de 1959, Pedraza huyó con Batista a República Dominicana y en el mismo avión iba Rodríguez Ávila; Pancho Tabernilla salió en otro rumbo a Jacksonville (Florida). Ni siquiera en Wikipedia se lee que la junta “seguía al mando” ni mucho menos que Piedra era el presidente de la Tremenda, digo: Suprema Corte. Piedra era juez de la Sala de lo Civil, pero, al ser también el magistrado más antiguo del Tribunal Supremo, tenía que ocupar interinamente la presidencia de la República por imperativo del artículo 149 de la Constitución de 1940, ya que el vicepresidente Rafael Guas Inclán andaba huyuyo y terminaría asilándose en la embajada de Chile, mientras que el presidente del Congreso, Anselmo Alliegro, había empinado el vuelo con Batista.

[2] Rojas, R.: Historia mínima de la revolución cubana, edición electrónica, El Colegio de México - Turner Publicaciones S.L. (2015).

[3] Suárez, R.: Un insurreccional en dos épocas, Ciencias Sociales (2001), 293.

[4] “Déjenme aquí con nuestros muertos y nuestro espíritu de sacrificio”, Bohemia, 18-25 de enero de 1959, 81.

[5] “Las ejecuciones en Cuba”, Bohemia, 1 de febrero de 1959, 6.


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