Actualizado: 31/10/2020 1:43
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Exilio, Narcotráfico, Colombia

Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

El 20 de mayo de 1983, el presidente Reagan sazonaría su discurso en Miami con que había “pruebas contundentes de que funcionarios de Castro están involucrados en el tráfico de drogas”

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El 2 de octubre de 1980, a eso de las cuatro de la mañana, una granada RGD-5 de fabricación soviética explota contra un Buick verde estacionado frente al concesionario Eloy Motors [1479 SW, Calle 6, Pequeña Habana]. Otras dos serían lanzadas el 29 de septiembre de 1981 y el 22 de febrero de 1982 contra el bar Morocco [2898 NW, Avenida 7] y el domicilio de Manuel Lorenzo [2740 NW, Terrace 16], respectivamente. Todas causaron daños a la propiedad, pero sólo en el bar hubo lesiones personales: un herido.

Dilema policial

El Departamento de Orden Público de Florida (FDLE, por sus siglas en inglés) averiguó que el marielito Lázaro Visuña, de 28 años, había metido el granadazo en Eloy Motors. Y como estaba a punto de salir del Instituto Correccional Federal de South Dade, donde purgaba sanción por otros cargos, se presentó esta disyuntiva:

  • Revelar su identidad —que FDLE venía guardando— en el juicio penal por la explosión y poner así su vida en peligro
  • Preservar su identidad dejando de enjuiciarlo por la explosión y correr así el riesgo de que escapara a otro país

Un oficial de FDLE precisó la alternativa: “You’re damned if you do and damned if you don’t”. Se optó por encausar a Visuña y el 20 de abril de 1982 fue notificado de que afrontaba hasta 30 años de cárcel más $10.000 de multa por la ocurrencia de lanzar aquella granadita.

La identidad de Visuña venía guardándose porque, siendo guardaespaldas del narcotraficante de origen cubano Osiris “EI Zorro” Santi, había entregado el 13 de enero de 1982 dos granadas RGD-5 a las autoridades (Foto), con la coletilla que eran parte de un lote de 240 suministradas por la guerrilla colombiana M-19 con destino a la guerrilla salvadoreña. Visuña se atrevió a dar este paso porque Santi quería que lanzara una granadita contra el Parque del Dominó [801 SW, Avenida 15, Pequeña Habana] para generar terror y desacreditar al exilio.

“Havana’s Drug-Smuggling Connection” [1]

Hacia la primavera de 1980, el embajador de Cuba en Colombia, Fernando Ravelo-Renedo, habría estrechado revolucionariamente las relaciones con Jaime Guillot-Lara, Juan Lozano Peréz, alias “Johnny Crump”, y otros narcotraficantes colombianos. El flujo de la droga desde la península La Guajira (Colombia) a Cayo Paredón Grande (Cuba) y luego a Cayo Hueso (USA) habría quedado asociado al reflujo de armas para el M-19.

Así y todo, no tiene fácil explicación que granadas soviéticas fueran a parar a Miami. A través de Nicaragua, Castro abastecía a la guerrilla salvadoreña con armas de manufactura occidental procedentes de Vietnam y hasta de Etiopía [2] para poder escudarse con denegación plausible en caso de toparse con algo parecido al escándalo Irán-Contras.

La conexión colombiana empezó a deteriorarse en marzo de 1981, tras ocuparse un lote de armas destinado al M-19 y ser expulsado Ravelo-Renedo con su cuadrilla diplomática por simple correlación. Y el 7 de noviembre, patrulleras de Colombia hundieron el barco Katrina de Guillot-Lara en medio de una operación de contrabando de armas por la costa del Pacífico.

El capo salió espantado, pero el 25 del mismo mes caería en el jamo de la policía mexicana y hablaría hasta con la CIA [2]. A la vuelta de una década se notició que Guillot-Lara había sido sepultado en Cuba, donde guardaba prisión [3]. Esto sí que tiene fácil explicación: los agentes de Castro supieron arreglárselas para trasladarlo de Ciudad México a La Habana.

En abril de 1982, Johnny Crump encajó sentencia benigna en USA por cooperar con la DEA y el FBI. A tal punto ayudó que un gran jurado federal pudo meter contrarrevolucionariamente en el mismo saco criminal de Guillot-Lara y otros narcotraficantes [Caso 82-643 Cr-JE / Distrito Sur de la Florida] tanto a Ravelo-Renedo y su tracatán Gonzalo Bassols como al jefe de la Marina de Guerra Revolucionaria, Aldo Santamaría, y al presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), René Rodríguez.

Máscaras del Zorro

Entretanto ni el FDLE ni el FBI lograron encontrar el resto de las granadas soviéticas en Miami ni echarle mano a “EI Zorro” Santi, a.k.a. El Animal y El Asesino. El agente especial Sergio Piñón (FDLE) declaró el 4 de marzo de 1982 ante Subcomité Senatorial sobre Seguridad y Terrorismo: “We can’t connect him with anything. We even know where the grenades are probably hidden, but we can’t get at them”.

El 20 de mayo de 1983, el presidente Reagan sazonaría su discurso en Miami con que había “pruebas contundentes de que funcionarios de Castro están involucrados en el tráfico de drogas”. Sólo que se hizo el zorro y más repercusión que esta denuncia tendría la hartera de pollo asado, moros y cristianos, plátanos maduros fritos y flan de coco que se dio en el restaurante Esquina de Tejas [101 SW, Avenida 12] de La Pequeña Habana.

Y eso que seguidamente un capitán de la Dirección General de Inteligencia (DGI) con disfraz de Jefe del Departamento de la Comunidad Cubana en el Exterior en el ICAP, Jesús Raúl Pérez-Méndez, desertó el 13 de julio de 1983 en Nueva York y se bajó con que Raúl Castro había aceptado dinero del narcotráfico a cambio de que usaran la Isla de Cuba pintoresca como base de operaciones para introducir drogas en USA.

Coda

Al cabo sobrevino la explosión del caso Ochoa. Castro lamentaría que “lo peor es que los que se metieron en esto partían de la idea de que ayudaban a la República (sic)” y revelaría la sabrosa ironía de que precisamente un comandante político del M-19, Antonio Navarro Wolf, dio la clave del caso al comentar “que había rumores en Colombia de que gente de Pablo Escobar tenía contacto con Tony de la Guardia”. Castro precisó también cómo el general José Abrantes —el jefe del MININT “que todos los papelitos me los traía y que todo lo discutía”— fue a juicio y paró en la cárcel por no pasarle de inmediato el papelito con el rumor de Navarro Wolf [4].

Notas

[1] Reader’s Digest, julio de 1982, 98-102

[2] Andrew, C. y Mitrokhin, V.: The World is Going Our Way, Basic Books (2005), 123 s.

[3] “Guillot murió de un infarto”, El Tiempo [Bogotá], 13 de abril de 1991.

[4] Biografía a dos voces, Debate (2006), 332. 335. 337.


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