Actualizado: 21/09/2020 14:29
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Plantación, Ingenio, Fraginals

«El Ingenio», un texto en clave de tragedia

El gran problema que se plantea Moreno Fraginals en El Ingenio es: ¿por qué fracasó la “sacarocracia” cubana?

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Debe haber sido alrededor de 1995 cuando el historiador y geógrafo cubano, Leví Marrero Artiles, recibió en su casa de Guaynabo, Puerto Rico, a Manuel Moreno Fraginals y a su esposa. Tuve el privilegio de facilitar el encuentro y, sobre todo, de presenciarlo. Delante de mí, esa tarde, tenía a dos de los más grandes historiadores cubanos: Marrero, autor del impresionante Cuba: economía y sociedad y Moreno con su indispensable El Ingenio. A propósito de aquella reunión escribí un ensayo que titulé Levi Marrero y Manuel Moreno Fraginals ante el espejo de Clío. Hoy recojo unos párrafos de aquel texto para homenajear al autor de El Ingenio al conmemorarse el centenario de su nacimiento.

Al escribir El Ingenio, Manuel Moreno Fraginals intenta rescatar la historia de la plantación azucarera en Cuba desde sus orígenes en el siglo XVIII hasta su transformación al desaparecer la esclavitud en el siglo XIX.

Uno de los aspectos que mayor interés genera la lectura de El Ingenio puede ser la reflexión que se hace en el texto sobre el papel que jugó la élite criolla en la sociedad y la historia cubanas a partir de su vinculación con la plantación azucarera. Moreno Fraginals analiza la plantación como un fenómeno esencial para comprender la historia cubana.

El autor de El Ingenio es claro en precisar que el origen y desarrollo inicial del “complejo económico social cubano del azúcar” es el resultado del esfuerzo de los hijos del país y no es una decisión que se toma en la metrópoli.

Esta peculiaridad le sugiere a Moreno Fraginals una consecuencia política de largo alcance: es el origen de una posición antimetropolitana entre la élite criolla de Cuba. De acuerdo al autor de El Ingenio, el carácter autóctono del que se reviste el desarrollo tecnológico de la industria azucarera cubana “relajó profundamente los lazos metropolitanos e hizo más hondo el abismo entre criollos y peninsulares”. Para Moreno Fraginals “las fuerzas productivas en expansión comienzan a provocar el desmoronamiento de la antigua superestructura colonial”.

El fenómeno se ve acompañado por otro resultado al que también se le asigna un significado notable: la aceleración del tránsito cubano hacia el capitalismo. Es evidente, entonces, que para Manuel Moreno Fraginals, al entronizarse la plantación azucarera en la mayor de las Antillas se establecían los fundamentos de un proceso histórico que tendría como final feliz la fundación de la nación-estado. De ahí que Moreno Fraginals le asigne a la élite criolla cubana, un sector social que en otra parte él mismo definió como “la más sólida y brillante clase burguesa de América Latina”, una función heroica: la de ser el sujeto responsable de modernizar a Cuba y de fundar la nación cubana.

Aquel sujeto histórico, sin embargo, no cumplió con la responsabilidad que le asignó Moreno Fraginals en El Ingenio. Es verdad que en el texto la élite criolla cubana aparece dando batallas épicas a favor de una transformación de la sociedad cubana. El problema es que, según Moreno Fraginals, el esfuerzo quedó trunco. De acuerdo al autor de El Ingenio, la “sacarocracia” cubana, como él bautiza al grupo de hacendados criollos, fue incapaz de “renovar en todo su potencial la tecnología azucarera”. Un hecho que para Moreno tiene grandes consecuencias ya que esa sería la causa para explicar la debilidad política que la élite criolla demuestra a partir de la década de los treinta en el siglo XIX.

El gran problema que se plantea Moreno Fraginals en El Ingenio es, ¿por qué fracasó la “sacarocracia” cubana?, ¿por qué no pudo cumplir con su destino histórico?, ¿qué le impidió llevar a cabo la fundación de la nación y del estado cubanos? La respuesta que nos ofrece el mismo autor es muy sencilla: la adhesión de la élite criolla al sistema esclavista como fundamento del trabajo en la plantación azucarera.

De ahí que Moreno Fraginals afine su tipificación de la élite criolla cubana y la descalifique como burguesía legítima, tratando de resolver lo que de otra manera sería un problema teórico desde la perspectiva marxista que inspira al autor cuando escribe El Ingenio. En el texto, la “sacarocracia” cubana no es más que una “semiburguesía castrada, impotente, que tiene del burgués revolucionador de la época el aliento intelectual, la mercancía y el mercado”.

De esta manera El Ingenio se convierte en un relato que alude a la traición de un grupo social que tenía la asignación histórica de fundar una nación, a la vez que promovía la modernización del país y que, por razones egoístas, el afán desmedido del lucro, rehusó cumplir con “su” responsabilidad.

El “pecado” o “falta” del grupo se agrava si se considera que Moreno Fraginals argumenta que la élite criolla cubana fue responsable, también, de liquidar a los miles de cultivadores de tabaco que durante el siglo XVIII se desarrollaban en los alrededores de La Habana. En su presentación de los hechos, Moreno Fraginals obliga a que el lector recuerde a ese notable historiador cubano, Ramiro Guerra, y su tesis sobre la vinculación de la propiedad agraria y la fundación de la nacionalidad. Es decir, que con la desaparición del veguero se esfumaba otra vía para llevar a cabo la gestación de Cuba como nación-estado. Y una vez más, la responsabilidad del “crimen” recae sobre la “sacarocracia” criolla.

La asignación de culpa que sugiere El Ingenio para la élite criolla cubana asociada con la génesis y desarrollo de la plantación en Cuba se magnifica cuando se considera el devenir de la historia cubana: un país intervenido en 1898 por una potencia extranjera y una república democrática que dejó insatisfecha a una parte considerable de las generaciones de cubanos que la vivieron.

No hay que engañarse, el texto de Moreno Fraginals destalla gran admiración por aquella “sacarocracia” cubana que fomentó el primer gran desarrollo industrial del Caribe. Para el autor de El Ingenio, Francisco de Arango y Parreño, motor del fenómeno, es un héroe en todo su esplendor; pero como el grupo social al que representa, es un héroe “fallido”.

Al leer El Ingenio en clave de tragedia, el lector se puede imaginar que para Moreno Fraginals, y como en los textos clásicos, el “correctivo” que reconduce a Cuba hacia su “verdadero” destino histórico es la Revolución cubana. Pero he aquí que al final de sus días, el autor de El Ingenio se encuentra en el exilio porque aún su Patriano encuentra el rumbo asignado por los dioses.


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