Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Iglesia Católica, Represión, Primavera Negra

El noveno aniversario de la Primavera Negra de 2003

La Iglesia Católica Cubana ha continuado su tarea de promover la reconciliación nacional y la unidad entre todos los cubanos

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Los días 18, 19 y 20 de marzo se cumplen 9 años de la Primavera Negra de 2003. Las fuerzas represivas del Gobierno cubano arrestaron 75 miembros de la pacífica disidencia, entre ellos periodistas, economistas, bibliotecarios, sindicalistas, maestros independientes, activistas de derechos humanos y líderes de organizaciones políticas.

El objetivo era aterrorizar al pueblo cubano, debido al progreso del movimiento contestatario, fundamentalmente con la unidad forjada en favor del Proyecto Varela, así como el desarrollo de la prensa independiente mediante la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling y su revista De Cuba, con un numero en circulación nacional y otro terminándose, las bibliotecas y otras iniciativas en todo el país.

Las autoridades aprovecharon el inicio de la guerra en Iraq, creyendo que la opinión pública internacional no atendería los atropellos cometidos en Cuba, previsión que fracasó totalmente, pues como nunca antes amplios sectores de la opinión pública internacional, incluidos algunos por muchos años engañados sobre la realidad cubana, comprendieron con esta flagrante violación de los derechos humanos la trágica situación imperante en Cuba.

Tras un mes de intensos interrogatorios en los centros de la Seguridad del Estado, como Villa Marista en La Habana, se realizaron los juicios sumarísimos, sin ningunas garantías procesales. Los 75 fuimos sentenciados a condenas de hasta 28 años de cárcel. En todo momento nuestros verdugos procuraban que nos sintiéramos solos y sin conexión con el mundo exterior, repitiendo las mentiras de los infiltrados para tratar de desmoralizarnos. Nunca lo lograron, ya que la abrumadora mayoría mantuvo una actitud firme en defensa de sus principios.

Informaciones transmitidas subrepticiamente por nuestros familiares durante las breves, tensas y vigiladas visitas en el Cuartel General de la policía política, nos fortalecieron, tales como las denuncias de Amnistía Internacional, Human Rights Watch, el Comité para la Protección de los Periodistas, Reporteros sin Fronteras y otras ONG de defensa de los derechos humanos. Muy estimulante resultó la Carta Abierta contra la Represión en Cuba, suscrita por cientos de intelectuales, artistas, periodistas y políticos de origen cubano y de todo el mundo, auspiciada por la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana. Al trasladarnos en un ómnibus, esposados y muy vigilados, para repartirnos por las prisiones distantes a cientos de kilómetros de nuestros hogares desde La Habana hasta llegar a mi destino en la última, Guantánamo, siempre recuerdo las caras de sorpresa y alegría de ellos, cuando logré informarles nombres de los firmantes, entre los que figuran Jorge Semprún , Fernando Savater, Ana Belén, Víctor Manuel, Almodóvar, Joaquín Sabina, Juan Manuel Serrat, Alejandro Sanz, Juan y Luis Goytisolo, Penélope Cruz, Gunter Grass, Antonio Elorza, Caetano Veloso, David y Fernando Trueba, Manuel Gutiérrez Aragón, Almudena Grandes, Juan Echanove, Rosa Montero, Sergio Ramírez, Carlos Solchaga, Maruja Torres, Elvira Lindo, Javier y Pilar Bardem.

En la Prisión Provincial de Guantánamo me alentó la noticia llegada a través de presos de que un sacerdote católico había procurado verme, pero no se lo permitieron. En la sección de máxima seguridad de Boniatico, en la cárcel de Boniato en Santiago de Cuba, el compañero del Grupo de los 75 Normando Hernández me hizo llegar una revista Palabra Nueva, con el comunicado de la Iglesia Católica Cubana sobre la injusticia cometida contra nosotros y la protesta por el cruel fusilamiento de tres jóvenes, que al secuestrar una lancha para salir de Cuba no provocaron hechos de sangre.

Al mismo tiempo me sirvió de sostén el apoyo moral recibido por mi esposa y familiares en el Santuario de El Cobre, cuando me encontraba en la sala de penados del Hospital Grillo de ese pueblo, como también sucedía en la iglesia de Santa Rita de Casia, en La Habana, a nuestras mujeres, que unidas pronto llegaron a ser conocidas como las Damas de Blanco. Hoy no debe olvidarse que junto a la actividad sostenida y sacrificada de la disidencia cubana y la solidaridad internacional, la Iglesia Católica Cubana jugó un papel muy importante en la excarcelación de todos los prisioneros de conciencia de la Primavera Negra de 2003. Con tacto e inteligencia esta institución, que con hechos concretos ha estado abierta a creyentes y no creyentes, facilitó a través de complicadas negociaciones que todos salieran, con otros presos políticos. Habría sido deseable una solución más completa, como que quienes permanecemos en Cuba no estemos sometidos a una licencia extrapenal, que puede retornarnos a prisión para continuar cumpliendo la injusta condena. Pero hay que tener en cuenta las difíciles condiciones existentes, por lo que se logró entonces era lo posible a obtener.

Asimismo, la Iglesia Católica Cubana ha continuado su tarea de promover la reconciliación nacional y la unidad entre todos los cubanos. Resulta lamentable que personas apostadas allende los mares, desconocedoras de la realidad nacional, se convierten en severos críticos y siembran semillas de desconfianza sobre una institución que se ha mantenido durante estos años al lado del pueblo. Parecen ignorar que en un contexto muy difícil y delicado la Iglesia ha abierto incluyente espacios de opinión que, aunque todavía modestos, dan voz a los cubanos de “aquí y de allá”, creyentes y no creyentes. A quienes estiman tener mejores proyectos los esperamos y les deseamos los mayores éxitos, pero por el momento les pedimos respeto por los que en la Isla y en el exterior trabajamos por una Cuba próspera y sin exclusiones.

Este noveno aniversario de la Primavera Negra de 2003 se conmemora muy cercano a la visita del papa Benedicto XVI, del 26 al 28 de marzo. Es una ocasión oportuna para recordar que la Iglesia Católica Cubana se mantuvo a nuestro lado, y fue una de las pocas voces dentro de Cuba que nos acompañó en nuestro suplicio y se empeñó en nuestra excarcelación y el bienestar de nuestras familias.


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