Actualizado: 22/05/2019 9:03
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Primero de Mayo, Trabajadores, Cambio

El Primero de Mayo en Cuba, un «performance» que no convence a nadie

Los trabajadores son rehenes de “la nomenklatura”

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¿Cómo entender las grandes movilizaciones masivas que se produjeron durante años en todos los países del ex “socialismo real” y en la Cuba de hoy?

Para los gobiernos de estos países, sus funcionarios, algunos de sus intelectuales orgánicos y amigos extranjeros estas movilizaciones en las grandes plazas centrales de sus ciudades incluyendo desfiles militares, eran y son hoy, la muestra de la fortaleza y legitimidad del régimen político. Una mirada desde los trabajadores, explicaría que su presencia es sólo el performance frente al poder de lo que se espera de ellos, so pena de sufrir algún tipo de represalias, o el precio a pagar por tener una vida privada con mayor libertad de acción.

En el 40 Aniversario de la RDA, el 7 de octubre de 1989, la parada militar y civil en Berlín ocurrió como siempre, con un apoyo popular masivo. Un mes después, el 9 de noviembre se derrumbó el Muro de Berlín por esos mismos ciudadanos, —armados de mandarrias—, que aplaudían un mes antes al presidente en funciones. Las estrategias de resistencia popular frente a gobiernos totalitarios, parecen ser pensadas desde la sobrevivencia.

Seguramente este primero de mayo, algunos irán con pancartas “sospechosas” para la seguridad del Estado para pedir un “socialismo verdadero” y no la farsa gubernamental, pero estos serán solo unos pocos. El grueso de los trabajadores movilizados lo harán para evitar represalias de distintos tipos o sencillamente para no “marcarse” frente a un poder que los encuadra como “súbditos” y no los respeta como ciudadanos.

Vicente Bloch descubre un mecanismo de control social muy eficaz que se verifica a nivel masivo en la medida en que las precarias condiciones económicas[1] obligan a la inmensa mayoría de la población cubana a vivir en la ilegalidad, lo cual les genera una vulnerabilidad adicional frente al poder que les incita a la simulación política y a la conformidad pública[2].

Frente a la precariedad de vivir en la ilegalidad, la población muestra conformidad política como un escudo para ahorrarse problemas complementarios en una cotidianidad que le roba todo su tiempo en la reproducción simple de sus vidas. Así, se ha socializado una manera de hacer política que incita a la sumisión y a desentenderse de la política como posición menos riesgosa en la vida cotidiana[3].

En realidad, no hay nada que festejar este primero de mayo para los trabajadores cubanos. Un nuevo Código de trabajo fantasma con un reglamento no publicado, una canasta básica cada vez más inaccesible, la prohibición de la iniciativa económica para los nacionales, —con la nueva ley de inversión extranjera— la ausencia del derecho de huelga, la prohibición de sindicatos libres, y los nuevos parásitos estatales, —las agencias empleadoras— que se interponen en el derecho de libre contratación de los trabajadores. Un paisaje desolador y sin señales de cambios positivos.

Si la élite política cubana necesita cada año, verse en el “espejo” del apoyo simbólico de las mayorías, el resto de la nomenklatura corre para mantener sus puestos.

La Central de Trabajadores de Cuba en el corre, ve y dile

Hace un mes la dirección nacional de la CTC, decidió por los trabajadores del país la consigna que deben llevar en las pancartas los trabajadores el primero de mayo: “Unión y eficiencia”, una consigna que refleja el mandato del gobierno a los trabajadores: nada de las demandas salariales de los trabajadores que salieron abrumadoramente en el proceso de preparación del “Congreso obrero” ni de sus derechos esquilmados, sino unidad con el gobierno y producir más con precarios salarios. En realidad el gobierno y la CTC, siguen pensando que los trabajadores cubanos son idiotas.

Detrás de “la fiesta” de los trabajadores, encontramos todas las maniobras de control social e intimidación para lograr al menos la vista aérea de una masa compacta en los primeros momentos del desfile. La CTC nacional, provincial y municipal, anda “acuartelada” desde hace más de un mes para garantizar la imagen aérea que se publicará en Granma al día siguiente. Para ello necesitan que la dirección sindical de cada centro de trabajo, enliste a sus trabajadores y comiencen el proceso de presión de pasar lista en la Plaza de la Revolución. Un proceso de intimidación que incluye “castigos” con los “incentivos” al final del mes o del trimestre, con las posibilidades de no ser más “idóneo” —ahora que se reconocen las plantillas infladas— o sencillamente con alguna sanción por el partido, si se es miembro del único existente, pertenencia que garantiza movilidad social o al menos no caer más bajo en la escala social. Puro clientelismo político.

Pero la CTC nacional y sus sucursales por todo el país tienen que garantizar la presencia multitudinaria al precio que sea, aunque sólo sea para la foto aérea del inicio del desfile. De lo contrario, pierden su puesto de trabajo como funcionarios pagados por el gobierno. De manera tal, que “la fiesta”, perdón, el desfile, exige garantizar transporte público para desplazar a los trabajadores y la gasolina, coordinaciones a todos los niveles, alguna merienda si la transportación es por ejemplo a las cinco de la madrugada, horas de reuniones a todos los niveles para que salga la movilización y quiénes van primero y quiénes después en el desfile, como resultado de la “emulación socialista” —algo que tiene sentido sólo para los funcionarios sindicales— y todos estos recursos y energías para que la élite se regale la imagen simbólica de la adhesión multitudinaria, en un gesto narcisista que exige demasiados gastos para el quebradero de cabeza que es la economía cubana hoy.

Tendremos la foto aérea del desfile del primero de mayo en la capital y en las cabeceras de provincia, pero este gesto narcisista que tanto necesita el poder y tanto cuesta al país, será leído en esas claves de los trabajadores: puro performance simbólico vacío de contenido y pleno de sonrisas, para ver si nos dejan más tranquilos el resto del año… a ver cuando podemos derrumbar definitivamente nuestro Muro de Berlín.



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