Actualizado: 23/02/2018 16:26
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Elecciones, Votación, Parlamento

Elecciones parlamentarias en Cuba: ¿qué hacer?

Todas las demandas y aspiraciones que tenemos los cubanos encuentran ahora un recurso para manifestarse dentro de la legalidad: las próximas elecciones parlamentarias

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Puede que usted solo desee que se le acabe de poner acueducto a su ciudad, o que por fin comiencen a funcionar los servicios de salud pública y educación, al menos al nivel en que la propaganda oficial pretende que lo hacen. Puede que usted solo desee que su país se dote de una Ley de Protección Animal, o una Ley de Cultos, o de Prensa, o de Cine, como cualquier otra nación civilizada de occidente. Puede que usted solo aspire a conseguir emprender un negocio propio dentro de un claro y firme marco legal, que elimine la arbitrariedad que impera en toda sociedad en que la norma son las decisiones discrecionales de los que mandan. Puede que usted solo desee que la Asamblea Nacional no siga postergando asuntos vitales a todos, no se sabe si hasta la próxima venida de Jesús. O puede que simplemente quiera poder tener un verdadero control sobre las decisiones de nuestros mandatarios, para así apearlos de esa condición de mandantes en que se nos han trepado sin nunca pedirnos autorización; y de ese modo evitar que vuelvan a imponernos a pantalones leyes como la del aumento de la edad de retiro, en contra de la voluntad popular, y hasta de la realidad demográfica y económica de la nación. O tal vez crea usted que Cuba debe convertirse en una democracia económica, o liberal…

Todas estas demandas y aspiraciones, y todas las demás que tenemos los cubanos, mientras sean legítimas (que no violen los derechos del otro ciudadano), encuentran ahora un recurso para manifestarse dentro de la legalidad: las próximas elecciones parlamentarias. Con nuestra actitud el próximo 28 de enero podemos enviarle un claro mensaje a quienes nos desgobiernan, de que ya los cubanos no creemos que quienes detentan el poder político tengan la legitimidad para hacer lo que se les plazca; y a la Asamblea Nacional de que es tiempo de asumir su papel de órgano supremo del poder del estado, el único dotado de la potestad constituyente y legislativa en la República, y de paso el deseo de nosotros, el soberano, de un cambio de rumbo.

¿Cómo?

1º Absteniéndote de votar.

En las pasadas elecciones municipales poco más o menos 1 de cada 7 ciudadanos no lo hicimos. Si ya fue muy difícil acosar a los remisos cuando constituíamos tal proporción: ¿qué sucederá cuando seamos 1 de cada 5? Pues que el régimen podrá tomar medidas severísimas contra los que animamos este movimiento, pero muy poco o nada contra el inmenso resto.

Un 20 % de abstención sería un rudo golpe al régimen, que obligaría a quienes desgobiernan a atender muchas de nuestras demandas. Un golpe contra el que muy poco puede hacer. Excepto quitarse la careta y decidir no volver a hacer elecciones, o aplicar unos niveles de represión explícita para la que los cubanos hemos demostrado, a través de nuestra historia, no tener mucha capacidad de aguante. Es relativamente fácil obligar a los cubanos a hacer algo mediante el engaño, o el “embullo”; pero imposible solo mediante el recurso de sembrar de muertos las cunetas.

2º Votar, pero solo por él, o por los candidatos que hayan sido antes electos en estas pasadas elecciones municipales de noviembre. Nunca por los demás que sin una previa legitimación en las urnas nos imponen los que mandan mediante sus mangoneadas Comisiones de Candidatura.

El hecho es que a los electores se les presenta en sus boletas una lista de candidatos no para que seleccione de entre ellos, sino para que los apruebe o no. O sea, al elector se le presenta un solo candidato por cada plaza legislativa a ser ocupada, en una boleta que contiene más de un candidato. Mas, en la boleta correspondiente no existen casillas para oponerse a una de las propuestas, o a todas, solo para aprobarlas. Para rematar este fraude, la Ley Electoral declara no válidas las boletas que se hayan dejado en blanco, y por tanto no se tiene en cuenta el voto negativo.

El único recurso es por lo tanto marcar a uno, o algunos de los presentes en la boleta, para hacerla válida, y a la vez negarle el voto a todos los demás. Uno, o algunos, cuya más legitima opción son aquellos que hayan sido ya electos en estas pasadas elecciones municipales de finales de noviembre.

De esta manera se obliga a contabilizar la boleta como válida, y ese voto selectivo representa de por sí un voto de oposición a una parte de los candidatos, que tiene que ser tomado en cuenta en el escrutinio. Así, si por ejemplo más de la mitad de quienes marcasen en sus boletas votaran solo por los candidatos mencionados, los demás, los para nada legítimos, no resultarían electos.

Es necesario aclarar que contrario al recurso de invalidar la boleta de una u otra manera, por este camino puede obtenerse un resultado concreto: la derrota, o en todo caso la pírrica victoria de los candidatos impuestos sin previa legitimación en las urnas.

A veces en la historia, algo que ya estaba se convierte de repente en un recurso idóneo para provocar un cambio. Esto ocurre cuando finalmente la voluntad de moverse, de salir del anquilosamiento, se transmite a toda una sociedad. Es este el caso en nuestro país al presente. En tu actitud, ciudadano, que por otra parte no cometes ninguna ilegalidad al escoger cualquiera de las dos opciones propuestas, está la posibilidad de que se atiendan tus reclamos, o que comiencen a construirse tus sueños para el país en que naciste.

Este 28 de enero, cuando se cumplan 165 años del nacimiento del más grande de nosotros, aquel que soñó con una República con todos, y para el bien de todos, es el día. Que tu conciencia te dicte.


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