Actualizado: 11/12/2019 10:35
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Presos, Disidencia, Derechos Humanos

Espíritu de connivencia con culpables y criminales

La prensa oficial cubana sigue siendo “candil y de la calle y oscuridad de la casa”

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Llevo varios días accediendo a un ejemplar del periódico Granma. Algo casi imposible para una parte considerable de los lectores del municipio de Colón, en Matanzas, dado las poquísimas suscripciones que Correos pone a disposición de la población de esta localidad.

Asombrado, me reacomodé en el sillón donde revisaba el ejemplar correspondiente al lunes 10 de octubre, cuando al llegar a su página 5 sobresalía por el color marcadamente oscuro de sus letras el siguiente titular: “¡Silencio, presos en huelga de hambre!”.

De forma automática, pensé en mi amigo Marcos Antonio Román Llanes, preso político en la penitenciaría provincial de Holguín. Ese mismo día me había comunicado vía telefónica que había iniciado una huelga de hambre, a la que puso por nombre “Que cese la impunidad”. Con esta protesta, Román Llanes exige al Gobierno de Cuba que ponga fin a la brutal ola represivo-violenta dentro de las cárceles y contra los pacíficos activistas prodemocráticos en ciudades de nuestro país. Rápidamente, del asombro pasé a la consternación: el artículo era un espaldarazo a quienes, según el periodista Leandro Maceo Leyva, cerraban una segunda semana en huelga de hambre en California, Estados Unidos.

Leandro expone que los reos protestan contra el confinamiento solitario y los castigos padecidos por décadas, y recalca que aún esperan porque sus demandas sean atendidas y se difunda la penosa rutina carcelaria que padecen.

Créanme, la pena que siento por Leandro es inmensa. En la exposición me deja ver su grado de compromiso con quienes nos oprimen y, como resultado, ignora lo que han vivido y viven parte de los cubanos, aquellos a los que el Gobierno revolucionario ha destinado a una cualquiera de la miríada de cárceles diseminadas por todo el territorio de nuestra otrora bella isla caribeña.

Otra vez tengo la oportunidad de comprobar cómo la prensa autorizada a circular para los que vivimos aquí y quienes están autorizados a redactarla, dan validez al calificativo de que son candil de la calle y oscuridad de la casa, al callar las aberraciones que desde el poder han caracterizado al Gobierno de La Habana desde el año 1959.

Silencian las insuficiencias de un Gobierno que se caracteriza por la intolerancia, los excesos de poder, las ausencias de derechos y libertades, el irrespeto a la Carta Universal de Derechos Humanos, así como la demagogia y la autocracia.

Ser periodista cubano y escribir un artículo en Cuba sobre cómo viven los presos en cárceles de otro país mientras se hace oídos sordos ante lo que sucede en las prisiones de la Isla, es contar con una conciencia similar a la de los tiranos, es activar la pluma para flagelar a nuestros hermanos y olvidarse de la realidad de los presos en Cuba.

Los periodistas oficiales hacen caso omiso de denuncias como la realizada por el preso Ernesto Gómez Machado el pasado 28 de septiembre, a través de la reportera independiente Dania Virgen García, en el sitio Cubanet, sobre una revuelta por falta de atención médica a presos en la prisión de Canaleta, en la provincia de Ciego de Ávila. Gómez Machado dio cuenta también de la huelga de hambre que realizaba el prisionero Marniel Hernández Alarcón, quien ingirió alambres el 17 de ese mes, dos días después se tragó una aguja de coser y el martes 20 engulló una cuchilla de afeitar para exigir a las autoridades carcelarias que le faciliten atención médica. Hizo público además que el reo Yurisan Mormojena se había cosido la boca y mantiene desde el pasado 17 de septiembre una huelga de hambre en ese penal avileño donde el teniente coronel Ricardo Pérez Díaz sentenció: “Hasta que revienten no van a tener atención médica”.

Actuar así no podemos inscribirlo como una falta de ética profesional. Nos encontramos ante una enfermiza falta de sensibilidad humana, de amor a los nuestros; ante un desmedido espíritu de connivencia con los culpables y criminales que aún gobiernan la nación. Esos que dan la espalda sin pudor a sus hermanos en uno de los momentos más críticos de nuestra historia patria. ¡Que Dios interponga su mano misericordiosa!


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