Actualizado: 23/10/2018 10:57
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Poder, Generales, Militares

¿Faraones?

Según el analista, Cuba se encamina hacia “el modelo egipcio”. Un régimen que permita determinadas libertades pero donde las Fuerzas Armadas sean intocables

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Para poder entender los entramados con que el régimen cubano pretende eternizarse es necesario tener primero una idea de la situación de la cúpula militar cubana que es en realidad quien tiene las riendas del poder.

El nivel superior: Raúl y Fidel Castro (aunque este último esté retirado) seguido por El Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez y de los Generales de Cuerpo de Ejército Abelardo Colomé Ibarra, Leopoldo Cintra Frías y Álvaro López Miera. Olvídense por el momento de otros vicepresidentes y altos oficiales.

En la neo monarquía cubana es imposible predecir quien es el tercero al mando. En una oportunidad se dijo que era Carlos Aldana y terminó de almacenero en el polo turístico de Topes de Collantes. Después se hablaba del Vice-Presidente Carlos Lage o del Ministro de Relaciones Exteriores Pérez Roque y todos conocemos lo que fue de ellos por meter el dedo en las “mieles del poder”. Fuera de Raúl y Fidel los demás son descartables.

En orden descendente: Están los tres jefes de Ejércitos (Occidente, Centro y Oriente) Ya no se cuenta la DAAFAR y la MARINA DE GUERRA pues sus estados mayores se convirtieron en Direcciones del MINFAR y a los tres ejércitos se les subordinaron las unidades de combate que pertenecían a la DAAFAR y la MARINA DE GUERRA.

Al frente de estos tres ejércitos están mayormente generales que eran niños al triunfo de la Revolución. Por ejemplo el General de División Lucio Morales Abad Jefe del ejército Occidental, que procede de los alfabetizadores de los primeros años de la Revolución. Morales Abad posee el mando del principal ejército que tiene como misión la defensa del occidente cubano incluyendo La Habana. Hay incluso generales que nacieron con la revolución entre ellos el yerno de Raúl Castro. Y hay altos oficiales como su hijo Alejandro que desde que lo ascendieron a coronel recibió en mofas de pasillos el título de “Coronel de los Generales” Estos dos últimos se pueden catalogar como príncipes de la corte es decir que tienen un status especial superior.

A las nuevas generaciones de generales (excluyendo a los dos príncipes por supuesto) no les dicen nada las historias épicas ya desgastadas que pintan los históricos y sus intereses son netamente profesionales. Desempeñan sus funciones lo mejor que pueden de acuerdo a los reglamentos militares para aspirar a que el día del retiro puedan ser ubicados en el “Sector del Oro” (turismo incluyendo empresas que garantizan la promoción y la logística, biotecnología, tabaco, puertos, cibernética, industrias extractivas tales como las del níquel y el petróleo) como ya ha sucedido con los generales que les precedieron.

Este es el principal anzuelo de la lealtad. A ellos se les deja saber subliminalmente que a los que han sido más fieles y capaces se les ubicará en el “Sector del Oro”. A los que no han sido tan fieles o han tenido dificultades en sus vidas privadas los tranquilizan o acomodan en el “Sector de la Lata” entregándoles parcelas de tierra en usufructo a unos y a otros les brindan facilidades en pequeños negocios cuentapropistas, no los ahogan con impuestos, regulaciones o inspecciones y que puedan así vivir decentemente sin muchas complicaciones. En algunos casos se producen enroques como en el ajedrez y del “Sector del Oro” saltan sin detenerse al “Sector de la Lata” como es el caso del General de División Rogelio Acevedo, que de tener el control de toda la aviación civil de Cuba paso de la noche a la mañana al alquiler de habitaciones en su mansión.

Raúl Castro sabe perfectamente que ya aquello se acabó, que el socialismo no tiene arreglo y que debe ganar tiempo para acomodar a los miembros de la dinastía y a sus allegados del primer nivel como dueños o accionistas mayoritarios de los principales sectores económicos del país. Este proceso se ha visto avanzar muy lento, casi paralizado, especialmente por la preocupación de Raúl de que una apertura económica más amplia y acelerada pueda conducir a que el pueblo exija después una apertura política que ponga en peligro la seguridad y el futuro de la dinastía al darse la posibilidad de que se exijan responsabilidades por crímenes y abusos cometidos como le ocurrió al general Augusto Pinochet, al dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt (1982-1983) condenado a 80 años de cárcel y al General Jorge Videla de la Argentina.

La designación de Alejandro Castro Espín hijo del General/Presidente para que a nombre del gobierno cubano firme un acuerdo de seguridad con Rusia en representación del Consejo de Defensa Nacional nos da la clave.

¿Qué es el Consejo de Defensa Nacional?

El Consejo de Defensa Nacional se constituye y prepara desde tiempo de paz para dirigir al país en las condiciones del estado de guerra, durante la guerra, la movilización general o el estado de emergencia.

Durante las situaciones “excepcionales” (otro saco donde cabe de todo) es el máximo órgano de poder estatal y político y ejerce la dirección de la preparación militar y la lucha armada; el orden interior y la seguridad; la política exterior; las actividades económicas y sociales; la actividad jurídica; la defensa civil; y el poder político.

Analicemos esta movida en detalles. Desde la desaparición del mundo comunista y su metrópolis la URSS, el régimen cubano busca desesperadamente un modelo que le encuadre mejor para sustituir la ideología marxista desfasada y fracasada. Inicialmente, cuando cundió el pánico con el derrumbe del muro de Berlín, se mandaron a correr, crearon una comisión militar encabezada por Carlos Aldana que visitó los principales mandos militares para explicar lo que estaba sucediendo.

En estas reuniones, en medio de la acostumbrada retórica épica, Aldana en un tono sombrío y abatido les confirmaba a los auditorios que se habían equivocado, que el socialismo sí era reversible pero que la revolución cubana nunca fue ese tipo de socialismo. Aquella confesión denotaba un desconcierto total. Inicialmente en esas conferencias se les ocurrió decir que el socialismo cubano llevaría el nombre de Revolución Martiana.

Poco tiempo después de esas reuniones, que se sostuvieron con la oficialidad de las Fuerzas Armadas, Raúl Castro, al parecer analizando con más profundidad junto a algunos de sus asesores, se niegan a admitir aunque lo sabían que el socialismo había fracasado, y ahí es donde adoptan la consigna de “ACTUALIZACION DEL MODELO”, una consigna amorfa que no dice nada pero que puede pegar para ganar tiempo y que a su vez representa un saco donde también cabe de todo.

Comenzaron las visitas de comisiones de altos dirigentes para tomar las experiencias de China y Vietnam. Incluso Raúl viaja personalmente para conocer lo que habían hecho. Les gustaban ambas variantes de un capitalismo de Estado, dirigido por un solo partido, pero veían la dificultad de que las principales democracias occidentales se tragaran ese anzuelo sin la liberación política.

En medio de las indecisiones, los grupos de estudio y análisis del régimen que continuamente estudian las publicaciones de inteligencias extranjeras se detienen en una muy interesante, la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU por sus siglas en inglés) la cual trata de determinar el rango de democracia en 167 países realizando y publicando una medición sobre los índices de democracia en el mundo.

El régimen cubano, durante sus análisis para determinar qué modelo tomar, así como que nombre adoptar para darle respiración artificial a su moribunda economía y empobrecida sociedad, se dieron cuenta que si ellos estaban en el lugar 127, mientras China y Vietnam estaban por debajo de ella en el lugar 142 y 144 en la lista de regímenes autoritarios, había que buscar un modelo que fuera más atractivo para Occidente y en especial para Estados Unidos. Rusia, por encima de Cuba solo por cinco puestos con el 122, tampoco les resultaba atractiva al traer inconfortables reminiscencias del pasado. Hasta que se dieron cuenta del modelo que más se les ajustaba al dedillo. Y ahí estaba la tierra de los faraones.

Egipto, ocupando la posición 109, con la excepcional particularidad de permitir partidos políticos, elecciones libres, mano dura con los extremistas y manteniendo por ley constitucional a su casta militar intocable en cualquier gobierno que fuera elegido resultaba el más apetecible para “sin prisa pero sin pausa” ganar el tiempo que necesitan.

Sabemos que todavía no se vislumbra la libertad de asociación, la legalización de partidos políticos, la ampliación de las reformas económicas y otros derechos conculcados al pueblo cubano, pero no hay dudas de que están planificando unas buenas tramoyas para el venidero espectáculo.

Ahí es que surge la nueva idea en la que trabajan febrilmente; el modelo egipcio. Un régimen que permita determinadas libertades pero donde las Fuerzas Armadas sean intocables y que ni siquiera un presidente elegido por elecciones democráticas pueda decidir sobre ellas, siendo estas el garante de la estabilidad y el orden, manteniendo en sus manos no solamente el poder militar sino también el principal poder económico, que en definitiva decide lo político.

¿Tendremos faraones?


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