Actualizado: 13/12/2019 11:14
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Salud: Gripe A

Habana 'flu'

Malos hábitos higiénicos, una cultura descreída y abarrotados sistemas de transportación y promiscuidad habitacional tejen una alfombra roja para el virus.

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En Tokio o Seúl los tapabocas son comunes. En La Habana lo común es no verlos nunca. Ni el personal del aeropuerto internacional resiste mantenerlos en sus rostros cuando salen de la aduana. Se pueden ver descubiertos en el lobby, como si la pandemia no existiera más allá de la zona fronteriza, donde se agolpan los viajeros.

"El cubano es así: muy indisciplinado", resume OH, quien espera a su primo que está a punto de aterrizar desde Miami. "En Estados Unidos hay muchos casos, espero que mi gente no lo traiga", aspira este ingeniero cincuentón que mira ansioso hacia la pizarra electrónica que informa sobre los vuelos que parten de Florida. Siete en total, además del procedente de Nueva York.

A los viajeros que provienen de Estados Unidos o de otros países con alta prevalencia de la influenza A se les toma una declaratoria sobre su estado de salud y deben presentarse en un puesto médico a las 72 horas de haber llegado a la Isla.

"Hay mucho rigor en el control. Si te confías y no haces el censo y hay un brote, te puede costar el título", aseguró un médico de policlínica responsable de la pesquisa de los viajeros. Acaba de visitar a uno de ellos en la casa de sus familiares. "No hay problemas", dice confiado.

A la carrera, el gobierno instaló sensores de temperatura corporal en sus 14 aeropuertos internacionales, como parte de un programa nacional para "disminuir el riesgo de introducción y diseminación" del virus A (H1N1).

La medida no es del todo fiable. Expertos aseguran que una persona infectada puede burlar los sensores sin ser identificada porque el período de incubación de la gripe varía entre uno y tres días.

"Los escáneres no detectarán a todas las personas con gripe, especialmente si están experimentando el comienzo de la infección (…) Las personas que se infectaron muy recientemente no serán identificadas por el escáner", dijo Mark von Itzstein, de la Griffith University, en Australia.

Aunque hasta el momento los enfermos de la nueva gripe son pocos, extranjeros en su casi totalidad, de acuerdo con los reportes oficiales, los gastos para mantener a raya la pandemia en la Isla son ya estimables.

El periódico oficial Granma informó recientemente que además de los pacientes sospechosos de tener el virus, fueron investigadas en laboratorios de virología otras 1.349 personas que habían tenido contacto con ellos.

Según el director nacional de Epidemiología, Manuel Santín Peña, en el caso del niño canadiense contagiado fueron sometidas a análisis 119 personas que habían tenido contacto con él, incluidos la enfermera y el médico del consultorio donde le fue diagnosticada la influenza.

Santín afirmó igualmente en mayo pasado que se reportó un brote de gripe en un internado de La Habana, y que se tomaron todas las medidas necesarias de vigilancia epidemiológica, de aislamiento y control, hasta que se descartó la presencia del virus A H1N1.

En el laboratorio nacional de referencia de la influenza A, instalado en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, de La Habana, existen tres métodos para confirmar casos: sometimiento de muestras sanguíneas a la reacción en cadena de la polimerasa en tiempo real, el cultivo de virus y el aumento en cuatro veces del título de anticuerpos neutralizantes específicos frente al virus H1N1.

No pocos enemigos

Para el gobierno cubano es bien importante demostrar su capacidad de control de la pandemia. Lo refrenda como un éxito de su sistema político.

En mayo pasado, la doctora Lea Guido, representante en La Habana de la Organización Panamericana de la Salud, ponderó los esfuerzos gubernamentales ante tal emergencia.

"Conocemos el alto valor que confiere el gobierno revolucionario a la protección de la salud de la población, que se sustenta en la atención primaria, y cuenta con una comunidad organizada", dijo la doctora Guido, quien consideró que el nuevo virus "pone a prueba un sistema sanitario, que debe ser capaz de actuar y responder con rapidez ante situaciones desconocidas".

Las autoridades, que desean estar a la altura de tales observaciones, enfrentan no pocos enemigos, entre ellos una estructura gastronómica, tanto estatal como privada —esta última en proporciones ínfimas—, que no responde consistentemente a reglas básicas de higiene.

"Con la misma mano que toman el dinero, cogen el pan con jamón. Es una barbaridad que a diario veo", denuncia un médico retirado en una de las cafeterías habaneras donde el mosquerío es parte endémica del decorado.

En Belascoaín, una de las arterias de La Habana, dos jóvenes que atienden una venduta de arroz frito charlan animadamente sobre la comida que yace sobre una bandeja al descubierto. A unos metros, sin embargo, otro puesto de venta mantiene los productos debidamente protegidos en potes plásticos, pero a la hora de servirlos no aparecen las tenazas.

"A veces hasta te encuentras vasos marcados con creyón de labios", precisa el ex galeno, quien hace notar que la limpieza de las vajillas en pizzerías o restaurantes no pasa el examen menos severo. "Hay mucho robo de recursos de limpieza y mucha negligencia también", estima.

Los medios, principalmente la televisión, insisten en las medidas de higiene individual, como lavarse constantemente las manos, pero una anciana como EA se queja de que el jabón de peor calidad cuesta siete pesos o 25 centavos de CUC, que representa el 3,5% de su pensión como maestra jubilada.

En medio de una ciudad de más de dos millones de habitantes, es común ver a hombres soplarse la nariz sin pañuelo. También son artículos caros y raros en tiendas de bagatelas en las que puedes hallar cestas plásticas o imitaciones imantadas de frutas para pegar en refrigeradores, pero no pañuelos o papel higiénico, cuyo rollo cuesta 40 centavos de CUC, es decir, 2,5% del salario promedio.

A tales dificultades se suma la promiscuidad habitacional en numerosas familias que viven hacinadas en pequeños apartamentos o cuarterías, o los colmados sistemas de transportación colectiva, que en las últimas semanas han sufrido recortes significativos en los viajes por falta de combustible o piezas de repuesto.

La pandemia, además, trasvasó los marcos sanitarios para rechinar en las esquinas de la política.

En un nuevo desaguisado en las frágiles relaciones entre los gobiernos de Cuba y México, las autoridades isleñas cerraron rápidamente sus fronteras al tráfico aéreo procedente del país norteño, a lo que el presidente Felipe Calderón respondió con la cancelación de su proyectado viaje a La Habana.

Un replicante Fidel Castro acusó a México de tapar la noticia de la influenza para permitir una sosegada visita del presidente Obama y presentó el debut de la gripe en Cuba de la mano de estudiantes mexicanos de medicina.


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