Actualizado: 19/10/2017 11:37
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¿Hay algo que funcione bien en Cuba?

Imposible encontrar algo que funcione bien en Cuba, o que mejore

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La pregunta es muy simple: después de 53 años de castrismo en todas sus variantes, ¿hay algo que funcione bien en Cuba? No, nada. Ni siquiera la represión.

No hace falta información secreta de la CIA, ni confidenciales reportes diplomáticos de la Unión Europea o América Latina. Ni información de periodistas independientes o disidentes. Ni “filtraciones”. Basta la prensa oficialista, amarilla y sensacionalista a más no poder, pero que ni aun así puede tapar el sol con una información distorsionada, más enclenque que el dedo de un castrista mal alimentado.

No se trata de comparar a Cuba con Haití, Burkina Faso o Tonga, como acostumbran hacer quienes no tienen argumentos para defender la tiranía totalitaria. Se trata de Cuba, nuestra Cuba, que es de todos los cubanos, no solamente de sus jerarcas que la han estado destruyendo por más de medio siglo.

Dejemos a un lado en esa prensa la cantaleta permanente por los cinco espías convictos que cumplen sanción en Estados Unidos en condiciones mucho más humanas y decentes que cualquier preso político en la isla-manicomio, o “el bloqueo”, que por mucho que sueñen algunos tontos en Cuba y Miami nunca será levantado sin nada a cambio, o “la crisis mundial”, en la que algunos países prosperan, a pesar de todo, o “la sequía” o “los huracanes”.

Revisemos, simplemente, esa prensa oficial que no puede publicar nada sin autorización del Departamento de Orientación Revolucionaria del Partido, y que cuando media Cuba estaba a oscuras el domingo en la noche hablaba por Radio Reloj de recetas de cocina, los “logros” de la revolución, descubrimientos arqueológicos, y las malas noticias que ocurrían en cualquier parte del mundo, menos en Cuba. Hablaba de cualquier cosa, menos de la realidad cotidiana de los cubanos de a pie.

¿La producción de alimentos? En descenso. Aumentan algunos renglones comparados con años anteriores, como el arroz o los frijoles, priorizados por el régimen, pero disminuyen los demás. ¿Resultado final? Menos comida para los cubanos.

¿La producción azucarera? Ridícula y con rendimientos por hectárea que dan pena, teniendo en cuenta que Cuba fue la azucarera del mundo hasta que le cayó encima la peste castrista.

¿La producción de electricidad? Un desastre. No por el apagón del domingo en la noche. Un apagón no hace crisis, ni una golondrina hace verano. La crisis real es el fracaso de la “revolución energética” y los “grupos electrógenos”, inventos de quien tu sabes.

¿El turismo? Cada vez son más los componentes importados que resultan necesarios para dar los más elementales servicios a los turistas, desde yuca y vegetales hasta muebles y lencería en las habitaciones. El ingreso neto en moneda fuerte, en proporción a los ingresos totales, es cada vez menor.

¿El transporte? No hacen falta estadísticas: basta pararse a esperar una guagua en cualquier parte del país, a cualquier hora, cualquier día, para darse cuenta de su verdadero estado. Cincuenta años después de estar repitiendo lo mismo, el parque de transporte siempre está destruido, el transporte de carga se realiza básicamente por camiones, el ferrocarril es subutilizado, la navegación de importación/exportación y de cabotaje son un mal chiste, y el transporte aéreo es poco más que privilegio de la nomenklatura.

¿La salud pública? Váyase sin llevar ningún soborno a un cuerpo de guardia cualquiera, en cualquier lugar, cualquier día, a cualquier hora, y podrá comprobar las maravillas de la salud pública castrista. Ojalá nunca tenga que ingresar en ningún hospital sin disponer de sobornos, para que no tenga que añorar los hospitales de Togo o de Vanuatu.

¿La educación? ¿Posibilidad de asistir a las escuelas sin pagar directamente por los estudios? Cierto. ¿Posibilidad de avanzar en los estudios sin ser políticamente “confiable”? Falso. ¿Estudiantes “apáticos” estudiando relaciones internacionales, filosofía, psicología o derecho? Imposible. Los que opinen lo contrario podrán desmentirme inmediatamente, pero no con boberías: así que si no tienen ejemplos concretos, mejor que se callen.

¿Las viviendas? Con excepción de las que están en “zonas congeladas” para la camarilla dirigente, o en zonas turísticas, o para los extranjeros, es riesgoso estar en ellas, pues el peligro de derrumbe puede ser inminente: casi todas están requeridas de mantenimiento y pintura, en el mejor de los casos, o de reparaciones capitales y reconstrucción total en muchos casos.

¿Vestuario y calzado? Para el cubano que no recibe remesas o paquetes del exterior, o que no compra a quienes venden ropa y zapatos importados por su cuenta de Ecuador u otros países, ni el vestuario ni el calzado nuevo existen. “Papá-Estado” ni se preocupa en fingir que los vende en moneda nacional, y si lo hace los precios son astronómicos.

¿Las comunicaciones? ¿De qué hablamos? ¿De Internet para todos los cubanos? ¿De teléfonos celulares con precios accesibles para los usuarios? ¿De personas que llevan quien sabe cuantos años esperando a que se les instale un teléfono? ¿Del sistema de correos? No hace falta decir nada: todos los cubanos lo saben.

¿La cultura? La oficial padece constantes penurias, sin recursos ni facilidades. Y la que no comulga con los enfoques del régimen es ignorada o reprimida. Los escritores y artistas se dividen en “respetuosos del régimen” y “enemigos”, y en función de eso existen o no existen.

Sin embargo, habrá quien piense que todo esto que digo es simplemente mala sangre, que hay cosas que tienen que estar bien o estar mejorando. Digamos que, quizás, los lineamientos del VI Congreso, que son una actividad súper-priorizada.

Pues no, tampoco. Todos los días nos enteramos que los contratos entre empresas son un relajo muy bien organizado; que los planes no tienen nada que ver con lo que ocurre en los centros de producción, ni se cumplen; que los inspectores, la policía y la burocracia aplastan a los cuentapropistas; que la corrupción reina rampante en todo el país; que los “dirigentes” no atienden a la población ni resuelven los problemas, ni aun los más elementales, que cada vez se hacen más complejos; que la reforma migratoria va, pero poco a poco, sin prisa pero sin pausa; que a nadie les interesan las elecciones del poder popular, porque no se resuelven los problemas; que la eliminación de la doble moneda ocurrirá algún día antes del año ¿2100?; que… que… que…

Bueno, pero algo tiene que funcionar bien. ¿Tal vez la represión?

Tampoco: porque cada vez la situación es más difícil y con menos esperanzas para todos, cada vez son más los cubanos en la Isla que le van perdiendo el miedo a la dictadura, y cada vez es mayor el miedo de los represores, porque saben que el final se va acercando inexorablemente, y que ellos están del bando equivocado. Así que ni eso.

Entonces, ¿hay algo que funcione bien en Cuba? La respuesta es muy sencilla: ¡nada!


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