Actualizado: 10/12/2019 14:39
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La Habana, Ceiba, Templete

La Ceiba

Sobre una añeja tradición habanera

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El pasado 16 de noviembre, de acuerdo a las noticias llegadas de por allá, los habaneros [de origen o adoptados] le dieron las tres vueltas a la ceiba que se encuentra en el Templete, en el extremo noroeste de la Plaza de Armas. Era una añeja tradición habanera, como aquella otra que se celebraba también en noviembre, el día 2, día de los Fieles Difuntos que nada tiene que ver con el Halloween de por acá, ni con el Día de los Muertos mexicano.

Era tradición en ese día, más bien en la noche de ese día, en la Plazuela del Santo Ángel Custodio, frente a la vetusta iglesia del mismo nombre, en ese reducido lugar que era conformado por el encuentro de la calle Compostela con Cuarteles, era la cima de la única colina existente en la Habana Vieja, celebrar una representación del Don Juan Tenorio de José Zorrilla, esto ocurría invariablemente todos los años, esa obra de sustancia trágico-religiosa que contenía, entre otros cientos, estos versos:

¿No es verdad, ángel de amor,

que en esta apartada orilla

más pura la luna brilla

y se respira mejor?

Que los habaneros, y también los que no lo eran, sustituían los últimos dos con otros más bien obscenos que hubiesen escandalizados a la pura e ingenua ideal receptora de los mismos.

Pero volvamos a la ceiba, pongámosla con mayúscula la Ceiba del tema, que Pichardo llamó séiba [SIC] y señalaba: “Arbol silvestre, el más grande de todos, el gigante de los campos, que con cien brazos abiertos parece amenazar el cielo”[1] Poético nuestro lexicógrafo, que además de considerar que es una voz indígena, le dedicó poco más de página y media al tema.

Pero volvamos a nuestro asunto, otro de nuestros eruditos consideró que esto de la misa a la sombra de una ceiba es una leyenda sin base alguna, ni documento que lo acredite en las Actas Capitulares habaneras, ni en los Archivos de India, en Sevilla[2].

Es decir que es un cuentecito bonito y que desarrolló una tradición que consistía en darle vuelta a la Ceiba tres veces en la dirección contraria a las manecillas del reloj y pedir un deseo, no tres como están ahora exagerando los habaneros y por otra parte no se realizaba esta actividad, que podía marear a alguna viejecita habanera, el día 16 sino en la noche anterior, y antes de las doce campanadas, así de complicada era la ceremonia.

Otro asunto es que esta de ahora es la quinta ceiba que ocupa tan especial lugar en el imaginario habanero, la primera, la supuesta original falleció en 1757 de muerte natural, sabrá dios a que edad, pero por lo menos tenía unos 250 años; la segunda la talaron en 1827 para construir el Templete, es decir fue asesinada con poco más de 70 años; la tercera a pesar de todos los esfuerzos realizados murió en 1960, mal pronóstico, con unos 140 años; la cuarta, la pobre le tocó ser sembrada por las inhábiles manos para la agricultura que ha demostrado el régimen, y duró hasta 2016, es decir fue una víctima más de esas incapacidades agrarias solo duró 56 añitos. ¿Cuánto durará la actual? No le arriendo ganancias.

Pero si le vamos a creer a otro de nuestros eruditos[3]: “…la ceiba de El Templete fue el emblema de la municipalidad de la villa de La Habana, y el más antiguo y permanente emblema de libertades ciudadanas que conservamos en Cuba. A esa ceiba debiera concurrir nuestro pueblo habanero en peregrinación cada vez que sienta mermadas sus libertades”; tendríamos que acudir a la Ceiba en peregrinación masiva y cotidiana, darle las tres vueltas y pedir un solo deseo. Uno solo es suficiente.


[1] Esteban Pichardo.- Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas.

[2] Emilio Roig De Leuchsenring.- Actas Capitulares Del Ayuntamiento De La Habana T I Vol II pp. 177-180.

[3] Fernando Ortiz.- Archivos del Folklore Cubano, La Habana, Volumen Ill, Num. 3, pp. 287-288.


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