Actualizado: 17/08/2018 22:24
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Museo del Bronx, Monumento, Martí

La polémica tras el monumento

Mucho más que un acto de pompa y ceremonia en La Habana. La polémica relación entre el Museo del Bronx y el Gobierno cubano

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Tras los esfuerzos para colocar en la Isla una réplica de la estatua ecuestre de José Martí en Nueva York hay una historia que trasciende el monumento.

En la ceremonia de inauguración, que contó con la presencia del gobernante cubano Raúl Castro, así como de representantes del Museo del Bronx —“institución clave para convertir en realidad el sueño de tener una réplica de la obra de Anna Hyatt Huntington en La Habana”, según Cubadebate— y ciudadanos estadounidenses y cubanos residentes en EEUU, que donaron fondos para el proyecto, el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, dedicó palabras de agradecimiento a la recién fallecida directora del Museo del Bronx, Holly Block, “una de las principales promotoras del plan”.

Un propósito que, por otra parte, no estuvo libre de controversia, aunque de ello no habló en La Habana, y tampoco ha sido mencionado en el exilio.

Polémica en el Bronx

A finales de agosto de 2016 se puso que seis miembros de la directiva del Museo de Arte del Bronx habían renunciado a sus cargos, y entre ellos dos —la presidenta de la junta, Laura Blanco, y la vicepresidenta de la institución, Mary Beth Mandanas— habían alegado sus preocupaciones con un programa de intercambio artístico con Cuba, según personas familiarizadas con la situación.

Blanco —una exejecutiva de la industria del espectáculo nacida en Cuba y criada en Miami— expresó, en un memorando adjunto a la renuncia, sus inquietudes por la iniciativa del museo de intercambiar obras con el Museo Nacional de Arte de Cuba. De igual forma, hizo saber su preocupación respecto a los planes de enviar una copia de la estatua de José Martí en el Parque Central de Nueva York a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, informaba The New York Times.

En particular algunos miembros de la directiva se mostraban en desacuerdo con Wild Noise/Ruido Salvaje, la iniciativa del museo anunciada en 2015, para intercambiar obras de arte con el Museo Nacional de Cuba, según dio a conocer entonces CUBAENCUENTRO.

En el momento en que ya se estaba llevando a cabo una campaña de recaudación de fondos, expresó Blanco, fue que ella supo que era poco probable que Cuba prestara obra alguna, debido a los temores de que fuera confiscada para satisfacer las reclamaciones pendientes de ciudadanos estadounidenses, cuyas propiedades en la Isla fueron confiscadas por el Gobierno cubano.

Una advertencia acertada

“La campaña de recolectar fondos para el proyecto Wild Noise/Ruido Salvaje debe ser detenida de inmediato”, Blanco dijo en su memorando. “El museo está solicitando y aceptando dinero bajo el fundamento de que se efectuará un intercambio de obras de arte con el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba en La Habana. No hay posibilidades reales de que ello ocurra”. La advertencia de 2016 resultó acertada, ya que se hizo realidad al siguiente año.

La expresidenta añadió que se sintió “consternada” al ver que Holly Block —directora ejecutiva del Museo de Arte del Bronx desde 2006 y autora de Art Cuba: The New Generation, de 2001— había sido citada en un artículo del New York Times del 9 de junio de ese año, sobre la demora en el programa, y expresado que la posibilidad de una confiscación “había sido una preocupación desde el mismo comienzo”.

La portavoz del museo, Sara Griffin. afirmaba que la institución continuaba trabajando para traer arte procedente de Cuba al Bronx, y que la cuestión de mantener a las piezas seguras —sin la posibilidad de que sean confiscadas— había sido referida a los gobiernos de Estados Unidos y Cuba.

“Si tenemos que posponer la apertura de la exposición Wild Noise/Ruido Salvaje en el Bronx lo haremos, pero el museo se mantiene comprometido con la asociación”.

“Nadie creía que seríamos capaces de montar con éxito la exhibición del Museo del Bronx en Cuba el pasado año”, continuaba. “Pero perseveramos y lo logramos”.

Blanco también había expresado su preocupación por el proyecto de realizar una copia de la estatua de José Martí en el Parque Central y enviarla a Cuba, al costo de $2,5 millones. En el memorando señaló que el presupuesto del museo era de $3,2 millones, y que se había brindado “información inadecuada” a la junta en pleno sobre el proyecto de José Martí, que había sido “inflado” a $2,5 millones de los $1,5 millones originales.

Por su parte, Griffin enfatizó que los esfuerzos de recaudación de fondos para la estatua de José Martí habían sido realizados de forma completamente separada del presupuesto de operaciones del museo, y que no resultaba relevante la comparación de ambas cifras.

“El museo tiene una vulnerabilidad financiera mínima en este proyecto”, recalcó, “así que la comparación con el presupuesto operativo del museo carece de relevancia”.

Lo señalado por Griffin resultó ser cierto en cuanto al dinero. La realización de la copia de la estatua se financió con donaciones privadas. Pero en el proyecto estuvo involucrado extensamente el Museo del Bronx, como se ha reconocido incluso por Cuba.

Al mismo tiempo, en un mensaje electrónico, Joshua Stein, un abogado de bienes raíces, también miembro de la junta directiva, señaló que bajo la dirección de Block el museo había llevado a cabo “un amplio rango de proyectos, desde los estrechamente locales a los muy internacionales”, y añadió que estos “han ayudado a colocar al museo en el mapa, al tiempo que servido a la comunidad inmediata del Bronx”.

“El proyecto José Martí y Wild Noise, en particular, fueron llevados a cabo con el apoyo total de la junta”, señaló, añadiendo que el proyecto Martí “encaja muy bien con nuestros intereses, como institución, en el arte cubano”.

Aquí quedaba claro el interés de cierto sector empresarial estadounidense, y de ciudadanos de este país en realizar negocios con Cuba. Señalar el hecho no constituye una valoración de dicho empeño, pero es necesario —desde el punto de vista periodístico— para dejar en claro los intereses en juego, que no se limitan al arte y el intercambio cultural.

Hay que agregar que algunos artistas del Bronx consideraron entonces que el museo era selectivo respecto a los artistas cubanos, al destacar aquellos que vivían en la Isla mientras rechazaban a los cubanos de la localidad.

“Ellos únicamente realizan la presentación de los artistas cubanos que mantienen sus vínculos con el Gobierno o que viven en Cuba”, expresó el fotógrafo Geandy Pavón. “Los artistas del exilio no encuentran ser representados aquí”.

Una exhibición dilatada

Tras la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump aumentaron aún más las dificultades para la segunda parte de Wild Noise/Ruido Salvaje, que se encontraba en preparación desde 2016.

“No recibimos un no de parte de ellos[,] pero tampoco obtuvimos el sí final”, le dijo Block a The New York Times, en enero de 2017, sobre la respuesta de Cuba al préstamo de obras.

Según el plan original, La Habana estaba supuesta a enviar 60 obras para una exhibición en 2016, que venía dilatándose sin resultados.

Ante la negativa del Gobierno cubano de un préstamo vital para esta segunda exhibición —la primera, con 80 obras de artistas estadounidenses ya se había efectuado en La Habana en 2015—, el museo optó por llevar a cabo una versión reducida del proyecto, con obras de su propio fondo artístico y otras prestadas por coleccionistas privados, que se inauguró el 17 de febrero de 2017.

Aunque no por ello la exhibición estuvo libre de críticas.

Tania Bruguera, con obras en la colección del Bronx, vetada en Cuba y sometida a arresto domiciliario en la Isla, pidió al museo no ser incluida en la presentación.

A Bruguera se le había negado la entrada, en el Museo Nacional de Cuba, para ver la primera parte Wild Noise/Ruido Salvaje, según había reportado The New York Times. Bruguera le había solicitado a Block que interviniera al respecto.

“Se lo pedimos, pero ella nunca ha firmado nada en protesta sobre lo que me ha pasado a mi o a cualquier otro artista en Cuba, en las ocasiones en que hemos sido reprimidos”, dijo Bruguera a The New York Times.

Por su parte, Block dijo que ella sí intervino, aunque sin resultados, y agregó que, de hecho, Bruguera estaba tratando de ver otra muestra diferente en el museo cubano cuando se le negó el acceso.

Cabeza Abajo/Head Down es el título de la obra de Bruguera con la que cuenta el Museo del Bronx, un vídeo performance de 1996, y que la institución pensaba incluir en la exhibición, pero que retiró para cumplimentar con la petición de la artista.

Posteriormente Bruguera criticó al museo por presentar una muestra poco crítica con el Gobierno cubano.

Sin embargo, aunque la presentación no fue tan “salvaje” como su título anunciaba, no estuvo ausente de obras críticas con la situación cubana. Entre la treintena de artistas presentados —la exposición se refiere al arte realizado a partir de 1970—, hay una variedad de tonos que van de los más matizados y sedados a los más fuertes y agrestes.

Entre los artistas representados figuraron José Bedia, Pedro Pablo Oliva, María Elena González, Glenda León, Humberto Díaz, Los Carpinteros, María Magdalena Campos-Pons, Kcho, Ana Mendieta, Belkis Ayón y Wilfredo Prieto.

Por otra parte, si el Gobierno cubano hubiera accedido a brindar obras que pertenecen al Museo Nacional, el resultado habría sido menos “politizado” aún, según señaló Holland Cotter en The New York Times.

Pompa y circunstancia

La inauguración de la réplica de la estatua ecuestre de Martí en La Habana se limitó a un acto protocolar, el terreno donde se mueve con mayor comodidad el Gobierno cubano. Toda esta historia de acuerdos y desacuerdos, incumplimientos, críticas, intransigencias —donde entran distintos posicionamientos y empeños— guarda relación con los complejos nexos entre el arte y la política. Aquí entran desde cualquier forma de oportunismo hasta los diversos grados de temor y docilidad, así como el sometimiento y estirar principios y fines para lograr un propósito. De funcionarios, artistas y adulones habla esta historia de empeños, frustraciones, falsedades e intereses ajenos al arte y más aún a la rebeldía: Martí reducido, una vez más, a esa sumisión, pompa y ceremonia de la que era tan ajeno.


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