Actualizado: 10/12/2018 18:40
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La Unión de Jóvenes Comunistas también denota gran envejecimiento

La edad de los dirigentes de la UJC aumenta, y algo similar sucede con los de la Unión de Pioneros de Cuba

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No deberá extrañar si la Unión de Jóvenes Comunistas se “actualiza” a tenor con los Lineamientos del Partido Comunista mediante la mutación del vocablo referido a la juventud. Al cabo de 50 años de existencia, también denota el envejecimiento de los máximos dirigentes y la tendencia demográfica de Cuba. Yuniasky Crespo Baquero, “promovida” a primera secretaria, en un Pleno del Comité Nacional el 24 de septiembre pasado, sustituyó a Liudmila Álamo Dueñas, designada en 2009. Ambas tienen en común 35 años de edad al momento de su elevación y carecer de experiencia en la dirección a nivel nacional.

¿Dónde está el hombre nuevo… y la mujer? Julio Antonio Mella iniciaba la veintena de años cuando fundó el Partido Comunista de Cuba en 1925, Frank País también cuando creó su organización, se unió al Movimiento 26 de Julio, levantó en armas a Santiago de Cuba y dirigió la resistencia clandestina en apoyo a los guerrilleros de la Sierra Maestra 1956-57; Mella fue asesinado a sus 25 años, Frank con 23. Fidel Castro atacó el Cuartel Moncada con 26; Che Guevara se unió a las milicias en contra del golpe de Estado a Jacobo Arbenz en Guatemala a esa misma edad, y desembarcó con Fidel Castro en Cuba a los 28. Esos hombres han sido los modelos enarbolados por la Unión de Jóvenes Comunistas para cumplir sus objetivos de forjar a las nuevas generaciones y garantizar el relevo entusiasta en la continuación de la revolución.

Sin embargo, la edad de los dirigentes de la UJC aumenta, y similar sucede con los de la Unión de Pioneros de Cuba. Esa es una muestra elocuente del fracaso de la política de consignas: ¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che! La simulación y la doble moral han deformado los valores del relevo generacional, que busca todos los pretextos imaginables para evadir el ingreso en la Unión de Jóvenes Comunista, porque no cree en la “revolución” o tiene la mente puesta en la Tarjeta Blanca con el permiso de salida del país. Entre quienes se acercan, no existen garantías de que lo hagan por convicción política, pues abunda el interés por escalar en los estudios, los puestos de trabajo y lograr una misión en el exterior. Las nuevas generaciones no tienen compromisos con el pasado idílico de la revolución triunfante en 1959, sino que se han criado con carencias de lo más elemental, desde alimentos, ropa, calzado hasta una habitación independiente en una vivienda adecuada. No han tenido juguetes y dejaron de tomar leche a los 7 años, pues ya no se les vendía mediante el sistema de racionamiento. En los matutinos escolares, la televisión, la radio y las reuniones del Comité de Defensa de la Revolución de su cuadra de residencia se vociferó: ¡Si no te gusta esto, te vas! Desgraciadamente, la mayoría de los jóvenes cubanos aspiran largarse a cualquier parte, aunque preferiblemente a Estados Unidos. Desde hace mucho tiempo hay cubanos en los lugares más inimaginables, como Myanmar (Birmania) desde antes de iniciarse el proceso hacia la democracia.

Sencillamente no existe libertad e independencia para que los jóvenes decidan su presente y, por tanto, su futuro. No hay motivación ni entusiasmo. ¿Dónde está el programa de la UJC con la búsqueda de soluciones a los problemas que afronta la juventud? Todo se reduce a las eternas directivas sobre comportarse en apoyo y el rechazo a las influencias eternas, sujetas a la opresión de cualquier opinión independiente mediante la calificación de contrarrevolucionaria. La UJC, la Unión de Pioneros y las organizaciones estudiantiles reciben los dictados del Partido Comunista; los más recientes contenidos en el Capítulo IV de los Objetivos de Trabajo del PCC aprobados por la Primera Conferencia Nacional, efectuada en enero del presente año. Según el título: Relaciones del Partido con la UJC y las organizaciones de masas, debería tratarse de una colaboración, pero en realidad son órdenes.

Los cambios de dirigentes de la UJC son una muestra muy evidente. El carácter intranscendente de las decisiones supuestamente tomadas en el seno de la organización se percibe por la información a los jóvenes, y la población, sobre el cambio de la primera secretaria en un pleno del Comité Nacional contenido en un pequeño recuadro de la segunda página del diario Granma, órgano oficial del PCC. Juventud Rebelde, periódico de la UJC, lo expuso en la primera página, como era elemental hacer, pero sin elaborar sobre lo discutido en el evento ni el programa que se plantea la señora recién conocida por la foto incluida, como también se mantiene la incógnita habitual respecto al destino de la destituida.

Desde su fundación el 4 de abril de 1962, la organización ha tenido 10 máximos dirigentes, de los cuales Luis Orlando Domínguez (1972-82) fue condenado a 20 años de cárcel por corrupción y conspiración, luego de un enérgico discurso de Fidel Castro; Carlos Lage Dávila (1982-86), ascendido hasta poderoso vicepresidente (1993-2009) fue deshonrosamente echado; Roberto Robaina (1986-1993) promotor de novedosos métodos para atraer a los jóvenes, llegó a Canciller (1993-99), pero fue estrepitosamente defenestrado por supuesta corrupción y conspiración, sin juicio ni condena, más que la expuesta por el Comandante en Jefe; Victoria Velázquez (1994-97) destituida por corrupción, y Otto Rivero Torres (1997-2004) elevado a vicepresidente del Gobierno (2004-09) a cargo de la “Batalla de Ideas”, rodó acusado de corrupción. Llama la atención que personas designadas y encumbradas por el más alto nivel del país hayan terminado andando caminos tan enlodados.

La presencia de mujeres en posiciones directivas es positiva, pero la promoción no debe responder a designación para cumplir metas. Yuniasky Crespo, licenciada en Marxismo-Leninismo e Historia, había sido nombrada para dirigir el Comité Provincial de la UJC en Las Tunas en 2011, y su predecesora Liudmila Dueñas ocupaba similar cargo en Cienfuegos cuando fue designada segunda secretaria del Comité Nacional en septiembre 2008 y promovida en 2009. Ambas han carecido de la experiencia a nivel de todo el país. Sus posibilidades de actuación están dictadas por la máxima instancia del Partido Comunista, donde no existe el margen para el trabajo novedoso a fin de movilizar a una juventud mayoritariamente apática, que no se siente representada ni con posibilidades de influir en los destinos de nuestro país.


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