Actualizado: 31/10/2020 1:43
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Acercamiento, Obama, Ataques

Los ataques «sónicos», prueba de la eficacia de la política de Obama

La política de acercamiento de Obama no sólo era más ética, sino también tremendamente eficaz

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Desde el punto de vista ético la política de Obama hacia Cuba es superior a la seguida por la administración Trump. La primera perseguía en esencia el quitarle al régimen su principal sostén ideológico: el resentimiento nacionalista en respuesta “al acoso del Imperio contra nuestro pequeño pueblo bloqueado” —en palabras del Comandante— a la vez que aumentar los contactos entre ambos países, para acelerar la corrosión que sobre los fundamentos del régimen provoca un modo de vida americano que ya era tan tremendamente influyente en Cuba, hacia 1880, que en gran medida en esos modos la cubanidad en formación cortó y copió los propios. La segunda, al menos en la teoría nunca seguida de manera consecuente, busca lograr lo mismo de siempre que nunca llegó a resultar desde 1960: ponerle presión a la sociedad cubana para que, desesperados los cubanos de acá, no los de allá, nos tiremos para la calle. La segunda quedaría dentro de los viejos ámbitos de la Biopolítica de Foucault, mientras la primera dentro de lo que Byung-Chul Han llamara psicopolítica (poder inteligente).

Pero la política de acercamiento de Obama no sólo era más ética, sino también tremendamente eficaz. De lo que da buena cuenta el que tras su visita a La Habana el régimen cubano corriera a sacar de su tumba al muerto vivo de Fidel Castro, para que desde la presidencia de un Congreso del Partido aleccionara sobre los riesgos para la Revolución de la nueva política americana, blanda. Para advertir a unos cubanos que habían quedado claramente prendados del mulatón, dotado de un encanto y una inteligencia difícilmente reunible entre toda la gris cúpula del régimen castrista, que no se dejarán arrastrar por los novedosos “cantos de sirenas” del viejo Imperio.

La prueba más clara, sin embargo, de la eficacia de la política de Obama lo fue el cómo terminó. Solemos pasarlo por alto, pero la iniciativa en su desmontaje no partió de Washington, sino de La Habana. Ya esto nos dice mucho, o mejor, nos lo dice todo.

Según lo que ha trascendido al público ya desde agosto de 2016 se supo que los diplomáticos americanos en La Habana estaban siendo sometidos a unos ataques de naturaleza indeterminada. Unos ataques que no podían ser de la autoría de Marco Rubio y el exilio cubano, cual pretendió en un primer momento el régimen, dado el control que sobre todo lo que entra en Cuba mantienen los órganos de inteligencia cubanos, y dada la evidente incapacidad de los acusados para burlar o manipular a los respectivos órganos de inteligencia americanos.

Muestra, por demás, de que lo ocurrido no había sido planeado por el lado americano, está en el hecho de que la administración Obama lo silenció, y que durante meses la de Trump, que la sucedió, hizo lo mismo.

Los ataques, de la naturaleza que hayan sido, y de cuya veracidad da buena cuenta el que también los hayan sufrido diplomáticos canadienses, sólo pudieron provenir de la parte cubana. En particular del sector radical castrista que desde un primer momento no vio con buenos ojos el Acercamiento, y que tras las palabras del líderhistórico en el Congreso del Partido decidieron actuar. Quizás incluso a espaldas de Raúl Castro, aunque lo más probable con su autorización, dada su conocida incapacidad de piernas para resistir ante las presiones del sector duro.

Las líneas temporales coinciden. En abril Fidel Castro, con voz y apariencia fantasmal, de ultratumba, peroró desde el pétreo Congreso del Partido, mientras ya en agosto comenzaron a notarse los ataques. En el término de esos cuatro meses los conspiradores de línea dura, determinados a revertir lo avanzado, pudieron ponerse de acuerdo, buscar la tecnología adecuada, muy probablemente en Rusia, preparar los ataques, las autoridades americanas comenzar a notar q algo sucedía, investigar y llegar al convencimiento de que la cosa, la que fuera, era intencionada… lo cual silenciaron porque entendieron lo que sucedía tras bambalinas en La Habana, y supusieron que con par de advertencias bajo la mesa bastaría para solucionar el asunto sin hacer lo que los conspiradores habaneros deseaban: la abrupta ruptura desde el lado americano, para dejar al régimen cubano desempeñar su papel estrella, el de víctima.

Es probable que en La Habana se hayan llamado a capítulo tras las discretas advertencias y suspendieran la provocación, mas solo hasta noviembre. Porque el acercamiento era una política de Obama, cuya presidencia no iría más allá. Su continuador, fuera demócrata o republicano, no podía tener un interés personal en su éxito, como el que se requería para sortear los meandros en las maniobras de un adversario muy hábil. Finalmente, el peor escenario para el acercamiento ocurrió, cuando se hizo evidente que la política del nuevo inquilino de la Casa Blanca habría de consistir, en gran medida, en echar abajo todos los logros e innovaciones de su predecesor.

Así que Trump, con su natural irreflexividad, no tardó en darle el gusto al sector radical del castrismo. Habían logrado, quizás mucho más fácilmente de lo que esperaban, su objetivo: Era Washington quién rompía, no ellos, por unos ataques que los Estados Unidos no podían declarar exactamente cuál era su naturaleza, sea porque simplemente no lo supieran, o más probablemente porque compartían con los atacantes (los rusos con mayor probabilidad) la exclusiva de una tecnología ultrasecreta.

Debe recalcarse que la realidad de los ataques queda fuera de toda duda por el hecho de que los propios americanos los silenciaran durante todo un año, o por el que también se incluyera a los diplomáticos canadienses, una nación para nada interesada en afectar el Acercamiento, por el contrario (los castristas radicales y los “rusos” que los ayudaban quizás los incluyeran en los ataques por eso mismo, como una manera de no hacer demasiado evidente el objetivo, aunque sin calcular que a largo plazo demostraban con ello la realidad de los eventos). Por último, aun si olvidásemos o dejáramos de lado que los ataques eran conocidos desde agosto de 2016, más de un año antes de la reacción americana de septiembre de 2017, y supusiéramos a los ataques un montaje de la administración Trump, como no ha parado de repetir La Habana, ello hubiese implicado incluir en ella al Departamento de Estado, lo cual en realidad es muy poco probable dada la escasa sintonía del nuevo presidente con esa institución.

En fin, que la política de Obama fue tan eficiente en poner en movimiento a la sociedad cubana, cuando el actual régimen necesita para sobrevivir el mantenerla inmóvil, que el sector más duro del castrismo comprendió que debía torpedear el proceso de Acercamiento. Para ello preparó una provocación que por su naturaleza obligara al gobierno americano a romper sin poder ser convincentes en las razones de esa ruptura, lo que le permitiría a La Habana interpretar una vez más el papel de víctima. El plan, que de salir electa Hillary la hubiera tenido difícil para concretarse, tuvo cielos abiertos con la inesperada elección de Donald Trump.


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