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Derechos, Alimentación, Represión

Los derechos humanos en perspectiva

Los funcionarios de las organizaciones de la ONU debieran saber que los derechos deseados por esas organizaciones para otros países se perdieron en Cuba hace sesenta años

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En los organismos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) participan funcionarios y técnicos del mundo trayendo inevitablemente las vivencias de sus regiones de origen, eso explica los ditirambos —por ejemplo— de un funcionario de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a Fidel Castro por su contribución al desarrollo agropecuario.

Cuando el fallecido abandonó el poder por enfermedad Cuba producía menos de la tercera parte de los alimentos que nueve lustros antes al comenzar su mandato absoluto y la balanza comercial de bienes resulta desfavorable desde 1960 hasta hoy todos los años, algo inédito en la historia colonial y republicana de balanzas positivas, cuando productos agroindustriales constituían el 80 % de las exportaciones (53 % destinadas a EEUU y el resto a Europa, Asia y Canadá). Sin hablar del estado medioeval del patrimonio productivo agroalimentario y el 50 % de las tierras agrícolas cubiertas de plantas espinosas.

¿De qué color son los lentes del funcionario FAO?

En esos organismos participa personal de origen chino, cuya milenaria organización política se basa en el gobierno de una élite letrada en nombre de un divino emperador (exactamente como hoy); o procedente de Rusia, que pasó de la peor monarquía, el zarismo, al “socialismo real”: nunca conocieron el Estado de Derecho; o del África subsahariana, donde actualmente se realiza la ablación del clítoris en las niñas; o saudí, donde hablar de libertad religiosa (u otros temas) implica decapitación pública.

La historia cubana es Occidental con raíces en la cultura greco-latina y determinada por pensadores europeos y americanos, entre estos últimos Jefferson, Varela y José Martí. Desde la génesis de nuestra nacionalidad estuvo el ideal del Estado de Derecho y todo movimiento independentista estuvo presidido por un orden constitucional, culminando con esa obra maestra que es la Constitución de 1940.

Durante la república se contaba con el primer ministerio (Secretaría) de Sanidad del mundo, la inmensa mayoría de los hospitales existentes hoy en la capital y el resto del País existían, un médico y una cama hospitalaria para menos de 900 y 300 habitantes respectivamente. Todas las enfermedades evitables erradicadas.

La educación contaba con un sistema nacional para todos los niveles, escuelas públicas y privadas con sistemas de becas para residentes en lugares apartados. Sistema de formación para educadores de excelencia: las Escuelas Normales para maestros. La república cinco décadas escolarizó a más del 85 % de la población y bajó el índice de analfabetismo del 70 % colonial hasta poco más del 10 % en 1960 (según censos nacionales del período).

Cuando hablamos del derecho a la información lo hacemos desde un país donde se editaban 18 diarios nacionales y más de uno en cada provincia, decenas de estaciones radiales nacionales provinciales y municipales, siete canales de TV. Y en esos medios se publicaba con criterio de calidad: los “Motivos de Son” de Nicolás Guillén (comunista) vieron la luz en el dizque reaccionario Diario de la Marina y las páginas de la mejor revista de habla hispana de la época —Bohemia— estaban abiertas para todas las tendencias y opiniones políticas. Los comunistas estalinistas locales contaban con su órgano diario y múltiples publicaciones. El contraste con la actualidad resulta pavoroso.

Cuando hablamos del derecho de los trabajadores lo hacemos desde un país que logró la jornada de ocho horas, el pago de 48 horas semanales con 44 de trabajo, la seguridad social institucionalizada y la maternidad obrera garantizada. Se logró un sueño en la mayoría de los países actualmente: el diferencial azucarero, donde los participantes en la cadena agricultura−industria−transporte participaban de los incrementos alcanzados sobre los precios contratados. Los derechos de los trabajadores en Cuba hoy resultan caricaturescos en relación con ese pasado.

Cuando se habla de derechos humanos en Cuba se habla desde un país cuya Constitución fue defenestrada en 1976 luego de diecisiete años de gobierno autocrático impuesto con 10 mil fusilamientos, 250 mil encarcelados y un millón de exiliados gracias a la ayuda soviética que vistió, armó, alimentó, entrenó, y brindó información de inteligencia a más de un millón de tropas, muchos de ellos inconscientemente que luego fueron a parar al paredón o la cárcel y el exilio.

Esa Constitución, entre otras cosas solo admitía la pena de muerte en circunstancias muy excepcionales y nunca por delitos políticos y comunes, admitía implícitamente el matrimonio homosexual, proclamaba los derechos humanos reconocidos por la ONU ocho años antes que la Declaración Universal y muchos más en los pactos y protocolos posteriores.

Los funcionarios de las organizaciones de la ONU debieran saber que los derechos deseados por esas organizaciones para otros países se perdieron en Cuba hace sesenta años y los pocos sobrevivientes de aquella época existen con muchísima menor calidad. Todo es según el color del cristal con que se mira… reza un adagio y mucha gente debe cambiar a cristales transparentes al juzgar la observancia de los Derechos Humanos en Cuba.

Paradójicamente retroceder siete décadas el ordenamiento jurídico y económico en este país significaría alcanzar en derechos humanos el sueño de gran parte del mundo.


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