Actualizado: 19/08/2022 18:27
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Economía

Los inspectores de los inspectores

A menos alimentos, más policías, más restricciones, más vigilancia popular…

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Los efectos de la crisis estructural en que está inmersa la economía cubana se reflejan en la agricultura de disímiles formas. Como en los demás sectores, las carencias han hecho del desvío de recursos, la evasión fiscal y el robo formas generalizadas de sobrevivencia bautizadas por la sabiduría popular con viejos términos plenos de nuevos significados: escapar, luchar, resolver…

Vendedores que declaran una cantidad determinada de mercancías y precios para los productos del agro, pagan un impuesto por ellos y después introducen más mercancía y/o aumentan el precio declarado; empleados que violan los precios y el peso de los productos; establecimientos del Estado devenidos estaticulares (gastos del Estado y utilidades del particular), donde administradores y trabajadores canalizan el instinto de propiedad comercializando sus "propias" mercancías.

En fin, una eficiente red de producción y comercialización que, en ausencia de derechos y libertades para el ejercicio legal en un pueblo instruido y emprendedor, en franca manifestación de resistencia a las imposiciones totalitarias, encuentra múltiples salidas para escapar.

Como en Cuba el trabajo dejó de ser la fuente principal de ingresos, la respuesta ha sido sobrevivir. Si a ello se añade que esas conductas son aceptadas socialmente y todos, de una u otra forma, conviven con ellas, entonces esa y no otra es la moral predominante, una ética necesaria pero negativa. Ello explica por qué las mencionadas violaciones se cometen públicamente mientras los sobrevivientes sustraen, alteran, venden, compran o miran hacia otra parte, pero no se oponen.

Mirar hacia otra parte

Ante tanta "indolencia", las autoridades, en vez de actuar a partir de las razones de la escasez —cuyas causas no son secreto para nadie—, miran hacia otra parte, al igual que los sobrevivientes. De forma "enérgica y viril" han optado por fomentar un creciente ejército de inspectores para librar una "batalla" contra ese mal y poner fuera del juego a los "enemigos del pueblo". Por eso, más policías, más restricciones, más vigilancia popular y más inspectores.

Diferentes iniciativas se han puesto en práctica para el fortalecimiento de la disciplina y la eficacia del movimiento de inspectores. Por ejemplo, una de las medidas consistió en cambiar frecuentemente a los inspectores de los lugares que visitan; también han sido sometidos a una supervisión y depuración sistemática.

Otra medida, quizá la más socorrida, ha sido formar más y más inspectores. Pero como el desequilibrio entre salario y costo de la vida afecta también a nuestros fiscalizadores, no resulta extraño que muchos conviertan las inspecciones en una vía factible para escapar y así mejorar la canasta familiar tal y como hace el resto de los cubanos.

En días pasados, uno de los vendedores en los mercados del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), interpelado por la prensa oficial, expresó que antes de las últimas medidas vivían acosados por los inspectores, quienes —en representación de diferentes organismos— venían buscando "tajadas" para su beneficio personal y no para el de los clientes.


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