Actualizado: 24/09/2021 16:37
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Exilio, Miami, Protestas

Martí, hoy como ayer

La urgencia de un pueblo rebelde a su exilio libre

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Nos separan 134 años, muchos más los sufridos bajo una tiranía que los vividos al amparo de un estado de derecho, desde que el apóstol de nuestras libertades, José Martí, habló en el Masonic Temple de Nueva York, un 10 de octubre de 1887, conmemorando la proclamación de nuestra independencia, hoy como ayer, inconclusa.

El exilio no parece muy diferente si recordamos lo dicho por el maestro de los cubanos:

“Aturdidos, confusos, impotentes, los que viven lejos de la patria sólo tienen las fuerzas necesarias para servirla. Así vivimos: ¿quién de nosotros no sabe cómo vivimos?: ¡allá, no queremos ir!: cruel como es esta vida, aquella es más cruel. Nos trajo aquí la guerra y aquí nos mantiene el aborrecimiento a la tiranía, tan arraigado en nosotros, tan esencial a nuestra naturaleza, que no podríamos arrancárnoslo sino con la carne viva!”.

Repasando acontecimientos, las multitudinarias manifestaciones frente a la Casa Blanca, enfocadas en la petición de una intervención de EEUU, ¿acaso no expresan la mezcla dolorosa de confusión e impotencia de una existencia lejos de la patria?

Los cubanos reunidos en Washington apelaban a una fuerza mayor, que acudiera de urgencia a resolver un problema insoluble según la apreciación de quienes allí demandaban al presidente Biden.

La impotencia suele conducir al extremo, en este caso implica una invasión militar, acontecimiento conocido en nuestra historia, aunque cuando ocurrió —1898— fue algo extraordinario, marcado por una significativa diferencia: EEUU le había declarado la guerra a una potencia extranjera, europea además, dominante sobre un pueblo que se había alzado en armas 30 años atrás, sosteniendo entonces la tercera fase de una guerra desigual por su libertad, y debemos reiterarlo, libertad en doble sentido, como nación por crearse y como sociedad de individuos libres en una república democrática.

Súmese a la anterior distinción, las evidentes negativas de los principales políticos estadounidenses, respecto al envío de un ejército interventor a Cuba, lo que ni siquiera llegó a producirse frente a la amenaza de 42 misiles nucleares presentes en la Isla durante la crisis de 1962.

El tiempo, sin embargo, no ha modificado el dilema principal, se trata de la reconquista de la República, mancillada primero por la dictadura de Fulgencio Batista, y ANIQUILADA, por la implantación de un estado totalitario marxista- leninista, copiado del estalinismo soviético.

¿Qué hizo el Maestro por antonomasia durante su fecundo exilio norteamericano y qué NO HEMOS HECHO NOSOTROS?

La respuesta es unidad para la acción.

La unidad, más que bonita palabra, se expresa en propósitos transparentes que no dejen lugar a dudas.

En la prosecución de tan anhelado principio político, el genio de Martí, acompañado de su ejemplo personal, consistente en la devoción sin límites a la causa profesada, tropezó, no obstante, con celos de diversos matices entre sus compañeros de causa, además de combatir a numerosos enemigos, con peligro, inclusive, para su propia vida.

Por apenas mencionar los casos más connotados, quedaron sembradas en nuestra historia aquellas sabias palabras que empleó el Apóstol al enmendarle la plana al Generalísimo, jefe indiscutible del ejército libertador, Máximo Gómez, a quien le escribió dos días después de lo que llamó un penoso encuentro: “un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento”.

Fue este tal vez su primer gran encontronazo de una saga persistente contra los peligros del caudillismo, constatados durante el incesante viajar de Martí por tierras latinoamericanas, convertido el problema en secuela anti democrática que estaba y aún está corroyendo el buen desempeño de nuestros sistemas republicanos.

En cuanto a enfrentar desavenencias entre prestigiosos líderes por la misma causa, ¿quién podría olvidar el todavía no bien esclarecido puñetazo del titán Maceo en La Mejorana, durante una controversial conferencia que juntó por vez primera en tierra cubana a los tres grandes del ‘95’ frente al colonialismo español?

Hubo igualmente enemigos encubiertos, la biografía martiana recoge un envenenamiento en Tampa que puso en aprietos su ya precaria salud, y el chivatazo de la Fernandina, la playa del noreste floridano, donde autoridades federales frustraron una expedición armada con paciencia y abnegación por el Maestro, destinada a encender la llama independentista en Cuba.

De entonces acá, lenguas largas, débiles de honor y la controversial neutralidad de la Casa Blanca, han estado presentes en nuestra historia. Las redes avispa de hoy fueron los agentes Pinkerton de ayer, nada nuevo bajo el sol tropical entre ambas orillas de la corriente del golfo.

El quehacer martiano demuestra que el principio unitario no se alcanza por la mera repetición de la palabra, sino por acciones concretas.

La consumación de tan abnegado hacer alcanzó su máximo decir al fundarse el Partido Revolucionario Cubano (PRC) el 10 de abril de 1892, proclamación publicada en Patria, un periódico financiado con los dólares, SI los dólares que en Cuba proscribieron los comunistas durante 40 años, de nuevo bloqueados recientemente para el hombre de a pie en el extenso archipiélago antillano.

Precisamente fueron los humildes emigrados en Estados Unidos, quiénes respondieron con generosidad patriótica al llamado del predicador libertario, para financiar una nueva contienda bélica que él calificó “la guerra necesaria”.

En las páginas de Patria plasmó el genio martiano su vocación unitaria, al publicar las bases del PRC. Citamos del texto en cuestión:

“Artículo 5. El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere la Isla como su presa y dominio, sino preparar, con cuantos medios eficaces le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y el bien de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre.”

El más grande pensador y político cubano, poeta fundador del Modernismo en literatura, muerto en combate el 19 de mayo de 1895, nos legó está joya de su liderazgo, oponiéndose con un siglo por delante a la farsa constitucional castrista de 1976, repetida en 2019, inspirada en el llamado socialismo real.

El héroe nacional cubano parte de un principio hasta hoy desaprovechado por el exilio: “la libertad del extranjero”, marcando más adelante el preciso concepto de que, la organización concebida con el objetivo de fundar la nueva república no puede atribuirse mérito alguno en pos de tomar ventaja política sobre los partidos que inevitablemente surgirán al amparo de los derechos derivados del nuevo estado.

Salta a la sencilla comprensión de un mínimo examen del proceso liderado por Fidel Castro, su oportunismo político, totalmente opuesto a la ética de José Martí.

Bien sentenció el Apóstol “la Patria es ara, no pedestal”. ¿Coincidencia o maldad de farsantes? Los hermanos Castro numeraron con otro “5” el artículo de la carta magna impuesta a los cubanos bajo el sistema que el propio Martí, aplicando el sentido común, llamó “la esclavitud moderna”, en una crítica periodística publicada en la prensa neoyorquina, comentando la muy en boga sociología de Spencer.

Hablo del Partido Comunista de Cuba que ha secuestrado la soberanía popular.

No han de quedar dudas si afirmamos que, hoy como ayer, José Martí alumbra el camino hacia la reconquista de la república cuyas bases fundó al crear el Partido Revolucionario Cubano.

Llámese como se le llame, sea cual fuera su estructura, los cubanos rebeldes en la isla esclava, merecen la organización de un frente común del exilio, capaz de vertebrar la unidad de acción frente a la dictadura.


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