Actualizado: 17/09/2019 11:46
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Cambio, Exilio, EEUU

Novecientas palabras cubanas al próximo presidente de EEUU

Propiciar por todos los medios la capacidad de los cubanos para debatir sus inquietudes en una plataforma independiente de opciones, es el requisito previo a los cambios que nuestro país necesita

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La crítica permanente de los problemas ajenos constituye un defecto entre mis compatriotas, no obstante, las relaciones con Estados Unidos rebasan cualquier expectativa. La dimensión del país, junto al hecho de haber forjado una indisoluble relación común, justifica el derecho a opinar sobre la política de su gobierno hacia nosotros.

El problema en discusión se resume en la palabra “cambio”, un concepto muy repetido en Cuba:

“Revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado”, define Fidel Castro, estampadas sus palabras junto a una foto suya en todas las paredes posibles del país. Ojo con la frase porque haciendo gala de su proverbial habilidad al decir, incluyó el vocablo “deba”, condicionando la interpretación del mensaje, hasta hoy facultad de una minoría gobernante, anclada en el tiempo.

Desde Washington, también exigen “cambios” en Cuba. Al menos en principio estamos de acuerdo. Podríamos andar juntos por un camino a todas luces pedregoso.

El método será plantear una tesis, derivando de sus postulados las conclusiones evidentes. Asumimos el riesgo de que, si la tesis es discutible, los planteamientos subsiguientes disminuyen su valor.

1ra tesis: La política de hostigamiento económico, suavizada o recrudecida por 12 administraciones instaladas en la Casa Blanca, no ha demostrado capacidad suficiente para liquidar el socialismo totalitario que caracteriza a la Revolución cubana.

El gobierno cubano ha aprovechado con éxito las inconsecuencias de la política norteamericana, consciente de que el poderoso vecino no está en condiciones de justificar el uso extremo de su poderío, hasta el límite de forzar una crisis que ponga en peligro real la existencia misma de la nación cubana.

La “severidad” de la cual hace alarde Trump hablando de su enfrentamiento con el socialismo en la gran isla caribeña, tal vez le alcance para ganar votos en la Florida, pero será siempre insuficiente tratándose de rendir a su rival. Es tiempo de que en Washington tracen una política coherente a largo plazo hacia nuestro país, lejos de la improvisación bipartidista.

La conclusión primera es: se impone abandonar el bloqueo/embargo, sumando todas sus secuelas. Dejar a un lado la agresión económica, proclamada oficialmente como sanciones al Estado, pero sufrida en la práctica por todos mis compatriotas. De igual forma postergar reclamaciones pasadas de fecha, acción que deberá promover similar actitud de la parte cubana al valorar el asunto en su totalidad.

2da tesis: el sistema totalitario socialista ha demostrado una asombrosa capacidad de supervivencia ante las vicisitudes económicas, en tanto se manifiesta especialmente sensible cuando se trata de cualquier avance hacia el ejercicio individual y colectivo de la libertad, entendida por los derechos universales a expresarse, debatir y ejecutar proyectos propios, sin el requisito de un “permiso” condicionado por la fidelidad de los solicitantes al régimen existente. Se trata de derechos inalienables, similares a la vida misma, la salud o la educación.

La segunda conclusión es la clave que asumimos: el gobierno de Estados Unidos puede enarbolar con pleno derecho, reconocido mayoritariamente en el mundo, el apoyo solidario al goce de la libertad de expresión en Cuba. En las nuevas circunstancias queda fuera de lugar la tan repetida falacia de “intromisión en los asuntos internos” del país.

Propiciar por todos los medios la capacidad de los cubanos para debatir sus inquietudes en una plataforma independiente de opciones, es el requisito previo a los cambios que nuestro país necesita, cambios que solamente competen a los cubanos todos, y aprovecho para reiterarlo, en cualquier lugar donde se encuentren.

El desastre totalitario socialista es una realidad, pero no basta para determinar que nuestros compatriotas abandonen el natural escapismo de irse a otras tierras o votar con frivolidad propuestas gubernamentales sin asideros concretos, cuando la solución definitiva depende de tomar ellos mismos la justicia en sus manos.

3ra tesis: La notoria desproporción multivalente entre Estados Unidos y Cuba determina un flujo migratorio natural hacia el norte, dentro del cual gravita la dimensión política.

La conclusión tercera, implica distinguir entre unos migrantes que deben fluir organizadamente, por elementales razones humanitarias, amparados en la tradicional política de EEUU y, de otra parte, los eventuales, pero siempre presentes refugiados políticos que de hecho justifican La Ley de Ajuste Cubano que no debe ser derogada.

4ta tesis: Cuba es una sola nación, congregando a los compatriotas que viven en el archipiélago antillano, así como sus coterráneos idos a las 72 latitudes reconocidas actualmente por Naciones Unidas donde habitan los hijos de Martí y Maceo.

En estos tiempos suele repetirse una frase definitoria del general Antonio Maceo al entrevistarse con su opositor, el gobernador español Arsenio Martínez Campos, quien le proponía una paz sin independencia y sin abolición de la esclavitud, después de 10 años de sangrienta lucha contra el poder de la corona ibérica: “¡No nos entendemos!”.

Hoy, 140 años después, independencia y libertad significan ser nosotros mismos, debatir y decidir qué es lo que debe ser cambiado, sin la camisa de fuerza impuesta por un monopolio de los medios de comunicación que no deja espacio a las ideas, sustituidas por consignas.

Los cubanos han de unirse todos, de todas partes, en la consecución de un destino común. Es inestimable el apoyo que puede brindar la política consecuente de Estados Unidos a esta causa nacional, premisa de los justos cambios que adentro necesitamos y desde afuera se reclaman.


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