Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Cambio de mando en EE UU

Obama es un peligro

¿Qué nueva provocación inventarán los ideólogos del PCC para culpar al enemigo indispensable? ¿Cómo será su nuevo lobo?

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Los ideólogos del PCC y los caudillos populistas latinoamericanos están en crisis. Se les desvanece ese enemigo tan cómodo, "socorrido" y familiar. Están haciendo "tormentas de ideas" en los pasillos ministeriales, en los edificios de la Plaza de la Revolución, en las terapias intensivas, en los palacios presidenciales, y hasta en las "dachas" tropicales. Se necesita con urgencia un lobo.

En otros continentes, los jefes de Estado mantuvieron una respetuosa discreción ante las elecciones en Estados Unidos. En nuestro pedazo de América, en la semana previa al 4 de noviembre, los caudillos populistas iniciaron una maniobra de distracción y se pronunciaron —en forma abierta o embozada— por el senador Obama.

Todos, el afásico Pérez Roque, Fidel Castro, Evo Morales, el grosero Hugo Chávez —quien llegó a decir que quería hablar con "el negro"—, pensaron que, con su respaldo entusiasta y por oposición a ellos, inclinarían la balanza del voto a favor del senador McCain. Apostaron a la idea de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo", para influir así en los votos que se emitieran a favor del republicano. Para ellos, McCain era el presidente necesario.

La victoria de Obama los ha dejado, literalmente, sin palabras. La noticia se "discutió", muy someramente, en dos Mesas Redondas. Se mencionó de pasada en los noticieros; el periódico Granma la reflejó como segunda nota (la primera era uno de los titulares de siempre) y al mismo nivel de plana de una información sobre una ofrenda floral a Antonio Gades. Un "martinete" periodístico, cuando debió ser un "palo" mayor, hablando en flamenco.

Es que no saben cómo discutir la importancia de la promesa de la flexibilización de los viajes a la Isla, de la posible eliminación de restricciones a las remesas, de la voluntad de dialogar seriamente, de los orígenes sociales y políticos de Obama, que lo llevan de una modesta clase media, con el apoyo de millones de voluntarios y donantes, a las puertas de la Casa Blanca. No pueden avalar la democracia y, como escribió Yoani Sánchez, Obama no encaja en el estereotipo habitual.

Menos aún pueden hablar de la visión que anima la plataforma política de Obama, porque es la negación del actuar caudillista: el presidente electo propone que cesen las divisiones, se elimine la atomización nacional por razones de credo, raza, clase, ideología, cultura, orientación, procedencia; se impulsen la imaginación y la creatividad para que la nación vuelva a fundarse con el afán aglutinador de voluntades que ha caracterizado los mejores y más altos momentos de la historia norteamericana.

Los caudillos exacerban las separaciones, los antagonismos, el odio al diferente: blancos contra negros, indígenas contra mestizos, provincias contra provincias, clases contra clases, grupos contra grupos, familiares contra familiares. Enemigos dentro y enemigos fuera. "La maldita circunstancia" del enemigo por todas partes.

Ya una vez se apropiaron de una frase de Hitler. Por eso, los caudillos han sabido utilizar, con tanta eficacia, aquello que Hermann Göering confesara en los juicios de Nuremberg:

"Es natural que el pueblo no quiera la guerra: ni en Rusia, ni en Inglaterra, ni siquiera en Alemania. Eso se entiende. Pero, en la realidad, son los líderes de un país quienes determinan la política y siempre se puede convencer a la gente, ya sea en una democracia, en una dictadura fascista, en un régimen parlamentario o en una dictadura comunista. Con voz o sin ella, al pueblo siempre se le puede llevar hasta el punto que sus dirigentes quieran. Eso es fácil: todo lo que hay que hacer es decirle que está siendo agredido y denunciar a los pacifistas como faltos de patriotismo y como personas que exponen el país a un peligro. Esto funciona igual en todos los países".

Durante casi cincuenta años funcionó en Cuba, aunque en las últimas décadas con creciente escepticismo. Hace rato que el pueblo sabe que nadie va a atacar o invadir. Hace tiempo que se comercia con EE UU. Entonces, ¿qué van a hacer ahora, alguna nueva provocación para reinventar al culpable de las cuitas, al enemigo indispensable? ¿Cómo será su nuevo lobo?


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