Actualizado: 07/08/2020 16:54
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Espectáculo, Política, Performance

Política y performance

¿Hasta dónde la apreciación de la política como performance hizo daño a Estado de Sats, o a otros proyectos políticos prodemocráticos?

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El académico y diplomático Carlos Alzugaray, sembró en mi conciencia el concepto: la política, es el arte de lo posible. Se refiere, a las acciones que llevan al cumplimiento de un objetivo público. El concepto proviene del latín “politicus”, relacionado con los ciudadanos, o el proceso de tomar decisiones aplicados a miembros de un grupo. También refiere al gobierno del Estado.

Una definición amplia del término, la establece como actividad, arte, doctrina o diplomacia; tendientes a la búsqueda, el ejercicio, preservación, desaparición o modificación del poder público. El germanista cubano tempranamente fallecido, Dr. Roberto Gonzales Gómez, definió la política estrictamente en función del poder.

Para el politólogo Eduardo Perea, la política debe ser funcional y para ello utilizará un conjunto de lineamientos discrecionales aplicadas a un proceso, para facilitar la toma de decisiones congruentes para gestionar las actividades. Una política funcional, admite la discreción.

Performance

En mi juvenil ignorancia supe del performance, durante la inauguración de la II Bienal de La Habana, una calurosa noche de noviembre de 1986. Sobre un cajón con arena, instalado dentro del Museo de Bellas Artes (MBA), negras y negros bailaban sin mas ropa que la pintura de sus cuerpos, hechas por el pintor Manuel Mendive. Al terminar la danza al cesar el ritmo de los tambores batá, los bailarines se retiraron, y quedó solo el cajón con arena.

Tiempo después conversé con el Maestro Mendive sobre la obra, en el Cotorro. Con su voz profunda y pausada, su nariz grande y amplia sonrisa, este heredero conceptual de Wifredo Lam, me comentó de la poética de las raíces africanas, de la magia en la vida cotidiana de los creyentes y la importancia de recrear ese cosmos particular, donde se presentan los dioses del mito yoruba en su relación con los mortales.

También habló Mendive, en algunas de aquellas tardes de los 90, sobre el performance como pieza creativa. La definió como acción artística, puesta en escena, con niveles de improvisación, provocación y asombro, y donde la estética y el concepto juegan un rol principal. La ascendencia anglosajona del término, como arte en vivo, y su difusión hacia las artes plásticas, luego de los happenings, body art y arte conceptual, desarrolladas a mediados de los 60. Su parentesco con la acción poética, la poesía visual y otras expresiones del arte contemporáneo, y las llamadas intervenciones.

Sin embargo, me aclaró un punto. El performance se opone a la pintura o la escultura, ya que no es el objeto, sino el sujeto, el elemento constitutivo de la obra artística.

La política como performance

Son muchos los símbolos utilizados para expresar una posición ante un hecho político. Pienso en el monje budista incinerándose para demostrar su rechazo a un dictador. También, como acciones sin intenciones políticas se convierten, y pienso en el aterrizaje de Matthias Rust, en la Plaza Roja de Moscú. Asimismo, el uso de los medios de comunicación como forma de hacer política, y lo desastroso para la sociedad. Leni Riefenstahl, aprovechando el cine para promover el nacional socialismo alemán, a Hugo Chávez, en la televisión con Aló Presidente, a Donald Trump, con su uso y abuso de los tuis.

La primera persona que me habló de un performance político, como acción consciente, fue la periodista, editora e investigadora María Matienzo. Ocurrió según dijo, hace ya tiempo, aproximadamente en el 2012 o 2013. Un grupo de 3 o 4 activistas hicieron un plantón en la oficina de Etecsa, en la esquina de Obispo y Habana, en Habana Vieja. Protestaban por el mal servicio, cuando uno de ellos, el informático Walfrido López ahora en el exilio, lleno de entusiasmo se sobresaltó y puso en peligro su salud pública, por la cercanía de la policía. Fue Ailer Gonzáles Mena, en ese entonces esposa de Antonio Gonzales Rodiles, Director de Estado de Sats, quien atinada le comenta al entusiasta que bajara el perfil que…, “aquello solo era un performance”.

No es de extrañar, que posteriormente, la valiente actuación de Ailer ante las turbas comunistas durante la filmación de esa desgarradora pieza documental que es Gusano, realizado por Estado de Sats, sea también parte de esa visión.

¿Hasta dónde la apreciación de la política como performance hizo daño a Estado de Sats, o a otros proyectos políticos prodemocráticos? No lo sé. Solo puedo afirmar que Estado de Sats fue en su momento un proyecto de referencia y punto de unidad de la oposición democrática, mientras hoy, a desaparecido. Algo así como lo sucedido durante las cinco semanas de la II Bienal, y donde la mayoría del público de visita al MBA, miraba con comprensible extrañeza, aquel cajón con arena, en medio de la sala.

Y es que, parafraseando al Maestro Manuel Mendive, la política como performance, no es política. Es solo su representación mediática.


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