Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Racionamiento, Alimentación

Pollo por pescado

Un cubano invitado por un familiar que vive en el exterior narra el asombro, al abrir la carta del menú en un restaurante de la Isla y encontrar los “famosos y añorados” productos del mar

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Ante todo, el título con que encabezo este comentario, no procede de ningún filme. Es sencillamente que el mencionado se ha inscripto o incrustado en la realidad alimenticia cubana, cuya “creación” se la debemos a las regias autoridades del Comercio Interior de nuestra Isla.

Y aunque su origen se ha perdido en el tiempo, que se hace trabajoso ubicar cuando apareció, desde entonces adopta la posición de un paliativo (uno más en nuestra realidad), de sustituir los productos marinos por otro bastante terrenal, el infeliz animal con plumas.

Por lo tanto, mensualmente nuestros ciudadanos en vez de recibir su cuota de pescado, y fíjese que apunto cuota, lo que recibe en cambio, mediante la medieval Libreta de Abastecimiento, es pedazos del bípedo. Por lo tanto, cuando se oiga que llegó “el pollo por pescado”, ya todos saben a qué se debe. Por supuesto, exceptúo los que mediante la dieta sí pueden adquirir dicho producto marino. Y eso no en cantidad tampoco que pueda satisfacer y paladear a calidad el sabor de este alimento. Y ni siquiera complace a la población, cuando en las raras pescaderías estatales, lo que ofertan son pescados que no tienen aceptación ni calidad para el sector turístico.

Mientras esto sucede, que al parecer no tendrá fin, el pueblo, ése, el que paga la culpa de las incapacidades de nuestros dirigentes, cuando desea cambiar lo que más o menos aparece cotidianamente en nuestras mesas a la hora de la comida, se dirigen a unos puestos que se ignoran si son legales o no, y adquieren el pescado que desean, eso sí, con la consabida herida que le causan a su bolsillo, ya que los precios están demasiado arriba de las posibilidades del ciudadano común. Pero bueno, un día es un día, ya que ignoramos si mañana podremos ver la salida del sol.

Mientras, y como siempre, no podemos soslayar que este adverbio haga su augusta aparición, este comunicador tuvo la oportunidad, mediante una invitación de un familiar suyo procedente de USA desde los mismos años sesentas, para comer en un restaurante de un hotel Cuatro Estrellas en la cercana Playa de Varadero, donde por poco sufre un infarto en el miocardio, cuando al abrir la Carta del Menú, los famosos y añorados productos del mar que rodean y no rodean nuestra Isla aparecían en diversas formas comestibles, hasta algunas especies en platos con nombres en francés, hasta el humilde y cotidiano pargo.

El se extrañó que yo no pidiera un bisté de res (otra carne desaparecida de nuestra alimentación) No, le repliqué, ¡pescado! Y él, que al parecer desconoce de nuestra realidad, me preguntó algo desconcertado, ¿pero pescado? Le contesté, sí, el mismo, ya que aquí no abunda. Y mi respuesta hasta le causó cuando sorpresa al exclamar: ¿es que también se fueron de Cuba?, para argumentarme a continuación, si hasta en el Malecón de la Habana frente al Hotel Habana Riviera desde el balcón de su habitación había visto a muchas personas practicando ese “deporte”, con el resultado que no pude reprimir una mueca que por poco el pedazo de pargo a la cubana que en esos instantes masticaba se me atragantara. ¿Deporte? No, mi primo, pescan por necesidad para la familia, o para venderlo por detrás del telón. El resto de la conversación por supuesto derivó en una Mesa Redonda nada televisiva.

Y es así, no invento. Para quién lea este comentario en otra parte de nuestro planeta sin lugar a dudas sentirá algo así como el bochorno que nosotros atravesamos, porque nuestros mariscos que tanto abundan en nuestras costas desde tiempos inmemoriales no podemos saborearlos. Además, y para que la ironía esté presente, en nuestra Isla existen flotas estatales para realizar las capturas; sólo que, y ahora entra el Señor Desengaño en escena, esas pescas no son para la población. Primero, porque la mayor parte es enviada al extranjero; otra, bastante ridículo para los que al adolecer de alguna enfermedad le venden algo; y el resto, donde van a parar las toneladas de las capturas, es para los hoteles de primera y segunda categoría en adelante.

Si esto no es una falta de respeto de este Gobierno, por favor que alguien más inteligente me ayude a encontrar otro calificativo. Porque a la verdad, yo lo encuentro.


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