Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Sociedad

Por donde se ahogan los bueyes

Por primera vez en decenios, los partes ciclónicos no fueron afectados por la coyunda abrumadora del Ciclonero en Jefe.

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Los nuevos colonos de El Dorado, aquellos que se dedican a escarbar desde lejos entre proclamas, discursos y (des)informaciones oficiales, en busca de argumentos que indiquen nuestros cambios de hoy para perfeccionar el socialismo, pueden darse con un ladrillo en el pecho: al fin apareció la primera señal.

La trajo Dean, esa bestia peluda de huracán que (si exceptuamos la velocidad de movimientos) ha representado un buen símil de nuestra situación política: acosándonos todo el tiempo, desde oriente a occidente, y dando bandazos, según el capricho de la naturaleza, para asustarnos más y menos.

El asunto es que quizá por vez primera en la historia de lo que aún llaman la revolución, el Departamento de Pronósticos del Instituto de Meteorología en la Isla, y muy en particular, su más eficiente y respetable autoridad, el doctor José Rubiera, demostró haberse sentido con total soltura, autonomía de criterios, dominio de los medios de comunicación y serenidad para ejercer su trabajo.

Ha sido algo tan notable que ahora mismo constituye el tema número uno (entre telones, claro) para vox pópuli en La Habana. Por única vez en decenios, y hasta quizás en toda la trayectoria profesional del doctor Rubiera (aunque esto último habría que preguntárselo a él), los partes y análisis meteorológicos que se emiten ante la cercanía de un ciclón no fueron afectados por la coyunda (entremetida, capciosa, abrumadora) del Ciclonero en Jefe.

De más está decir que igualmente es la única oportunidad en que la gente resultó informada con el tino que demanda el caso, ni más ni menos: el dato preciso, el análisis sintético, pormenorizado y a su hora, sin interrupciones cargantes, ni preguntas o divagaciones extrapoladas, ni cucharetas sin ton ni son.

Todavía está fresca en la memoria por acá la ocurrencia hilarante (había que reír para no llorar) del año antepasado, cuando el Ciclonero en Jefe se apoderó del micrófono y hablaba, hablaba, hablaba… sin dejar poner una al perplejo doctor Rubiera, mientras se nos venía encima un ciclón con fuerza cuatro.

Con paciencia

Si es acertado eso (y debe serlo) de que las más importantes enseñanzas de la vida suelen hallarse entre pequeños hechos cotidianos, bastaría tal vez con ejemplos como este para ilustrar la historia de la asfixia totalitaria en Cuba.

Sin embargo, ya ven los buscadores de El Dorado: de que los hay, los hay. Con paciencia y la mirada atenta, siempre es posible descubrir signos de reales cambios en la Isla. Ello nos permite ahorrarnos el ejercicio de la alucinación.

A propósito, según una (tal vez) alucinante creencia de los guajiros, el buey, a diferencia de otros animales, no se ahoga por la boca ni por la nariz, sino por el agujero anal. Por eso cuando llevan el ganado al río ellos cuidan de que los bueyes mantengan siempre fuera del agua su, digamos, talón de Aquiles.

Lo que a nadie se le ocurrió pensar hasta ahora es que el socialismo pudiese ser perfeccionado a partir de un accidente muy parecido al que sufren los bueyes en el río.


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