Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Trabajo

Raíces de la improductividad

La única vía para acabar con el desastre nacional es la eliminación de concepciones y estructuras inoperantes.

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La indisciplina laboral en Cuba empeora, a pesar de las estrictas resoluciones del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social y los constantes llamados de todos los niveles del Partido Comunista y el gobierno a realizar esfuerzos. Es tan evidente, que los órganos de prensa oficiales, tan dados a la lisonja y la complacencia, tienen que reconocerlo.

Así, el semanario Trabajadores, en un artículo titulado "Disciplina que anda torcida", publicado el 4 de mayo, señala: "Lo cierto es que transcurridos casi dos años de la aplicación de las Resoluciones 187 y 188, referidas a los horarios de trabajo y los reglamentos internos, las fallas saltan a diario".

Los reporteros narran sus experiencias en un recorrido por varias zonas de la capital, donde encontraron ejemplos de establecimientos que abren tarde y cierran mucho antes de la hora prevista, incluidas unidades que operan en Moneda Libremente Convertible (CUC). Los centros pertenecen a sectores como el comercio, la gastronomía y los servicios, pero los autores del texto subrayaban que las indisciplinas no son exclusivas de esas actividades.

Añaden que lo visto no difiere de los resultados de controles realizados por la Oficina Nacional de Inspección del Trabajo durante 2008, cuando fueron detectadas violaciones de la disciplina laboral e incumplimientos de la legislación vigente. Entonces se inspeccionaron más de 4.500 centros, pertenecientes a 11 organismos y entidades nacionales. En las verificaciones se encontraron 26.622 irregularidades; "las más reiteradas fueron las llegadas tardías al centro, incumplir el tiempo de pausas para la alimentación, las salidas antes de hora e infringir el tiempo de trabajo".

El artículo de Trabajadores es importante porque refleja parte de la grave problemática laboral, que continúa empeorando con afectaciones a la cultura de trabajo de los cubanos y, sobre todo, porque el propio Estado admite la situación provocada por un sistema inoperante, que hunde al país cada vez más en la crisis.

De todas formas, sólo se muestra una parte del asunto, sin mencionar otros rasgos nefastos como el ausentismo, la falta de esfuerzo e interés productivo, todo ocasionado por la inexistencia de estímulos positivos y la abundancia de factores negativos.

Con obstáculos y sin estímulos

La crítica situación laboral esta determinada, en primera instancia, por la larga crisis económica, que actualmente se agudiza al compás de los problemas mundiales y que podría hacer regresar al país a los peores momentos del "Período Especial", sin que se tomen medidas para enfrentar su incidencia.

El salario no alcanza para vivir, lo ha reconocido el propio Raúl Castro, y sigue perdiendo valor. Si en 2008 el salario medio mensual creció en términos nominales en un 1,5% (de 406 a 414 pesos), la inflación lo hizo en cerca del 5%, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ( CEPAL), aunque esa cifra está por debajo de la realidad, de acuerdo con muchos analistas.

Al mismo tiempo, los salarios continúan pagándose fundamentalmente en la depreciada moneda nacional (peso cubano), mientras la mayoría de las mercancías y servicios son ofertados por el Estado en CUC (25 pesos por 1 CUC, tasa oficial).

Se da el paradójico caso de trabajadores que elaboran productos para la red de tiendas en divisas, reciben sus pagos en pesos cubanos y luego deben comprar esos artículos en CUC.

El problema no se reduce a la remuneración; se añaden difíciles condiciones laborales, con obreros agrícolas trabajando en el campo sin calzado, vestidos en harapos y sin las herramientas elementales, hechos reflejados también por el mismo semanario Trabajadores. Ni hablar de la deficiente alimentación, los serios problemas con el transporte que dificultan llegar a tiempo, y otras desventajas que convierten trabajar en Cuba un acto casi heroico.

El gobierno ha dicho tener interés en mejorar los salarios, y hace más de un año dictó la Resolución No. O9/2008 del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, que establece que los trabajadores deben cobrar según su productividad. Desde entonces se fijaron fechas para echar a andar ese mecanismo de retribución, que en principio podría calificarse como un paso adelante. Lamentablemente, las fechas han pasado y no se ha implantado. Es una intención lógica que quizás en algunos sectores podría mejorar la actividad, pero los obstáculos son muchos e imposibles de vencer en el marco del actual sistema.

En primer termino, la mayoría de los salarios se pagan en moneda nacional, lo que no estimula. Por otra parte, ese mecanismo necesita un control exacto de la productividad y del pago correspondiente, lo que resulta imposible en las actuales condiciones, debido a la carencia de contabilidad confiable en la mayoría de las empresas. Esto se complica con la existencia de dos monedas.

Además, se corre el riesgo de que se fabriquen artículos fáciles de elaborar y con calidad deficiente, que carezcan de mercado y sean producidos sólo bajo el interés de incrementar los salarios.

O sea, dada la carencia de controles y mecanismos eficaces para medir la calidad y cantidad de la producción, puede darse el caso de que una iniciativa positiva sea una fuente de chapucería y de dinero pagado sin una real contrapartida en bienes y servicios. A todo ello debe añadirse que habría que garantizar un flujo de materias primas y otros elementos, algo muy difícil en Cuba, particularmente por las crecientes dificultades para obtener divisas para adquirir los suministros.

Más grave aún, es casi imposible implementar la decisión en centros de trabajo donde sobra mano de obra y hay dos o tres trabajadores en puestos donde sólo debería haber uno. Para resolver esta generalizada problemática habría que reorganizar la fuerza laboral, pero no existen suficientes lugares que puedan absorber el excedente de empleados.

Una vía de solución sería la apertura del trabajo por cuenta propia, los permisos para la creación de pequeñas y medianas empresas (PYMES), privadas y cooperativas, así como la masiva entrega de tierra a quienes estén dispuestos a cultivarlas. De ser permitidas, estas actividades constituirían significativos destinos para trabajadores hoy subutilizados.

Asimismo, la organización racional de la fuerza de trabajo, que tiene un nivel educacional relativamente alto, aumentaría la productividad y motivaría la capacidad creadora de las personas. Esto permitiría la elevación del ingreso real de los trabajadores, un objetivo inalcanzable, en términos reales, en las irracionales condiciones actuales.

Una estructura inoperante

Otro aspecto preocupante es la disminución absoluta o relativa de trabajadores en ramas básicas como la agricultura, la industria y la construcción. Las personas ocupadas el pasado año en el sector primario fueron el 19,1% del total, frente al 63,4% en los servicios, que no en todos los casos generan ingresos, según informó Trabajadores el 27 de abril. En los datos del Anuario Estadístico 2007 de la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba (ONE), se aprecia que en ese año, con respecto a 2002, agricultura, caza, silvicultura y pesca disminuyeron un 7,6%, mientras la industria manufacturera tuvo un decrecimiento de 13,2%, lo cual contrasta con el incremento del 27,7% en los servicios comunales, sociales y personales.

Los resultados concretos reflejados en la productividad laboral en comparación con los salarios son muy preocupantes, pues denotan una creciente desproporción. Si se analiza el período 2000-2008, se toma el PIB a cifras constantes de 1997 —según las publicaciones de ONE— y se compara con la población ocupada, se obtiene en cada uno de los años el nivel de productividad por persona ocupada, para un crecimiento del 42%. Si al mismo tiempo se calcula el salario medio, el resultado es un incremento del 74%, o sea, un 32% superior a la productividad obtenida en el período.

Esto significa que entre 2000 y 2008 obtener una unidad del PIB se incrementó de 41 a 54 centavos, un crecimiento del 32%, cifra que sería mucho mayor si se considera que el PIB cubano está excesivamente sobrevalorado. De todas formas, los datos muestran un sostenido deterioro en los niveles de competitividad de la economía, proceso que podría acelerarse notablemente en los próximos meses, con el recrudecimiento de la crisis que por más de 20 años azota el país.

En tales condiciones, puede afirmarse que los problemas relativos a la falta de disciplina laboral, productividad y decrecimiento del salario real son consecuencia directa de la crisis general de la economía cubana, y no podrán resolverse hasta tanto sean aplicadas medidas integrales que tengan por objetivo la remoción profunda y radical de las actuales concepciones y estructuras políticas, económicas y sociales, las verdaderas raíces del desastre nacional.


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