Actualizado: 19/10/2018 10:27
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Nacionalidad, Raza, Negritud

Raza, racialidad y negritud

Pongamos los conceptos en orden

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El ser negro, se conceptúa a sí mismo de forma magistral en una definición de las célebres tragedias de Shakespeare: to be, or not to be. No obstante, antes de entrar en materia, sería prudente preguntarse ¿hasta dónde llega el alcance de este nihilismo sociocultural que enarbolan los oficialistas cubanos, del que tener teñida la piel más que otros, no nos hace menos?; y para ello apelo a los conceptos básicos de la temática, tan llevados y traídos por la academia encargada de abordarlos, usurparlos, denegarlos y superponerlos. Por ello para entender el complejo, entramado y muchas veces invisibilizado problema del negro, interpelado por la sociedad socialista como plenitud digna para el homo_sapiens, amén del color de la piel y a posteriori de la transculturación de mediados del siglo pasado, pongamos los conceptos en orden.

La categoría primaria utilizada a vox pópuli es raza. Cuando desde el punto de vista semántico analizamos la misma, nos encontramos que dentro de las acepciones la Real Academia de la Lengua Española, una la refiere como: grupos que “subdividen” algunas especies biológicas… Comienza por tanto el contraste discriminatorio. Si, discriminatorio porque al ser llevado a la cuestión de la tonalidad de colores de la piel, se llega al punto de diferenciación por subdivisión dentro de la especie humana, claro, biológicamente hablando. Históricamente el término raza comenzó a usarse en el siglo XVI y tuvo su auge en el siglo XIX, adoptando incluso una categoría taxonómica equivalente a subespecie. Curiosamente la subespecie que determina la punta del iceberg en las problemáticas sociales cubanas, casi siempre, para no pecar de absolutista, es la negra. En 1905, el Congreso Internacional de Botánica eliminó el valor taxonómico de raza. A pesar de ello, su uso se mantiene en la lengua común y es muy frecuente cuando se trata de codificaciones peyorativas.

Sobre este particular se encuentran tres clases de clasificaciones populares o personas clasificadas por sus decodificaciones de la realidad en torno al problema de la raza negra. Y el mal uso del concepto no es contraproducente con los postulados que se manejan en el texto, es intencionado, para poder ilustrar la cualidad que presupone a cada caso, que a continuación se describen.

  • Racistas proscritos. se identifican con facilidad y se desdoblan en dos sub clasificaciones, los xenofóbicos acérrimos y los que discriminan de forma conservadora.
  • Racistas neutrales. utilizan en sus cánones estéticos cuestiones que desde la perspectiva actitudinal se refieren al negro como persona de color.
  • Aparentemente no racistas. son los que no manejan en su discurso o media comunicativa términos alusivos a la cuestión de lo negro como elemento significativo.
    (Clasificación resultante de los estudios de campo realizados por el FORACi entre mayo 2015-junio 2016).

En cualquiera de los casos se pueden valorar pocos pro y muchos contra, de los primeros los que emergen con facilidad se expresan en: académicamente no existe en la especie humana razas, sino etnias. Si el negro es de color, ¿entonces el blanco es incoloro, inodoro e insípido? No lo creo químicamente posible. Por otra parte, habría que ver si los que se declaran no en contra de la cualidad del ser negro, verdaderamente no pecan en momentos puntuales de incurrir en algunas de las clasificaciones anteriores. Aun así, el comunismo se empeña en declarar que en la Isla no existe el racismo, y científicamente se ha podido demostrar lo contrario con creces.

Tal es así, que Miguel nació en Luyanó, en ese antaño caserío evolucionado en torno al ingenio San Francisco de Paula de los inmemoriales tiempos coloniales. Miguel es blanco; y, sin embargo, sus mejores amigos son negros. Qué de malo hay en eso, si sanamente niños fueron, jugando se hicieron jóvenes respetuosos y finalmente hombres de bien hoy son. Quién tira la primera piedra para censurar la pureza de ideales que Mingué —para sus amigos de toda la vida— posee para con sus congéneres, diferentes en la piel, pero iguales de corazón. Miguel ya pasa los 50 y tiene una primogénita de 19. Pero la vida en sus curiosísimos avatares, quiso que la hija de Mingué se enamorara del hijo de uno de sus mejores amigos, si del hijo mayor de Esteban. Quién lo diría, como ahijado, como hijo de su amigo sí, pero como yerno, como parte de la familia no, no que va. —Para la niña yo quería algo mejor… Dice Miguel y ya ves, la cuestión de lo negro le tocó la fibra sensible y me dejó sin palabras.

Volvamos al terreno académico y como planteé con anterioridad, entre los especialistas a nivel internacional existe una opinión mayoritaria, que enuncia lo inadecuado del uso del término raza para referirse a los “diversos” o “diferentes” grupos humanos, y se considera que es más apropiado utilizar los términos etnia o población para definirlos. Más aún, muchos científicos consideran que para referirse a seres humanos, biogenéticamente, las “razas” no existen, tratándose solo de interpretaciones sociales.

Por otra parte, otro grupo de estudiosos del tema abogan por seguir utilizando la palabra raza, ya que esta está destinada para definir a personas que comparten ciertas características, término que se enarbola con sentido de propiedad en los medios de comunicación masiva cubanos, sobre todo al dimensionar las cuestiones de los afroamericanos. Mientras que las palabras etnia y población tendrían, la primera, un significado más relacionado con características culturales, y la segunda, con características geográficas. Esta última postura es científicamente significativa y se conoce como racialismo, también conocido como racismo científico. Es en sí una filosofía social biológico-cultural, una actitud o un sistema social, que propugna la existencia de razas humanas, las cuales presentan relevantes diferencias entre sí y que se traducen en los terrenos culturales, económicos y políticos principalmente.

Yo por mi parte, le convido a asumir una postura más razonable, quizás relativista, de no toma de partido al parecer, pero es la más justa según mí parecer. Apartemos el arquetipo, neguemos la alteridad.[1] No nos dejemos seducir por estos cantos de sirenas. …dígase hombre y ya se han dicho todas las cosas… Creo prudente apelar a la sapiensa del más universal de los cubanos, que despojado de la cuestión racial supo encumbrar la esencia de lo humano por encima de todo.

Bueno, creo que estamos en condiciones de adentrarnos en la esencia de lo negro, o del negro. Y sé conscientemente que cuando relees la anterior expresión, hagámoslo juntos: “…adentrarnos en la esencia de lo negro, o del negro…” No ves mucho la diferencia en lo intrínseco del asunto. Es que lo negro se define físicamente como la ausencia de luz visible, la ausencia de color. Es por ello etiquetado en múltiples esferas de la vida como el color de todo lo que presagia el mal. Entre los ejemplos más singulares podemos citar:

  • Cuerpo negro: un objeto teórico que según la astrofísica absorbe toda la luz y toda la energía radiante que incide sobre él.
  • Dinero negro: lo que se paga financieramente fuera de todo control de las autoridades.
  • Gato negro: felino asociado teológicamente con la superstición a mal presagio para el que lo avista.
  • Humor negro: en el arte tipo de humor que se ejerce a propósito de cosas que suscitarían, contempladas desde otra perspectiva, terror, lástima, muerte.
  • Mercado negro: un modo de denominar a la economía clandestina.
  • Triángulo negro: según la semiología un símbolo de orgullo y solidaridad para feministas y lesbianas.[2]

Desde una perspectiva historiográfica valoremos que la coincidencia espacio-tiempo de los grupos europoides, con los africanos —con el ánimo de generalizar este fenómeno— ha trascendido un conflicto étnico-cultural, que no se borrará fácilmente, pues existen diferencias irreconciliables y en tanto aparece la célebre categoría: transculturación. Este es quizá el aporte más universal de Fernando Ortiz Fernández (1881-1969). Etnólogo, antropólogo, jurista, arqueólogo y periodista. Criminólogo, lingüista, musicólogo, folklorista, economista, historiador y geógrafo. Estudioso de las raíces histórico-culturales afrocubanas y donde realizó notables contribuciones relacionadas con las fuentes de la cultura. Ahí el primer elemento de valía, considerar lo negro o lo afro, “ortisticamente” hablando, como fuente inalienable de nuestra cultura.

Por su labor investigativa, así como por la amplitud y profundidad de sus temas de estudio es conocido como el tercer descubridor de Cuba, después de Colón y Humboldt. Segundo aspecto de significancia, descubrir a Cuba, constituyó para Don Fernando Ortiz visibilizar la cuestión cultural del negro en una dimensión cuali-cuantitativamente superior. O sea, reconocer la validez de sus características y por ello, mostrarse de acuerdo con que para entender el ser cubano, como investigó especialmente la presencia africana en la cultura cubana, hay que manifestar que más que culto, la Osha, el Palo Monte o los Arará son religiones; que sus cánticos son música, que sus mejunjes son comida y que sus harapos son ropa identitaria y que no se trata de folklore, sino de cultura.

Ciertamente con el concepto de transculturación realizó un importante aporte a la antropología cultural. Devenido de su obra fundacional y una de las más importantes de su carrera científica: el Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940). Bien, pero todo eso es una verdad y como tal es relativa. Ortiz en su brillantez descubre que el negro es parte indisoluble del ser cubano. Sin embargo, sus aportaciones no forman parte de la formación del ser social en Cuba, todo por una cuestión netamente de mal manejo de la política educativa en relación con este recurso. Hablo en términos formativos, estéticos, sociales, políticos, culturales por demás. Sería muy sabio que se volcara la obra del ilustre cubano en las aulas y espacios que propicien una transformación del imaginario sociocultural al interior y exterior del verde caimán. ¿Qué materiales utilizar y en qué momento? Esta es una propuesta:

  • Martí y las razas. Imprenta Molina, La Habana, 1942. En transformación profunda de la plataforma oficialista de la Educación Media y Media Superior denotados en los cuadernos martianos de Herminio Almendros.
  • El engaño de las razas. Editorial Páginas, La Habana, 1946. Para cursos políticos del único partido existente bajo el actual régimen totalitario. Lo que contribuiría a desintoxicar la falsedad de igualdad racial elevada como estandarte del sistema socialista cubano.
  • Ni racismo ni xenofobia. En: Revista Bimestre Cubana. Vol. 70. La Habana, 1955, pp. 60-72. Soporte invisibilizado en cuestiones estéticas esenciales, que debieran sustentar obras artísticas en la plástica, la literatura, el teatro, el cine y la música.
  • La sinrazón de los racismos. En: Revista Bimestre Cubana. Vol. 70. La Habana, 1955, pp. 161-183. Notable herramienta no concebida en los planes de estudio para la compresión del fenómeno racial en carreras de comunicación social, estudios socioculturales, sociología, psicología social…

Entonces, si ha seguido el hilo conductor del análisis, se ha percatado de que ha aparecido una importante categoría que pido licencia para convertir en dos: afro y afrocubano. Si aludimos a la biología afro expresa genotípicamente las características del hombre genéricamente hablando procedente de África. Por lo que fenotípicamente hablando el afrocubano asume supuestamente las particularidades expuestas a la mezcla de este con los colonizadores españoles, franceses e ingleses que, en menor medida, de conjunto con los aborígenes formaron al cubano criollo rellollo. Pero si el cubano es resultante como cualidad superior de todo esto y más, por qué para referirse al negro cubano hay que decir afrocubano. Simplemente cubano.

Entre los paradigmas que logran revindicar la cultura negra, en fin, la cultura cubana en el dimensionamiento del negro en este contexto, “se lleva el gato al agua” Nicolás Cristóbal Guillén Batista (1902-1989) poeta y periodista cubano. Guillén logra esta reivindicación al definir la complejidad de mestizaje y transculturación, con la magnífica denominación de “color cubano”, en el que resume: ni negro ni blanco, mestizo, rasgo distintivo de toda Latinoamérica. Esta redefinición lingüístico-literaria de su poesía es traída por obras o libros como:

  • Negro Bembón
  • Poemas de transición (1927)
  • Sóngoro cosongo (1931)
  • Poemas mulatos (1931)

Para entender esta devoción o consagración a propósitos tales, se debe conocer que para 1926, regresa a La Habana tras ocupar una plaza en el ayuntamiento de Camagüey. A través de algunas amistades y habiéndose intensificado sus intereses literarios e intelectuales, conoce a Federico García Lorca, quien había sido invitado por Fernando Ortiz a impartir unas conferencias en la capital cubana. Pero sin dudas, lo que marcó el rumbo exitoso del que se convirtiera en el poeta nacional, por los vericuetos de la poesía mestiza y rítmica, fue la influencia que ejerció en él Langston Hughes,[3] gran poeta negro estadounidense de cuya amistad gozó. Por ello haciendo una concatenación global del fenómeno de la negritud en el continente americano se establecen interesantes conexiones que me permito visibilizar:

  1. Marcus Garvey (1914) impulsa la organización política de corte panafricanista, la UNIA.
  2. La influencia Garvediana impacta con fuerza en EEUU con millones de seguidores y en los años 20 aparece el movimiento artístico El Renacimiento de Harlem.
  3. Langston Hughes perteneciente al Renacimiento de Harlem influencia la poesía de Guillén y Garvey gana adeptos en los inmigrantes Jamaicanos en Cuba.
  4. Earl Little, laico bautista fue un ferviente seguidor de Marcus Garvey, padre de Malcom X.
  5. Malcom X es, junto a Martín Luther King Jr., el paradigma mundial de los movimientos cívicos por los derechos del negro.[4]

Estas relaciones de esencia constituyen las bases y continuidad de la negritud. Y no me refiero solo a la corriente literaria que reunía a escritores negros francófonos en 1935, cuando Aimé Césaire acuñó este término en el No. III de la revista L'étudiant noir (El estudiante negro). Con la definición del concepto se pretende reivindicar la identidad negra y su cultura frente a la cultura francesa dominante y opresora, que se servía de ella como instrumento en la administración colonial francesa. Pero, la negritud se ha venido reconfigurando como parte de los movimientos políticos y bases ideológicas en defensa de los derechos cívicos del negro y de cuestiones de orden académico para denominar las problemáticas que giran en torno a las categorías que se analizan grosso modo en este ensayo.

La complejidad del asunto no es solo perceptible de los no negros a los negros, sino que adquiere matices que dificultan su comprensión o quizás sugieren nuevas lecturas del mismo. Con ello quiero hacer alusión a cómo el negro decodifica y asume su posición social. Para algunos es un orgullo y mantienen una postura digna, pero el estigmatizar durante tantos años y proyectar desde una postura dominante la cuestión de la esclavitud y la trata negrera con una larga tradición, han hecho que el racismo y la discriminación se conviertan en elementos de fuerte arraigo socio-histórico-cultural.

Sobre que postulados se basa el Instituto para el Fomento de la Racialidad, la Identidad y la Cultura (FORACi) perteneciente al Centro de Estudios Políticos y Alternativas para la Transición Democrática en Cuba (CEPATD) para plantear tal hipótesis. Bien declaremos por etapas los siguientes hallazgos:

  • Los tiempos de la colonia insertaron de forma invasiva al esclavismo como parte del sistema social que soportaba la supra-estructura económica de la metrópoli en Cuba. La esclavitud llegó a todos los niveles de la sociedad con disparidades en occidente y oriente y divergencias en los grupos étnicos introducidos como son: los lucumí, los congos, los mandingas, etc. Ya en este entonces se planteaba la superioridad entre un grupo y otro de esclavos, no solo por los amos amén de sus características para las diferentes labores; sino por los propios esclavos, connotando sus ascendencias y características culturales
  • La neocolonia importó mano de obra barata para las actividades agrícolas e industriales. Para hacer una valoración acorde con la hipótesis, permítame introducir otra importante categoría: segregacionismo. Se trató de la microlocalización, la clasificación o subdivisión de los inmigrantes en el contexto geográfico, cultural, social. De ahí que los empleados negros de la United Fruit Company, encontraban rivalidad manifiesta entre haitianos y jamaicanos. Los primeros por su supuesta brutalidad e inserción en labores netamente agrícolas; los segundos por su dominio del inglés y ser súbditos ingleses se ubicaban en labores industriales o de oficina
  • En el actual régimen estas herencias generacionales y culturales han calado tan profundo en el cubano, que cuando se valora a sí mismo en su condición de ser negro hace distinciones sustentadas en las diversas tonalidades que manifiesta su color. Algo así como lo que le escuché a María cuando interpelando a Juanito su sobrino le dijo: —mijo cásate con una blanca para adelantar la raza. Nada, cosa de perros o caballos diría yo.

Políticamente hablando, en la actualidad estos elementos son manifiestos de manera patente en el manejo del país. Se trata de una estrategia que FORACi ha conceptuado como: Instauración de política de inclusión-exclusión. De los primeros 35 años de Revolución el porciento de negros que ocuparon cargos de dirección a nivel de país, estuvieron casi destinados con exclusividad a Comandantes de la Revolución. Posterior a las presiones de la Sociedad Civil Independiente de Cuba, con el apoyo de la protección para la democracia de organismos multilaterales y el Gobierno de Estados Unidos, se aceptó este error, pero para cometer como el clásico comunista uno peor. Se trata de la cuantificación de cuadros de dirección por indicadores.

Estos indicadores funcionales según el Gobierno cubano van en pos de aportar cantidades medibles en relación al número de negros, jóvenes y/o mujeres que ocupan puestos en el parlamento o el buró político. Mi pregunta es: aparte de no poseer un sistema eleccionario democrático y estar dominados por una gerontocracia de política dictatorial, quién me convence de que si no todos, un porciento mayoritario de la membresía no puede ser negros, o mujeres negras. Actualmente si apelamos a la estadística es un 21 % el posicionamiento de negros a niveles gubernamentales y políticos en el país. Pero nadie me convencerá porque como nadie explica es mejor para el régimen utilizar el argumento de la fuerza y no como nosotros la fuerza del argumento.

Referencias bibliográficas

  1. Ortiz Fernández, F. (1940). Contrapunteo cubano del Tabaco y el azúcar. Sociedad Económica Amigos del País. La Habana, Cuba.
  2. Casa de las Américas. (2003). Nicolás Guillén. Antología poética. Editorial Casa de las Américas. La Habana, Cuba.
  3. Liberty Hall. (1934) Palabras de Marcus Garvey en Banes. Versiones mecanografiadas de la Junta Directiva del Jamaica Club. Banes, Holguín, Cuba.
  4. Aimé Césaire, A. (1935) L'étudiant noir. No. 3. Paris, Francia.
  5. Viltre Calderón, C. (2015) Cultura afroamericana: el renacimiento de Harlem. FORACi. Inédito. La Habana, Cuba.

Carlos Viltre Calderón tiene un doctorado en Ciencias Pedagógicas (PhD). Es director del Instituto Nacional para el Estudio de las Interacciones Raciales y la Pedagogía Critica (INEPCRI). Es además miembro del Centro de Estudios Políticos y Alternativas para la Transición Democrática (CEPATD). Director del Centro Latinoamericano de Estudio en Epistemología Pedagógica (CESPE) https://www.unicuces.edu.co/cespe. Coordinador del Centro Consultor para el Estudio Independiente de la Formación Democrática Social en Cuba (CEIFODS). Email: inepcri.viltre@gmail.com.


[1] Alude el autor a cuestiones básicas en el estudio de la racialidad, la negritud apoyado en los movimientos cívicos por los derechos y defensa del negro. Sobre todo en el movimiento y filosofía fomentados por Marcus Garvey en los años 20, denominado Asociación Universal de Desarrollo Negro y la Liga de Comunidades Africanas (UNIA).

[2] El autor posee ensayos inéditos que desde la historiografía tocan el trasfondo de la política oficialista cubana en torno a los grupos LGTBI.

[3] James Mercer Langston Hughes. Poeta, novelista y columnista estadounidense afroamericano. Se le conoce más por su vinculación al Renacimiento de Harlem, del que fue uno de sus impulsores. El Renacimiento de Harlem fue el reavivamiento del arte de Estados Unidos entre 1920 y principios de 1925, liderado por la comunidad de afroamericanos residentes en Harlem, Nueva York. Entre los artistas involucrados en este movimientos estuvieron: Escritores: Zora Neale Hurston, novelista y antropóloga. Langston Hughes, poeta y novelista. Jessie Fauset, editor, poeta, ensayista y novelista. Pintores: Edward Burra, Aaron Douglas, Jacob Lawrence. Músicos: Big L, Louis Armstrong, Duke Ellington, Pops Foster y Luis Russell.

[4] Constituye para FORACi temas a trabajar los padres fundadores y continuadores de los movimientos cívicos por los derechos del negro, por considerar este uno de los problemas graves que manifiesta el régimen comunista en Cuba.


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