Actualizado: 16/10/2019 8:52
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Remesas y Cuba

Las remesas que envían los exiliados a Cuba podrían facilitar la inevitable y dolorosa transición hacia el sector privado

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Durante la última década Donald Terry y yo hemos trabajado en conjunto en más de 30 países en el tema de las remesas. Esos fondos —generalmente $ 100, $ 200 o $ 300 mensuales— se han convertido prácticamente en una “mina de oro”, que representa más de $ 300 mil millones al año para los países subdesarrollados, y supera el importe total de la ayuda y la inversión extranjeras juntas.

En la actualidad amplios sectores ya reconocen que las remesas son contribuyentes clave al desarrollo económico y social en un gran número de naciones pobres.

Pero no así en Cuba, por lo pronto.

Los cubanos en el extranjero envían dinero a sus familiares en la Isla discretamente, a través de “mulas”, por temor a verse acusados de estar ayudando al régimen de Castro, mientras los receptores de la ayuda se toman el trabajo de darle a esos fondos un uso por el cual no se les pueda tildar de “capitalistas”.

Todo esto puede cambiar drásticamente en los próximos meses —de hecho, el proceso ya podría haber comenzado. En enero, como gesto que indica un paso hacia la mejora de las relaciones con Cuba, el presidente Obama suavizó las restricciones que limitaban el envío de remesas a Cuba por segunda vez en su mandato.

La tendencia hacia una mayor flexibilidad representa una oportunidad histórica para Cuba y su pueblo. Los cubanos residentes en el exterior han estado enviando a la Isla cientos de millones de dólares anuales, sobre todo desde EEUU, a pesar de que anteriores políticas gubernamentales estadounidenses restringían el flujo de remesas hacia Cuba. Porque la familia sí importa.

Como en otras naciones del mundo, las remesas constituyen una cuerda de salvamento para aquellas familias que dependen de ese dinero para cubrir necesidades básicas de la vida diaria o para asegurarse una cobertura frente a emergencias, que pueden incluir huracanes y otros desastres naturales.

En este momento que vive Cuba, cuando el Gobierno ha anunciado que casi un millón de personas serán sacados de la nómina gubernamental, estas remesas podrían, además, facilitar la inevitable y dolorosa transición hacia el sector privado. La experiencia de la última década, sobre todo en América Latina y el Caribe, ha demostrado que las transferencias personales pueden utilizarse con frecuencia para financiar pequeñas inversiones comerciales.

Cuba no es diferente: investigaciones con un limitado alcance han demostrado que más de un tercio de los receptores cubanos desearían invertir una parte de las remesas en algún tipo de negocio. Las remesas enviadas a la Isla ya están brindando un apoyo importante al crecimiento incipiente del sector empresarial pequeño y mediano, que será con toda probabilidad fuente de empleo para un número creciente de cubanos.

El Congreso del Partido Comunista de Cuba que se celebrará en abril constituye una excelente oportunidad para que el Gobierno de Castro reconozca la nueva política del Gobierno de EEUU sobre las remesas y la iguale con un gesto propio que beneficie a los cubanos que las reciben. La entrega de remesas en Cuba se realiza en la actualidad dentro de un marco cerrado y controlado. Según el centro Diálogo Inter Americano (Inter-American Dialogue), en 2009 accedió a la Isla el número más bajo de empresas dedicadas al envío de remesas de toda Latinoamérica, mientras el coste por el giro fue el más alto de todos. Las leyes cubanas establecen que los dólares norteamericanos que llegan a Cuba por esta vía solo pueden abonarse en sitios restringidos, donde el cambio de moneda aún sufre un gravamen. Esta política desanima a los remitentes y asfixia los canales formales de envíos, lo que genera un incremento en métodos de transferencia costosos e inseguros.

Muchos países del hemisferio occidental han llegado a reconocer que los gobiernos desempeñan un papel vital en la promoción de vías de entrega de remesas seguras y eficientes. En la Isla, los primeros pasos hacia un contexto que propicie transferencias de dinero accesibles y transparentes podría incluir la eliminación de impuestos desproporcionados sobre pequeñas transacciones de divisas y el fomento de redes de pago alternativas distribuidas a lo largo del país. De igual importancia sería cambiar la política gubernamental para alentar con decisión la inversión de las remesas sin ningún tipo de restricción.

Un compromiso del Gobierno cubano tendiente a permitir la entrada en la economía nacional de todas las remesas sin restricciones, impuestos ni engorrosas trabas burocráticas, podría conseguir que la cantidad total ingresada en Cuba por este concepto en los próximos años alcanzara los $ 2 mil millones. Los familiares radicados en el extranjero enviarían probablemente cantidades mayores si su dinero pudiera utilizarse para la creación de empresas, con lo que se estaría cubriendo las necesidades más inmediatas de los cubanos y contribuyendo al desarrollo económico de las comunidades donde residen.

Asimismo podría impactar positivamente en la relación del país hacia la diáspora. El Gobierno de Castro debe actuar ya.




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