Actualizado: 23/04/2019 9:57
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Exilio, Anticastrismo, Terrorismo

Terrorismo: ¿Pasado vigente?

Nadie en sus cabales deja traza documental de sus menesteres terroristas, pero la guerra contra el terrorismo mediático está emparentada una tradición provinciana perdida en Cuba: la llegada del circo

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Este 6 de mayo, Granma fue autorizado a informar que José Ortega, Obdulio Rodríguez, Raibel Pacheco y Félix Monzón, todos de origen cubano y residentes en Miami, habían sido detenidos el 26 de abril bajo cargos de planear “acciones terroristas [como] atacar instalaciones militares.” Por ironía historiográfica, los cuatro aprendices de brujo fueron detenidos incluso antes de que el Departamento de Estado publicara —el 30 de abril— su Informe por Países sobre Terrorismo e incluyera a Cuba con la justificación de que da refugio a fugitivos de la justicia estadounidense.

El 6 de mayo de 1976, el teniente Thomas Lyons, del Departamento de Seguridad Pública del Condado Miami-Dade, prestó testimonio ante un subcomité del Senado de EEUU, y pidió ayuda al FBI y de la CIA para que Miami dejara de ser base de acciones terroristas contra Castro. También comentó que “figuras claves en ciertas organizaciones terroristas anti-Castro son en realidad infiltrados de Castro.”

Han pasado casi cuatro décadas y las aguas siguen partiéndose así cada vez que se notician planes o acciones terroristas en Cuba: son cosa de los exiliados beligerantes o de los servicios de inteligencia de Castro. Y como se acostumbra entre cubanos, una u otra posición se sostiene con la mera opinión. sin conocimiento cabal de los hechos.

Uno de los investigadores del subcomité senatorial, Alonso Tarabocha, señaló de pasada otra clave del asunto: “Cada vez que un grupo anti-castrista toma acción contra Castro, Castro no sólo parece salir ganando, sino haber llevado la delantera”. No en balde Ramiro Valdés declaró a Tad Szulc, el 5 de junio de 1985, que con respecto a los exiliados terroristas, el G-2 sabía de antemano “quiénes eran, qué armas llevaban y cuántas balas tenían, dónde iban a estar, debajo de qué mata, en qué lugar, a qué hora y cuántos eran, en qué estaban.”

Valdés atribuyó tal anticipación no sólo a la pericia del G-2, sino también a “la indiscreción [y] la charlatanería” de los contrarios, algo que ya había advertido bien temprano el oficial Neill Prew en la estación CIA de Miami (Stockton, Bayard: Flawed Patriot: The Rise and Fall of CIA Legend Bill Harvey, Potomac Books, 2006, página 127).

El declive

El cuarteto detenido en Cuba habría confesado ya estar bajo la dirección de Santiago Álvarez, Osvaldo Mitat y Manuel Alzugaray. Granma aprovechó para puntualizar que estos últimos “mantienen estrechos vínculos con el connotado terrorista Luis Posada Carriles.”

Este comodín de agitprop viene jugándose lo mismo para endilgarle que planeó sabotear la plataforma de prospección petrolera Scarabeo 9 frente a La Habana, prendió candela a la agencia de viajes de Vivian Fuentes Lage [Manerud] en Coral Gables y organizó atentados contra Hugo Chávez e incluso Nicolás Maduro.

La idiotez de esta amalgama cunde igual en el bando anticastrista. El propio Posada Carriles atribuye el crimen de Barbados —6 de octubre de 1976— a la inteligencia castrista, sobre la base de un testigo excepcional forzado al anonimato: a spy inside the Cuban Embassy in Caracas (…) still working for the Cuban government (The Miami Herald, 17 de mayo de 2005).

Lo cierto es que “Miami's number one terrorist” —según el agente del FBI George Davis en memo de 4 de agosto de 1989 al Secretario de Estado George Shultz— Orlando Bosch afirmó al corresponsal Andy Robinson (La Vanguardia [Barcelona], 16 de agosto de 2006) que ya “ninguna organización está en eso (…) Hoy en día es difícil encontrar a alguien dispuesto a hacer algo... Mandamos un tipo allí. En vez de ir para allá fue a Santo Domingo a reunirse con una puta. Hoy en día eso está muy mal”.

Sólo que siempre será posible que algunos busquen compensar la falta de fuerza política con acciones terroristas. La causa psicológica predominante parece ser el sentimiento de venganza, tras perderse la guerra civil, pero esta vía de escape traspasa las fronteras de la oposición política con actos tan aislados como contraproducentes. En la creencia de que sembrará confusión y desorden entre las filas del gobierno, los actores de la guerra insensata contra el castrismo tardío desorganizan y desmoralizan las filas opositoras.

El despiste

En su declarada guerra contra el terrorismo mediático, Cubadebate sacó enseguida a relucir que en 2009 uno de los arrestados, Raibel Pacheco, había fundado “una empresa paramilitar”: Fuerza Cubana de Liberación Inc., con el propósito de ayudar “al pueblo en Cuba a reconquistar su democracia y sus libertades perdidas”.

Cubadebate puntualizó: “Pacheco es el director de esa institución, domiciliada en Hialeah, Florida, en la dirección 1470 W 41 St. #411.” También colgó el documento constitutivo, con opción de libre descarga, y la imagen (Google Maps) de “la dirección en la que funciona (sic) la empresa paramilitar,” remitida por un tal Gilberto.

Lo que no dice Cubadebate es que esta “empresa paramilitar” se registró como corporación no lucrativa —y entonces no es una empresa— el 10 de noviembre de 2009, pero se disolvió por inactividad y falta de informe anual el 24 de septiembre de 2010.

Además, la dirección en la que funcionaba no es esa dada, que corresponde al domicilio de Raibel Pacheco, sino 10960 SW 75 Terrace, Miami, FL 33173, como aparece en el acta de constitución y parece corresponder al director y agente registrado de Fuerza Cubana de Liberación, José A. Ortiz.

Nadie en sus cabales deja traza documental de sus menesteres terroristas, pero la guerra contra el terrorismo mediático está emparentada con una de las tradiciones provincianas perdidas de la Isla de Cuba pintoresca: la llegada del circo. El canciller de la indignidad, Felipe Pérez Roque, justificó en conferencia de prensa la oleada represiva de la Primavera Negra (2003) con un artículo del Sun Sentinel (abril 6, 2003) acerca de cómo la organización Comandos F-4 «se entrena con armas pesadas para realizar acciones armadas contra Cuba y para una posible invasión armada». Dejemos que Bosch nos aclare: “Comandos F-4 y Rodolfo Frómita [son] un caso de psiquiatra.”


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